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Por Ulber Sánchez Ascencio

Guerrero, 29 de octubre de 2021 [00:10 GMT-5] (Neotraba)

Canción de invierno

Así es la vejez: claridad sin descanso.

Antonio Gamoneda

Este cuaderno pesa
Es pura luz
Es pura sombra:
es mi sangre total cargada de sentido.

Efraín Bartolomé

Resignación de la vejez

Para Jesús Bartolo

[Toda resignación de la vejez es amenazada por la herencia de los años, por el remordimiento de la traición que cae como una voz marina: cardumen de palabras.
     En toda resignación hay una muerte segura, algo que se yergue en el incesante pretexto de este diario que crece con la derrota.
     En toda resignación queda el desprecio hacia la muerte, las avecitas postradas en frases inconexas, el dolor más presente en la vejez.

Ya no vuelvas

[Ya no vuelvas, no busques el sol al amanecer, no disipes las verdades en tu cuaderno de notas. Mejor escucha esa inscripción de vigilia y abandono.
     Debes saberlo: sigo pensando en tus manos, en los gestos de tu rostro, recuerdos de la vejez.
     He venido a olvidarte a pesar de la consecuencia de no lograrlo. He venido a pesar de la mentira.
     Ya no vuelvas.
     Las canciones son una tregua, cardiaco corazón de lúmenes continentes. Todo tiene su peso, la desnudez exacta, su bestialidad.
     Pequeño Perseo que soy en mi delirio.
     Música que fecunda el recuerdo como un demonio que clava su alfiler a seres deslumbrados.
     No vuelvas, ya no.]

Versiones de la muerte

Para Erik Escobedo

[Te hablaré de cómo el mundo da su versión del invierno, de la muerte que prorroga la ignorancia de un retorno innecesario, del amor que se desgaja en la respiración del olvido.
     La muerte es un gorrión en el umbral de tus ojos. Lo sé, porque para nombrarte la ciudad vuelve del agotamiento. Por tus ojos, trasciende la esdrújula versión de la muerte.]

Hablar de ti

Para mi abuela Otilia, en memoria

[Hablo de ti con la dulzura que nos construye, voz inconfundible en el olvido. Hablo de ti con un gesto de saberte lejos, terrible fiebre de seguirte nombrando. En el olor de ciertos árboles, tu presencia es una sombra; los mirlos calculan tu mirada.]

Dormir es ir al infierno

Para Jesús Ramón Ibarra

[La sangre influye su legión. Volverá la vejez, lo sé. El olvido es ese corazón que se aferra a lo que se pierde. Yo lego los infiernos antes del amanecer. Por muchas razones que desconozco estoy aterrado, solitario y sin argumentos. Maldigo al tropel de fantasmas embriagados en el silencio. No he podido dormir, algún vocablo de la infancia me rescata. Todo es una sospecha de jinetes venidos del apocalipsis y del ambiguo deseo de no verte más.]

Mi voz es tu voz

Para Antonio Salinas

[Mi voz de guijarro tromba en su sonido de pájaro. Hiperbólicas oscuridades visitan mi voz y yo lleno mi memoria del desprecio de la ciudad. Mi voz puede con mi sombra. Mi voz, dicen, es esa perfección de los pájaros carpinteros, ese rasposo sentimiento que se vuelve himno, criatura tendida en el miedo, confusión de párrocos proscritos. Mi voz es vieja porque las inmundicias alumbran los sueños. Mi voz es tu voz. Los sonidos tienen forma: brutalidad descarnada, sitio secreto donde sobrevivo al invierno.]

Mi deseo es que pase un tren

Para Ángel Carlos Sánchez

[Los silencios de mi música atentan contra el adiós, atentan con la brutal ilusión de los trenes. Mi voz agoniza y esta amargura se distrae. El pasado es esa enfermiza condición de la edad, es retornar al nido como pájaros silvestres de mi infancia.
     En esos trenes apocalípticos nadie se queja, llevan a los condenados, a los viejos. Por eso estoy atento a la fascinación de su estruendo. Lo importante es aquello que desconozco, esa voz que no canta.
     Lo importante es no esperar la vejez con un cigarrillo entre los labios, ni a la mujer que emigra con su amargura, mejor un revólver lo más cerca posible de la sien.]

No sé quién soy

Para Balam Rodrigo

[No sé quién soy. Una confusión inminente, una falsedad inconclusa.
     Mi mujer sentada ahorra palabras, es una flor que se posa en los párpados del día. Yo presiento la muerte como un beso luminoso, estas palabras cuyo significado aclaramos. Desconocemos la dulzura de un cuerpo tierno, un cuerpo lleno de brío y libertad.
     No sé quién soy. No entiendo de súplicas. Un niño corre tras su dinosaurio Rex. Una mujer, siempre una mujer que recluta cada perspectiva del animal que soy.]

Ulber Sánchez. Foto cortesía del autor.

Ulber Sánchez Ascencio (Tepetixtla, Coyuca de Benítez, Guerrero). Estudió la Maestría en Humanidades en la Universidad Autónoma de Guerrero. Aparece en la antología de poesía Premios de Poesía María Luisa Ocampo 1993-2013 (2015). Ha sido becario del Fondo Estatal para Cultura y las Artes (FOECA), en el estado de Guerrero, en 2004, 2007 y 2010. Libros: Días como esas tortugas que van al mar (2010), Como música de Mahler moran las tristuras de la infancia (2011), Bajo el signo del cardo (2012), Postales para Greta Garbo (2012).


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