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Portada de Crimen de color oscuro de Ana María Maqueo de Nitro Press
Portada de Crimen de color oscuro de Ana María Maqueo de Nitro Press

Por Luis J. L. Chigo

Puebla, México, 10 de diciembre de 2019 (Neotraba)

A Óscar Alarcón, que me ha enseñado a ver las estructuras. Y también a tirarlas.

A Lorena Rojas, con quien presenté este libro en Cholula y que recientemente me dio una lección importante.

Hasta hace algunos meses, creía yo, que la literatura negra me estaba reservada. Ignorando el desdén con el cual ciertos estilos son tratados en el mundo de las letras, una antología noir llegó a mí para no alejar el género de mis lecturas.

Por si fuera poco, el 19 de septiembre de este año me encontraba yo en la segunda edición del México Noir. Frente a mí, Vicente Alfonso, Carlos René Padilla, el maestro Eduardo Antonio Parra e Imanol Caneyada, charlaban sobre las voces del desierto en la tradición escrita. Nacer en la frontera norte del país no sólo significa estar marginado en la geografía, sino además ser un hijo olvidado.

Un evento reciente: Caneyada mueve su dedo hacia arriba y hacia abajo, elaborando una observación a los mexicanos quienes, en cosa de minutos, crearon una red de pseudo opiniones relacionadas con la liberación del hijo del Chapo Guzmán. “Que si Andrés Manuel tuvo huevos, que si no los tuvo. La gente siente la necesidad de opinar al instante, de no pensar. Muchos de ellos ni siquiera saben el significado de una balacera”.

Imanol Caneyada foto de Pascual Borzelli Iglesias
Imanol Caneyada foto de Pascual Borzelli Iglesias

Sin embargo, algo no podemos negar: con toda seguridad la palabra crimen es una de las más pronunciadas en nuestro léxico. La forma en cómo se viralizó, la capacidad de internarse en nuestros pensamientos, parece tener un origen claro en nuestra historia. De repente, todo esto resuena con intensidad y dolor, no creemos en su abandono al menos en un corto plazo. Pero también es cierto que a pesar de su actualidad nuestra nación la ha gestado desde hace mucho. Encontramos actores de la violencia recorriendo la línea temporal sin problemas y ocultos más o menos con perspicacia hasta nuestros días.

Y así, sin más, cuando todo esto daba vueltas en mi cabeza, Lilia Barajas puso en mis manos la novela de Ana María Maqueo: poblana, pionera de la novela negra policiaca en México junto a María Elvira Bermúdez, Maqueo fue un descubrimiento impresionante en mis lecturas. Una prosa clara, una historia limpia, una consolidación teórica del género literario y un pensamiento referenciado en los clásicos policiacos así como en un despertar de la voz femenina, concuerdan en un libro poco conocido.

En Crimen de Color Oscuro, Laura Bermúdez, 22 años, perteneciente a la sociedad alta de la costa veracruzana, aparece sin vida mientras un huracán toca tierra. Hija de un poderoso hombre de negocios, la más consentida en una familia conflictiva, todas las razones son posibles certezas para descubrir el móvil del asesinato. Será así como durante los últimos días de agosto, el capitán Alatorre, jefe del departamento de homicidios tendrá a su cargo la resolución.

Tendríamos frente a nosotros una historia clásica policiaca. Permítame mostrar un panorama distinto. Usted se preguntará si es posible la verosimilitud de este tipo de obras en nuestro país. La idea del detective imparcial, la de un sistema judicial eficiente o la de un panorama comunitario claro, bien establecido y accesible a una serie de secuencias lógicas perfectas no tienen cabida en nuestro colectivo. La narrativa, no obstante, estará ahí para mostrar el mundo habitado a partir del mundo posiblemente habitable. Maqueo logra esto de una manera magistral a través de envolver al lector en lectura psicológica de sus personajes y de la comprensión interna del tiempo. La duda rectora del libro alcanza al lector por completo y logra ponerlo en contacto con sus páginas en una especie de juego con el espacio tiempo. Justo al terminar su lectura, algo tendrá de incoherente esta historia y no en lo narrativo, sino en lo estructural. Una sorpresa guardada al lector.

Portadas de Crimen de color oscuro de Ana María Maqueo foto de Lorena Rojas
Portadas de Crimen de color oscuro de Ana María Maqueo foto de Lorena Rojas

¿Y cómo lograr lo anterior? Mi respuesta la he planteado desde la geografía. La literatura negra nos ha acostumbrado a llegar del norte y un delito en las costas de Veracruz reviste su aspecto. Maqueo narra dando la impresión de emular al mar, esperando al oleaje, su rumor, aguardando con cada bocanada el origen de la situación. Durante el trayecto policiaco, este ir y venir de las voces nos van dejando fragmentos de identidad que sin vacilaciones reconoceremos como propios.

El primer fragmento recogido en la costa por la autora será la figura del cacique. Hombres poderosos cuya imposición se ha construido con base en la fuerza, el peso, la corpulencia y no física, fracturando un sistema social con base en la violencia. Estos emperadores tropicales poseen, curiosamente, un vínculo de paternidad con los suyos, pequeñas fisuras emocionales desde las cuales se puede derrumbar un emporio. Resultado a favor de nuestra novela, sería imposible colocar a estos personajes en las ciudades. El dolor de la pérdida persigue la fragilidad del macho y Maqueo emprenderá una carrera a contra tiempo desmoronando a sus personajes. La madre, callada durante toda la novela, alzará una voz histérica, violenta y el cacique llenará de lágrimas su orgullo.

Y si este tratamiento psicológico parece poco, la marea alta arrastrará un enorme bólido. Bajo la presión del padre –recuerde usted, la justicia en este país sólo existe para los más acaudalados, otro acto de verosimilitud–, el capitán Alatorre se internará en fuerzas todavía más grandes. La hija asesinada, la señorita sobre la arena, será la llave al reconocimiento de la existencia de dos nubes en la escena: política y medios de comunicación. Así como en la actualidad podemos comer frente al televisor viendo en el noticiero las bolsas con cadáveres, la sociedad costeña de la novela ha puesto sus ojos en el cuerpo. No es el horror si no el morbo su motor. La vivencia cotidiana del abuso del poder les ha arrebatado –como a nosotros– el pensamiento de ser víctimas dolientes.

Por otro lado, nuestro policía encontrará la forma incisiva del tratamiento criminal en el manejo mediático de la información. Tan pronto la alta sociedad se vio manchada de sangre, las calles se llenaron de fotonovelas, de titulares de periódico, de llamadas del gobernador. Entre los habitantes corren los susurros, las teorías judiciales, los pequeños pulsos nerviosos – ¿le suena conocido, lector?

Justo cuando esta novela se ha nutrido de tanta sal, cuando ha bajado la marea, Maqueo nos regala una pintura excepcional de la significancia de vivir en México: sociedades dispuestas a dar todo para ocultar sus costumbres, por no manchar sus apellidos, la profunda neurosis colectiva, el miedo a ser cualquiera de nosotros cómplices de un enorme aparato de corrupción y surreal estructura de convivencia entre las clases sociales. Justo entonces, la escritora poblana dará su golpe final: su acto delictivo se resolverá de la manera más inesperada, la sorpresa del origen atestará un golpe fuerte a la lógica del lector.

En la presentación de Crimen de color oscuro, de izquierda a derecha Óscar Alarcón, Lorena Rojas y Luis J L Chigo
En la presentación de Crimen de color oscuro, de izquierda a derecha Óscar Alarcón, Lorena Rojas y Luis J L Chigo

Dese cuenta, amable lector, cómo el huracán novelado de Ana María Maqueo es bastante misterioso, todo lo trazado en sus páginas posee una escalofriante actualidad. Sustituya la palabra periódico por Facebook o Twitter y estaremos frente a una novela que pudo haberse escrito este mismo año. Ponga el nombre de su ciudad en lugar del de Veracruz y cuente los feminicidios de su estado. El vertiginoso andar, la forma en la cual todo gira en orden, es un retrato perfecto de nuestro caminar en la violencia.

Tal como lo hiciera María Rivera en su poema “Los muertos”, Maqueo nos arroja una pregunta sin respuesta real, ¿de dónde vienen los asesinos? Las averiguaciones previas son tan mudas como los muertos. Agobiados, en la realidad y en la literatura, nos rendimos después de habernos buscados entre los vivos. Y si es una afición al género o una denuncia, la novela nos pone frente a la inmundicia de la sangre.

¿Qué rostro tiene el crimen? ¿Por qué se esconde tras la pista, el rastro lógico? ¿Por qué disfruta de engalanarse oscuramente en los diarios o en las redes sociales? ¿Desde cuándo hemos dejado de reclamarle el ser tan cotidiano? Son algunas de las preguntas surgidas de las entrañas de esta impresionante novela.

Con un cuidado editorial auténtico, que sólo Lilia Barajas puede imprimirle a las ediciones de Nitro/Press, a más de 40 años de su publicación, reaparece Crimen de Color Oscuro. El público no puede dejar pasar esta nueva oportunidad, reivindicarse con las letras mexicanas es un acto cuyo comienzo puede ser la lectura de esta novela. Irrumpiendo en un medio dominado por hombres y con una trascendencia impresionante, rompe con muchos esquemas. Pocas veces estaremos frente a libros tan misteriosos como éste. Dese la oportunidad de escuchar el mar de la novela negra.

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Crimen de color oscuro de Ana María Maqueo. Nitro Press, México: 2019. ISBN: 9786073020473.

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