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Por Lorena Rojas (@olaenlamar)

Cerritos, San Luis Potosí, 14 de junio de 2023 [00:01 GMT-6] (Neotraba)

El 31 de marzo de 2020, hace más de tres años ya, se decretó la emergencia sanitaria que, sin duda, marcó/marcará nuestra generación: la pandemia por COVID-19. Por esos días, era todo incierto y ahora había que adaptarnos a la llamada “Nueva normalidad”. A quienes vivíamos en pueblos recónditos de la mal llamada “provincia” aún con la emergencia declarada nos parecía algo increíble y lejanísimo, pero no tardó en llegar y tragarnos.

Entonces, recién me había mudado con mi esposo a Tula, Tamaulipas, tras haber vivido en la Ciudad de México –en mi caso– poco más de dos años. Estábamos por abrir en aquel lugar nuestra Cafebrería Ítaca, proyecto que tuvo que retrasarse varios meses debido a la pandemia. Nunca lo imaginamos, dejamos todo para ello y tuvimos que esperar, recluirnos y estirar lo más posible el poco dinero que teníamos, ahora, sin percibir ingresos hasta nuevo aviso.

En abril 2020, ese mismo fatídico y simbólico año, salió a la luz el álbum The new Abnormal, de la banda de rock estadounidense The Strokes, con un nombre tan adecuado, coyuntural y profético, que a tres años de su lanzamiento recolecta abundantes críticas positivas y varios premios en su haber; sin embargo, debo admitir que he llegado tarde al álbum, tal como me pasó con la banda.

Aunque los orígenes de The Strokes se remontan a 1998, lanzaron su primer EP The Modern Age el 29 de enero de 2001, seguido de su álbum de estudio Is This It?, el 30 de julio del mismo año, cuyo segundo sencillo “Last Nite”, sigue siendo el favorito de muchos de sus fans. Yo, si mal no recuerdo, los conocí hasta 2005, cuando cursaba la secundaria y apareció el First Impressions of Earth, del que me llegaron algunas ya míticas canciones como “Juicebox”, “Heart in a cage” y “You Only Live Once”, que quizá sigue siendo mi favorita.

Entonces, el sonido de la banda, ácido y con toda la esencia de rock llegó con mucha fuerza y hubo quienes dijeron que los Strokes habían surgido para salvar al género. Por otro lado, y afortunadamente para mí, yo no sabía nada de eso y lo único que hice fue escucharlos.

Un día de 2007, si no me equivoco, cuando yo tenía 14 o 15 años, llegó a trabajar al restaurante de mis papás –donde también yo trabajaba junto a mi hermano mayor– una chica con un Ipod. Antes de ayudarnos, dejó sus cosas en la barra y noté, después de un rato, que el reproductor estaba encendido: sonaba “Reptilia”. Por supuesto que desde entonces es una de mis canciones favoritas, y la chica, Kelly, es mi amiga ahora.

Del First Impressions of Earth, recuerdo también con claridad el video de “You Only Live Once”, estrenado en 2006 y dirigido por Samuel Bayer (quien también dirigió “Heart in a Cage”) y que estuvo por varias semanas en las listas de los 10 más pedidos en aquellos años en que MTV todavía transmitía videos musicales. Ese líquido negro que, me entero apenas, simula la nicotina, sepultando a los integrantes de la banda mientras tocan con su ropa blanquísima me sigue pareciendo visualmente impactante. Lo vi muchas, muchas veces junto a mi hermano y estoy segura de que él sigue pensando lo mismo que yo sobre esta gran canción.

The New Abnormal de The Strokes
The New Abnormal de The Strokes

Llegué indudablemente tarde al The New Abnormal, tres años después, pero debo decir que llegué muy bien. No como el collage –interesantísimo también– con el que fui conociendo a los Strokes, sino bien, de principio a fin. Como a finales de los 90 (y a principios del dos mil, porque pasó mucho para que pudiera tener un mp3) cuando ponía un CD en mi discman, reproduje el álbum completo y me activó todo esto. La memoria musical, una nostalgia absoluta pero bien puesta, en los lugares correctos.

El álbum abre con “The Adults Are Talking”, que balancea muy bien, a mi parecer, el sonido clásico de la banda con este nuevo aire de más toques electrónicos y new wave, pero que nos confirma que son ellos al escuchar la voz de Julian, melancólica y grave como siempre.

Hay tres canciones que me resulta imposible mencionar. Por una parte “Eternal Summer”, con un sonido que podríamos considerar inusual para la banda, pues da la sensación de muy feliz, algo psicodélico y progresivo, con una voz alta que predomina al principio, pero, tal como en la anterior canción que mencioné, luego emerge la característica voz de Julian: desgarrada, oscura, que trae de vuelta a los Strokes de antes aún con esta reconfiguración. Y su letra, muy acorde a la sensación/experiencia pandémica:

Lo and behold the salt of the city
Pillars like time are fading away
Symphony building up to a future
Mystery to solve for somebody else.

En la misma línea pienso a “Why are Sundays so depresing”, aunque con un sonido un tanto más familiar, es un gran ejemplo del balance entre los nuevos y viejos Strokes, por decirlo de alguna manera:

I get down it’s automatic, uh
I’ve come believin’ that a too much time is evil.

Y por último (en realidad no, es una trampa) una de mis favoritas “Bad Decisions”, que al escucharla inevitablemente se piensa en “Dancing with myself” de Billy Idol (bueno, de Generation X) y que, claro, al googlear el tracklist me di cuenta de que precisamente Idol tiene el crédito con esta canción por utilizarse la misma melodía vocal. No es la única canción en incorporar otras melodías, pero no voy a fingir que lo detecté en otras como sí lo hice con esta.

Hay en todo el álbum una progresión y un orden precisos que, aunque cada canción es una experiencia en sí misma, se configura de mejor manera escuchándolo de principio a fin. Yo soy una anciana que ama los vinilos, y en casa (nuestra cafebrería), la mayor parte del tiempo escuchamos música así, en el orden dispuesto; sin embargo, hablando de bandas “recientes”, del dos mil para acá (conste que lo entrecomillé), tenía años que no escuchaba un álbum completo, esto fue una casualidad que se dio rondando por Youtube, y que necesitaba en mi vida sin que lo supiera.

No menciono todas las canciones, aunque todas me encantaran de formas distintas, pero sí debo escribir de lo que me trajo aquí principalmente: su épico cierre. Al final, encontramos “Ode to the Mets”, que debo decir –porque nada en este texto ha sido imparcial–, es mi favorita, porque soy una persona a la que le gusta ser triste y esta canción es el gran cierre melancólico, desgarrador y terrible en el mejor sentido que se pueda decir.

Resulta que durante los años de sequía de la banda en cuanto a álbumes se refiere –el anterior fue Comedown Machine lanzado en 2013? Julian Casablancas se enfrentó a la disolución de su matrimonio, lo cual podría haber influido en las letras; pero además, también en 2013 (después de lanzar Comedown Machine) sucedió el fallecimiento de su padre, lo que para mí, justo le da todo el sentido a esta canción.

Y bueno, para trasladar toda esta melancolía musical a la experiencia personal, que es lo que una suele hacer con la música, pienso en los tres años sin haber escuchado este álbum. La pandemia, dos mudanzas, el inicio y concreción de un proyecto que ha sido muy retador, los estragos que la enfermedad, el encierro, la autoexplotación, la crisis económica y la concepción de la “nueva normalidad” hacen en nuestros cuerpos y, sobre todo, en nuestras mentes un tanto rotas; todo ello aunado a las pérdidas y los traumas que una viene arrastrando pre-pandemia, sin duda potencia los efectos de esta experiencia musical.

A tres años después del inicio de la pandemia por COVID-19, y del lanzamiento de The New Abnormal, estoy lista. Sí, apenas. Comienzo a digerir que los últimos tres años han estado ocurriendo, que han sido en muchos sentidos nefastos y en muchos también maravillosos. Y The New Abnormal, que sin duda habrá sido una gran compañía para quienes sí lo estuvieron escuchando en este tiempo, es perfecto para que lo escuche ahora de principio a fin, algo que sin duda en 2020-2022, me habría destrozado.

The rubix cube isn’t solving for us
old friends long forgotten
the old ways at the bottom
of the ocean now has swallowed
the only thing that’s left, is us, so pardon the silence
that you’re hearing is turning into a deafening, painful, shameful roar.

Estoy lista para subir el volumen y decir: Drums please, Fab? Y que, como en Ode to the Mets, todo se transforme.


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