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Por Óscar Alarcón (@metaoscar)

Puebla, México, 31 de enero de 2022 [14:27 GMT-5] (Neotraba)

No recuerdo si fue en la secundaria o en la preparatoria en donde me dijeron que los únicos que teníamos próstata éramos los hombres. Tampoco recuerdo si me dijeron para qué servía. De lo que sí me acuerdo es que nunca nos dijeron que nos autoexploráramos, que tomáramos un espejo y observáramos nuestros cuerpos. ¿A ustedes sí?

Diana J. Torres en Pucha Potens. Manual sobre su poder, su próstata y sus fluidos, pone sobre la mesa un tema que hace temblar a las facultades de medicina, a las y los ginecólogos y a todos aquellos estudiosos de la sexualidad humana: la próstata femenina.

Y el orgasmo femenino.

Y la eyaculación femenina.

A decir verdad, no sólo pone a temblar a los referidos sino a todo un sistema de creencias que ha negado el placer sexual a las mujeres, porque las ha pensado y repetido hasta el cansancio que son agentes pasivos y los hombres agentes activos. Nada más falso y alejado de la realidad. Aunque en numerosas ocasiones, muchas mujeres y hombres han comprado el discurso esgrimido desde hace décadas: el hombre es quien debe satisfacer a la mujer. Esto, por supuesto, partiendo de una visión heterosexual, que elimina otro tipo de relaciones coitales, sexuales y amatorias.

Ni la portada de la versión mexicana, ni el título del libro nos hacen preguntarnos tanto como el subtítulo de este volumen: Manual sobre su poder, su próstata y sus fluidos.

Diana J. Torres. Imagen tomada de la editorial Sexto Piso.
Diana J. Torres. Imagen tomada de la editorial Sexto Piso.

Quienes se acerquen a este libro con prejuicio –bueno, en el caso de que sus prejuicios los dejen pasar de la página 10–, quizá digan que la próstata femenina es un tema nuevo, como del siglo XXI. Sólo hace falta hacer una revisión exhaustiva para darnos cuenta de que esto no es cierto:

“En el año 1677, con la invención de un microscopio potente y los descubrimientos que este trajo, junto a la quema de brujas y al comienzo de la privatización de los saberes médicos relativos al cuerpo, comenzó el verdadero silenciamiento de nuestras próstatas en el mundo occidental europeo. El hecho que se demostrara que el semen de las mujeres no tenía espermatozoides y tampoco ninguna intervención directa en el proceso reproductivo hizo que el órgano que lo producía (y el mismo hecho de producirlo) fuer aún más relegado al olvido.” (p. 66)

Y es que cuando leemos sobre la próstata femenina, todo mundo comienza a entrar en conflictos. Sin embargo, hay que leerlo con atención porque, principalmente, es un libro que derriba mitos, abre debates y presenta certezas. Muchas certezas en un momento histórico en donde una posverdad puesta en las redes sociales puede ser peligrosa.

Pucha Potens es un recorrido sobre la eyaculación femenina, le quita la mirada masculina que se inclina hacia la mera satisfacción del morbo, el cual, por años, se alimentó gracias a la pornografía y de ahí se ha inculcado socialmente. De eso también trata este libro: de observar cómo, desde el nacimiento de la industria de la pornografía, la mujer se ha reducido a un mero objeto.

Diana J. Torres nos presenta un manual elaborado a partir de su propia experiencia e investigación, pero que al mismo tiempo se nutrió de las experiencias de mujeres que han asistido a sus talleres de eyaculación femenina, que buscaban respuestas y que encontraron placer.

Aquí conviene hacer un alto para señalar que eyaculación y orgasmo femenino no son lo mismo. Por mucho tiempo, se ha creído que la eyaculación es una especie de incontinencia urinaria y, por lo tanto, debe de ser censurada o puesta en el rubro de las parafilias. Nada más falso que esto. Si bien no todas las mujeres saben cómo eyacular, todas las mujeres pueden eyacular.

Ilustración de MagnaFranse
Ilustración de MagnaFranse

La escuela, la religión, la ciencia –nos dice Torres– han contribuido a fomentar la ignorancia sobre el cuerpo. La exploración del cuerpo, el conocimiento de la sexualidad, sentir fluidos –incluso olerlos y probarlos–, nos plantea la autora, nos hacen percatarnos de la censura sistémica que socialmente se han impuesto.

¿Cómo es la educación sexual en América Latina? También se nos ha hecho creer que los europeos están adelantados en este y otros temas, que están a años luz de nuestra educación. Nada más falso. Diana J. Torres acudió con médicos, científicos, psicólogos españoles para encontrar una respuesta sobre el fluido, que no era otra cosa que una eyaculación femenina, pero que al inicio la hizo sentir intrigada. Se deja ver que la española es una cultura conservadora e ignorante de los placeres del cuerpo, que, como ya se dijo, van más allá de las relaciones heterosexuales.

El libro desentraña mitos, presenta cifras, diagramas, testimonios terribles de mutilaciones genitales y clarifica con cuestionamientos hacia el ser humano:

“Lo que queda claro es que actualmente si se es eyaculadora (al igual que durante todos los siglos de silencio que nos preceden) hay que tener mucha suerte para no acabar mutilada en la mesa del cirujano, despreciada en la cama por amantes, maridos, compañerxs, o al borde del suicidio en el diván del psicólogo. Y cuando digo suerte me refiero a tener un núcleo afectivo no censurante o no conservador […], un cierto criterio feminista […] y haber nacido en un lugar y tiempo en los que internet es accesible.” (p. 81)

Experimentar placer a través de nuestro cuerpo debería ser uno de nuestros primeros actos políticos y no formar parte de la enorme lista de censura y autocensura, por ello, la autora nos invita:

“Espero que con el progresivo avance de la verdad por encima de toda la montaña de patrañas sobre nuestra próstata, el saber relativo a la salud vaya en aumento. Mientras, seguimos en el desierto informativo y solo nos queda la autogestión.” (p. 121)

Un libro que se desborda de información, que nos cuestiona cara a cara nuestros privilegios, que nos invita a tocarnos y a tocar a nuestras parejas, a no tener miedo a sentir placer, a entender que este camino apenas comienza y que, en la sexualidad humana, nada está completamente escrito.

Ilustración de MagnaFranse
Ilustración de MagnaFranse

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