Ciudad de México, 31 de agosto de 2026 (Neotraba)

Hay algo en lo que coinciden los escritores(as) más novatos(as) y los más experimentados(as): el sueño de que llegue alguien y te pida que escribas un libro. Ese “Midas” que te diga que todo está cubierto: la publicación de tu libro, los derechos de autor, la distribución de tu obra y demás detalles.

Ese que te pida que tú sólo debas inspirarte, hacer mano de tu experiencia y plasmar el tema deseado, el género propuesto y escribir un libro exitoso. A Guadalupe Loaeza le sucedió este sueño. Diez años después de haber escrito: Compro luego existo, la famosa procuraduría federal del consumidor en México, PROFECO, le solicitó el libro Debo, luego sufro. Mi última lectura.

En este libro, Guadalupe Loaeza cuenta la historia de una antiheroína: Sofía. Una mujer madura con problemas económicos importantes a pesar de tener una posición social y económica privilegiada. Divorciada, con hijos entrando a la adultez. Un nuevo cuerpo que ella considera con sobrepeso y cambios hormonales propios de su edad. Además de que está próxima a casarse con su nuevo amor, su querido novio Felipe.

Loaeza aprovecha esta historia, que podría parecer banal, para profundizar y contarnos también, en una línea de tiempo perfecta, la historia de la economía en un México moderno. Especialmente de una de las caídas más brutales del peso mexicano, aquella en la que iba a ser defendido como un perro que terminó con la cola entre las patas. Nos narra la crisis existencial, económica, emocional y hasta patriota que tuvo uno de esos mexicanos pudientes al hallarse en Estados Unidos siendo discriminado por la caída de su moneda ante el dólar. Un momento muy de: “Los ricos también lloran”.

Al clásico estilo de Loaeza su narrativa ligera nos hace sentir que leemos un chisme, un chiste, una novela y una crónica, todo en un mismo libro. Leemos sobre los esfuerzos de una “mujer rica” que busca pagar sus deudas para así poder seguir comprando y de cómo en su existencia suceden cosas tan importantes como la anorexia, machismo, alcoholismo, drogadicción, discriminación, racismo, clasismo y demás temas muy escabrosos. Entre sus familiares y amigos.

Hay momentos en la novela tan graciosos como cuando Sofía hace un bazar dentro de su casa para poder recuperar un poco de lo perdido, hasta momentos tan tristes y terribles como en el que queda expuesto el estado deplorable en el que viven las personas de servicio de una casa de “ricos”. Una denuncia social incisiva que toca el corazón, la dignidad humana y cuestiona el nivel de esclavitud de las personas que se dedican a la limpieza y servicio 24/7.

Los escenarios descritos, los momentos vividos y las anécdotas en el libro se relacionan con la PROFECO mediante un ejercicio literario excelente de la pluma de Guadalupe. Hábilmente nos cuenta la historia de American Express; de la banca mexicana, del dólar, de la existencia de la PROFECO, de las denuncias al consumidor y ni siquiera te das cuenta de cuánto está haciendo por informarnos sobre un tema a través de la historia de su antiheroína.

Como en muchas de las novelas de Guadalupe, en sus páginas leemos tópicos mexicanos característicos de las distintas sociedades que habitan en este país. Es muy interesante como nos lleva a un momento específico en el tiempo al mencionar marcas de ropa, tiendas, tarjetas de crédito y la forma en la que se pagaban algunas cosas en distintas tiendas departamentales. Revela el actuar del público consumidor cuya preocupación no es ni el transporte, la comida, la renta, las medicinas sino el poder seguir manteniendo un estilo de vida, un estatus y claro tener el mejor departamento de Nueva York a pesar de la crisis de la moneda mexicana.

En un sentido invertido de su creación tal vez continúe mi siguiente lectura con Compro luego existo de Loaeza o tal vez como estoy terminando esta reseña en Puebla, en la Feria internacional del libro, al fin termine Los recuerdos del porvenir de la gran Elena Garro y esa sea mi próxima entrega. Mientras eso sucede les deseo muchos libros y mucho tiempo para poder leerlos.


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