Miseria, Farabeuf y la demanda a Mark Zuckerberg
Termina la Semana Santa y Gabriel Duarte nos habla de Miseria de Dolores Reyes; Farabeuf de Salvador Elizondo y la demanda al dueño de Meta

Termina la Semana Santa y Gabriel Duarte nos habla de Miseria de Dolores Reyes; Farabeuf de Salvador Elizondo y la demanda al dueño de Meta

Por Gabriel Duarte
Ciudad de México, 5 de abril de 2026 (Neotraba)
Tiempo de lectura: 9 minutos
Insensatos lectores: hoy es viernes santo y, como muchos de ustedes, estoy de vacaciones. Ayer no hice gran cosa. Me desperté bien pinches tarde, fui a hacer algunos pagos y me quedó el día libre para hacer lo que se me diera la chingada gana.
Para empezar, decidí rifarme un almuerzo de campeones que consistió en una crepa de Nutella con un café americano. Horas después se me atravesó una cerveza y no tuve otro remedio que maridarla con unos poderosos tacos de cochinita pibil y dos papadillas fritis, fritis, fritis.
Por la noche me largué a merendar unas tapitas españolas y una tortilla de patatas. La verdad es que la pasé re bien.
Pienso aprovechar estos días para visitar ciertos lugares que tengo pendientes, pues entre semana, después del trabajo, salgo un poco estropeado de atender clientes y de estar vende que vende, compre que compre y pague que pague.
Debo confesarles que he encontrado un placer indescriptible: saliendo de trabajar me largo a mi casa, llego como a eso de las 6:30, me pongo la pijama, prendo la tele y me quedo viendo videos en YouTube o alguna serie de televisión.
Antes de dormir pido algo de cenar, me rifo la comida en la cama y ya pasando la media noche me quedo dormido. Al otro día me despierto justo a las 9, me meto a bañar en chinga y me lanzo al trabajo.
Sin embargo, esta bella rutina en breve se verá fracturada. Me urge ponerme a hacer ejercicio y estoy buscando el lugar indicado. Tengo tres opciones que regresando de Semana Santa evaluaré con calma.
He visto que en algunos sitios se creen que uno quiere entrar de diablero en la Merced y ponen a la gente a cargar bultos de cemento o a mover llantas de tractocamión de un lugar a otro.
La neta ya no estoy para esos temas de sentirme el más mamado de la cuadra. Preferiría hacer aerobisss antes de meterme a un lugar de esos a hacer esa clase de xaladas.
Mientras tanto, estos días pienso leer un poco, escribir esta columna y comer rico.
Como recordará usted, amable damita, gentil caballero, la semana pasada estuve a punto de enfermarme y como no podía darme ese lujo, decidí ingerir un medicamento que me dejó todo pacheco y hecho un verdadero pendejo. Al menos valió la pena porque no me enfermé.
Recuerdo que, al otro día, de ingerir la poderosa medicina, me atacó un golpe de ansiedad y hasta sentí una ligera taquicardia. Por fortuna no fue nada grave y el dolor de garganta desapareció.
Aunque les aseguro que no lo vuelvo a hacer. La pasé un poquito mal y ya es la segunda vez que me ocurre. La primera fue devastadora. En esta ocasión la cosa no estuvo tan salvaje.
El asunto es que la semana pasada tenía algunas cuantas cosas que escribir y por pacheco se me quedaron en el tintero. El día de hoy pienso abordar algunos de esos temas pendientes.
En primera instancia, quería hablarles sobre el gran Salvador Elizondo. ¿Alguna vez han leído Farabeuf?
Si no lo han hecho, deberían darle un vistazo. Es un libro alucinante. Habla sobre el azar, la tortura y el erotismo. Es una novela imprescindible. Recuerdo haberla leído cuando estudié literatura y me pareció espectacular.
Todo gira en torno a una foto.
Creo que también hay que reconocer que no es una lectura sencilla por la estructura del texto y por los temas que abarca.
El asunto acá es que Salvador Elizondo (1932-2006) dejó una cláusula en su testamento que estipula que sus diarios podrían publicarse 20 años después de su muerte.
¿Y qué se creen? La fecha se cumplió el pasado 29 de marzo.
Su viuda, la fotógrafa, Paulina Lavista espera que esos cuadernos puedan ver la luz y sean publicados.
“Los diarios son quizá su obra mayor, creo yo. Porque él describe todos los días de su vida y su relación con el mundo”, dijo Lavista, en un homenaje al escritor organizado por El Colegio Nacional a 60 años de la aparición de Farabeuf y el 20 aniversario luctuoso de Elizondo.
Recuerdo que por 2015 salió a la venta una edición de aniversario editada por el COLNAL. El texto era espectacular. Tuve el libro en mis manos y el uei de mí no lo compró.
Espero que este año se rifen alguna otra edición similar. Esta vez prometo no apendejarme.
Ahora bien, les hablaré un poquito más sobre Farabeuf:
Salvador Elizondo escribió esta novela como becario del Centro Mexicano de Escritores. La novela no presenta una anécdota o continuidad temporal, lo que retiene al lector seducido por su estética.
La obra despierta una fascinación por la manera en que se aproxima a la muerte, al erotismo, a los vínculos entre ambos; al placer, la adivinación, el sadismo, la tortura, el descuartizamiento y el suplicio.
Con este título Elizondo conquistó el Premio Xavier Villaurrutia, de escritores para escritores, a los 33 años. De este modo pudo dedicarse por completo a su carrera de escritor.
Por lo tanto, me parece a mí, que seguramente leer los diarios que dejó Elizondo será una labor interesante y bastante enriquecedora.
En cuanto tenga noticias al respecto prometo mantenerlos informados.

Por otro lado, hace un tiempo les comenté que los dueños de Meta y YouTube habían sido demandados y después de unos meses de litigio llegó la resolución de la corte.
La nota apareció en el periódico Reforma del jueves 26 de marzo:
Pierde Meta-Google juicio
“Un jurado dictaminó ayer que la empresa de redes sociales Meta y el servicio de transmisión de videos YouTube, de Google, perjudicaron a una joven usuaria con funciones de diseño adictivas que le provocaron problemas de salud mental.
Esta decisión histórica podría exponer a las empresas de redes sociales a más demandas relacionadas con el bienestar de sus usuarios.
Meta deberá pagar 4.2 millones de dólares en concepto de daños compensatorios y punitivos combinados y YouTube deberá pagar 1.8 millones de dólares.
El caso emblemático presentado por una mujer de 20 años identificada como KGM, acusaba a las empresas de redes sociales de crear productos tan adictivos como los cigarrillos o los casinos digitales.
Citando funciones como el desplazamiento infinito y las recomendaciones algorítmicas, KGM demandó a Meta, propietaria de Instagram y Facebook, y a YouTube, alegando que estas prácticas le causaban ansiedad y depresión.
Es probable que este precedente influya en casos similares que se prevé que lleguen a juicio este año, lo que podría exponer a los gigantes de internet a mayores pérdidas económicas y obligarlos a modificar sus productos”.
¿Qué les parece? Francamente creo que sí hay que tener cuidado. ¿No les ha pasado que piensan abrir Instagram o Facebook sólo por curiosidad y terminan enganchados por más de una o dos horas?
Al menos a mí sí me ha sucedido. Es curioso ver que la vida en redes casi siempre es perfecta. Creo que, por un lado, hay una sensación un tanto aspiracional: querer que nuestra vida también sea perfecta como las que se ven del otro lado de la pantalla.
Por otra parte, hay una cierta curiosidad por observar qué están haciendo algunas de las personas que conocemos: saber dónde viven ahora, a dónde fueron el fin de semana o dónde están vacacionando.
Sin embargo, creo que la vida es eso que nos sucede mientras estamos tomando decisiones, manejando, comiendo, despertando y viviendo.
Por lo tanto, hay que poner los pies sobre la tierra, fijarnos algunas cuantas metas y enfocarnos en lograrlas.
Y hay que darse prisa porque el tiempo pasa inexorablemente y la vida real no pasa en las redes. La vida de verdad tiene lugar en las calles y con las personas que queremos o que queremos querer.

Para finalizar, les diré que en estos momentos me estoy rifando la segunda parte de Cometierra, el libro se llama Miseria y debo decir que está biendepocamadres.
Me sorprende que me está sucediendo algo que hacía mucho no me pasaba: quiero y no quiero que se acabe el libro.
Miseria no es una novela breve como las que me gusta leer. En realidad, son exactamente 334 páginas, pero eso dejó de ser relevante.
No cabe duda que cuando una historia está bien narrada las dimensiones y el tiempo que hay que invertir en ella dejan de tener importancia.
Resulta que Cometierra es todo un personaje, tiene ciertos poderes mágicos por los que puede localizar personas desaparecidas.
Conforme trascurre la historia decide dejar de hacerlo, pues necesita comer tierra para meterse en una ensoñación y poder ver a la persona que busca y el proceso suele ser doloroso y un tanto destructivo.
En esta segunda parte, vemos a Cometierra mudarse a una gran ciudad y se ve orillada a volver a las andadas. Necesita localizar a dos niños.
Junto con unos amigos y su cuñada llamada Miseria decide montar un local para dedicarse al oficio de la adivinación.
La historia es brutal y está muy bien narrada. Ya les diré en qué acaba. Pero lo que sería mejor es que se dieran la oportunidad de leer ambos libros. Les aseguro que no se van a arrepentir.
Si de plano leer no es lo suyo me enteré de que hay una serie de televisión que lleva el mismo nombre: Cometierra. Me dicen que vale la pena. Estoy esperando terminar con los libros para darle un vistazo. Ya les diré en breve qué tal está.
En fin, que ya me voy. Hoy es sábado de Gloria y me pienso subir al tinaco de mi edificio para darme una mojadita. Se me portan bien, no quiero quejas.
Cualquier duda o sugerencia con esta columna que se encuentra de vacaciones, favor de mandarnos sus comentarios, adorable damita, sensacional caballero.

Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.
