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Carlos Sánchez

Hermosillo, Sonora, 26 de agosto de 2023 [09:36 GMT-7] (Neotraba)

El Encuentro Hispanoamericano de Escritores “Horas de Junio”, en su vigésima edición, rindió tributo al escritor mexicano Ignacio Solares.

La reunión de poetas y narradores, que ocurre puntualmente cada verano, se celebró en la Universidad de Sonora; allí, el escritor galardonado, ante autoridades educativas y culturales, agradeció el gesto de cordialidad de los organizadores.

De manos del comité organizador del Encuentro de Escritores, Ignacio Solares recibió como presea un danzante de venado de madera de palofierro, símbolo de la cultura sonorense y esculpido por integrantes de la etnia seri.

En la ceremonia de tributo, que se efectuó al final de la jornada de lecturas, y ante un auditorio repleto, Solares manifestó su sentir:

“William Blake, poeta inglés, decía: ‘El agradecimiento hay que exigirlo’. Por eso nuca se les olvide agradecer todo, yo sólo pienso agradecer el simple acto de ver un cielo estrellado como el que hay en Hermosillo, o en Chihuahua, el simple acto de ver un amanecer.

“Ahora que cumplí setenta años todo se ha encadenado de una manera maravillosa, he comentado de mi hija que cuando tenían tres o cuatro años le dijo a su bisabuela quien tenía noventa, mi hija le dijo: ‘¿Cumples noventa y empezaste desde el uno?’ Pues sí, hay que empezar desde el uno”.

Ante el contenido de la anécdota, los espectadores correspondieron con sonrisas. Y aprestaron de nuevo su oído para seguir escuchando a Solares.

“Yo acuñé una frase que me aclara mucho a veces el poder decir las cosas de manera concreta, y allí está mi vocación periodística, ir al grano, apuntar la flecha antes de andarse por las ramas, y yo digo que la violencia, el mal, es el veneno; el antídoto es la cultura. Y nunca como ahora, en nuestro país, y es algo que me parece absolutamente cierto, porque estamos viviendo una época particularmente difícil, particularmente violenta, que por desgracia tiene que ver con algo para nosotros de alguna manera creyentes, se llama mal, con mayúscula, se acaba de leer lo que sucedió en Chihuahua, que un grupo de niños jugando al secuestro mataron y enterraron a otro, ese es el mal, porque el mal no es un problema metafísico, no es un problema sólo filosófico, el mal es un problema biológico, el mal duele, el mal lo sentimos en carne propia, el mal es algo que sabemos que está allí, y que con la más mínima imaginación podemos saber lo que implican tragedias como esas.

“La literatura, por supuesto, ha sido un terreno donde el mal ha sido tratado de una manera muy especial, el mal, casi diría yo, ha sido mejor tratado por los escritores religiosos que por los no religiosos, hay que ver simplemente el concepto del mal en Dostoievski, o en más autores cristianos que se desgarraban por esa presencia extraña que sin embargo no podemos evitar, que nos rompe. Yo por eso digo que por más firme que parezca el sol que nos alumbra, estamos rodeados de seres invisibles, de demonios que en cualquier momento pueden causar una hecatombe, y por es digo que lo único insoportable es la realidad real, que estoy a favor de todas las fugas posibles, lo que pasa es que hay fugas ascendentes y fugas descendentes, obviamente fugas descendentes son las drogas, la violencia, el alcohol, y fugas ascendentes son la literatura, la cultura en general, algunas formas de práctica religiosa, entonces yo estoy totalmente a favor de todo aquello que está oculto, por eso me apasiona el espiritismo, la magia, lo sobrenatural, porque nos permite de alguna manera asomarnos al otro mundo, ese otro mundo que está en este, basta, les repito, ver hacia las estrellas en un cielo como el de Hermosillo para comprobarlo. Y bueno, una de las fugas que elegí para toda mi vida es la literatura, me hubiera gustado, como dice mi suegra, que hiciera yo algo de provecho, pero no tuve remedio, empecé a apasionarme por la literatura, y aquí sigo, y creo que finalmente fue una gran elección porque tiene que ver con algo que es fundamental: la imaginación”.


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