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Virginie Despentes. Foto de Georges Biard.
Virginie Despentes. Foto de Georges Biard.

Por Berenice Aguilar

Puebla, México, 05 de abril de 2020 (Neotraba)

Hace unos días, gracias al confinamiento, pude leer uno de los libros más leídos desde el año de su publicación (2006) hasta la fecha. Me refiero al ensayo realizado por la autora francesa Virginie Despentes: Teoría King Kong. Su lectura desafía y provoca al lector que se acerca por primera vez. Enérgica y visceral en algunas páginas, la autora logra desentrañar temas incómodos para la opinión popular, religiosa y política.

Es su lectura lo que hizo que ésta, mi reflexión primitiva y escasa de temas tan complejos como el punk, el erotismo, la pornografía, el feminismo, la feminidad, la maternidad, entre otros, se volcara a la investigación de los mismos, buscando un horizonte común. Encontrándolo en la misma Despentes.

Uno de los aspectos fundamentales de Virginie –me tomaré la libertad de tutearla– es la faceta de punk en sus años juveniles. Despentes menciona en su ensayo que “El punk rock es un ejercicio a través del cual se dinamitan los códigos establecidos, especialmente los del género. Aunque solo sea porque nos alejamos, físicamente, de los criterios de la belleza clásica”[1].

Y es que hablar de subversión de la feminidad necesariamente implica, traer a la luz los cánones clásicos de belleza: los comportamientos, las actitudes, la voz, el tono. En resumen, la forma de ser, estar y comportarse dentro del mundo. Entonces se retoma el punk rock como una escuela de emancipación, además de un ámbito permisivo en donde se ejercía la libertad de expresión, acción y creación autónoma, dando otro ataque frontal a las instituciones preestablecidas del control y a las formaciones académicas, fomentando la independencia y autosuficiencia.

Portadas de King Kong Theorie.
Portadas de King Kong Theorie.

“Ser punkarra implica forzosamente reinvetar la feminidad porque se trata de estar en la calle, mendigar, vomitar cerveza, esnifar cola hasta caerse al suelo, que te atrape la policía, bailar el pogo, aguantar bien el alcohol, aprender a toca la guitarra, llevar la cabeza rapada, volver a casa hecha polvo todas las noche, saltar como una loca en los conciertos, cantar a gritos en el coche himnos supermasculinos con las ventanillas bajadas, saber que pasa en el fútbol, ir a las manifestaciones con pasamontañas y lista para darse de hostias”

Íbid.

Y es que todas estas actividades son parte de una formación de acción. Formación que fue creada para los hombres, relegando a las mujeres a un espacio pasivo. Es la faceta de “punkarra” la que permitió a Despentes reclamar ese espacio público hostil, reclamar su actividad y renegar de esa pasividad aprehendida y heredada.

Espacio que continua reclamando y desafiando con su estilo único de escritura, dando voz y vigor a las personas que decidan suspender un poco su juicio para empezar a considerar otro. Despentes escribe con sangre, sudor, rabia, entrañas, y claro, las canciones que imaginamos con ella, se nos figuran iguales.

Más allá del punk, del feminismo y de la rebeldía, este libro es una interesante forma de replantear las actitudes del día a día, porque, así como es necesario re-pensar la feminidad, es necesario re-pensar la masculinidad y todos estos universales creadores de peligrosas ideologías.


[1]Despentes, Virginie. (2006). Teoría King Kong. París: Grasset & Fasquelle.

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