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Por Berenice Aguilar

Puebla, México, 20 de noviembre de 2020 [00:03 GMT5] (Neotraba)

En días recientes pude ver el primer largometraje de Janet Jarman titulado Birth Wars (2019), el cual se centra en el trabajo de las parteras tradicionales mexicanas en la zona sur del país. Estados como Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Veracruz son el escenario para buscar el puente entre la medicina moderna y la tradicional.

Birth wars expone la situación actual de las parteras mexicanas, quienes se enfrentan a un sistema social y de salud bastante resistente a su existencia. En ese sentido, podemos afirmar que las parteras mexicanas existen y resisten. Resisten con el conocimiento heredado y aprehendido de generaciones pasadas.

El largometraje busca visibilizar el entendimiento entre partera y madre, explora esa relación íntima que logran establecer ambas figuras, a diferencia del parto médico —realizado por personal “calificado”. Es necesario aclarar que el término “calificado” no es sinónimo de sobresaliente, ya que el trato evidenciado en el largometraje por parte de médicos obstetras a jóvenes mexicanas es —en algunas ocasiones— indigno.

Fotograma de Birth Wars, de Jane Jarmat
Fotograma de Birth Wars, de Jane Jarmat

Janet Jarman ofrece una mirada muy particular sobre la maternidad mexicana en comunidades del sureste del país y visibiliza la oposición en los métodos usados entre lxs médicos obstetras y las parteras mexicanas. Oposición que se marca aún más en el parto. Si bien ambas formas de atención son diferentes, quizá en algún momento el Sector Salud llegue a considerar a las parteras mexicanas como un puente para la atención eficaz y digna de las mujeres mexicanas.

Quizá el puente entre la medicina moderna y tradicional baje los niveles de mortalidad materna en cada estado de la república. Esa, precisamente, es la visión que nos otorga este largometraje.


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