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Selección de textos, poema-prólogo y nota introductoria por Edgard Cardoza Bravo

Ciudad de México, 31 de octubre de 2021 [02:45 GMT-5] (Neotraba)

POEMA–PRÓLOGO

De principio a fin somos el mismo hombre
(aquí comienza todo, aquí termina).
Lo único que cambia es nuestra percepción de los objetos
o los objetos mismos.
En nosotros nada nuevo existe
excepto la mirada viendo pasar el tiempo
como un tren que no espera.

Compartimos los sueños,
transmigrados de una frente a otra
en un juego de espejos infinito.

La vida de un solo hombre vale por la de todos
desde su predecible tránsito de polvo,
únicamente somos
el absurdo vestíbulo de nuestra propia muerte.

Si existe realidad
es la de los objetos
fabricando miradas en el hombre
con su gurbia de encanto.
Todo fluye bajo la potestad de los espejos:
fuente y vértigo a la vez,
tiempo y silencio compasivo,
aparente verdad.

Mi rostro carga las apariencias de un tiempo ajeno a él.
El espejo es azogue y señor de mis facciones.
Sólo al hurgar bajo mi piel con éstas líneas
conjuro los destellos y soy yo
desnudo de la falsa tez del mundo.

II

Los colores también son ilusión,
pues todo se reduce a blanco y negro.

Podríamos llamarle vida al blanco,
al negro pesadumbre de la luz.
Lo demás,
ya sabemos,
sólo existe en la maquinación de los espejos,
que puestos de tal forma,
en tal momento
o emergidos de que puntual acuerdo
especulan destellos
(de claridad vistiéndose de abismo)
según sea el matiz que se pretenda.

El gris es un despeñadero a medio salto
y es también la existencia a media muerte.
El violeta está hecho de agua dulce
que de pronto corrige y se hace piedra.
El verde casi siempre se camufla de pájaro en la rama
para cuidar los trinos del cenzontle.
El rojo a veces toma tintes sombríos
igualmente que inflama de pasión
la arteria genital de los amantes.

Amarillo, magenta, azul, morado:
todo toma el color del cristal con que se sueña.
Y hay dos colores dos,
de vida y muerte.

NOTA INTRODUCTORIA

Se ha tratado en esta selección, de establecer un mosaico panorámico de las concepciones e interpretaciones de la muerte en diversas culturas, épocas y nacionalidades: el sentir del antiguo oriente (Lao Tse) que se hermana con la concepción de las culturas prehispánicas (Nezahualcóyotl) en la idea de “morir es volver a casa”; el sentido de la muerte como castigo doloroso, de la Europa de finales de la edad media (Francois Villon); la muerte como liberación de la prisión corporal para alcanzar la gracia suprema de Dios, según la convicción cristiana (Santa Teresa, William Blake); la muerte que simula los rasgos mismos de la cultura occidental desde sus monumentos diluyéndose en polvo de tiempo (Yorgos Seferis, Odisseas Elytis, José Gorostiza); el típico pesimismo latinoamericano convertido en sarcasmo para chotear el fin inevitable (César Vallejo, Jaime Sabines). La muerte como pretexto de POESÍA.

E. C. B

Pintura de Antonio González
Pintura de Antonio González

Lao Tse (siglo VI a. de C., Tao Te King, Libro del camino recto), China

L

Vivir es llegar y morir es volver.
Tres hombres de cada diez caminan hacia la vida.
Tres hombres de cada diez caminan hacia la muerte.
Tres hombres de cada diez mueren en el ansia de vivir.
¿Cómo puede sobrevivir el décimo hombre?

He oído decir que quien sabe cuidarse
viaja sin temor al rinoceronte
y al tigre
y va desarmado al combate.

El rinoceronte no encuentra donde hincarle el cuerno,
ni el tigre donde clavarle su garra,
ni el arma donde hundir su filo.
¿Por qué?
Porque en él nada puede morir.

Francesco Petrarca (1304-1374, Sonetos Y Canciones), Italia

Ante el Cuerpo de Laura (Soneto CCCLIII)

Muerte ha extinguido el sol que me ofuscaba
y en tiniebla sus ojos ha dejado;
olmo es, y roble, el lauro marchitado
y tierra quien me ardía y me enfriaba:

que es bueno sé, más mi dolor no acaba.
Falta quien haga tímido y osado
mi pensamiento, y frío y caldeado:
quien de esperanza y duelo me colmaba.

Lejos de aquel que igual hiere que cura,
y que en mi pecho abrió tan honda herida,
mi libertad es gozo y amargura,

y vuelvo con el alma agradecida
al que celebra la celeste altura
ya muy cansado y harto de la vida.

Nezahualcóyotl (1402-1472, Cantares Mexicanos), México

Percibo Lo Secreto (Fragmentos)

Percibo lo secreto, lo oculto:
¡Oh vosotros, señores!
Así somos, somos mortales,
de cuatro en cuatro nosotros los hombres,
todos habremos de irnos,
todos habremos de morir en la tierra.

Nadie en jade,
nadie en oro se convertirá:
en la tierra quedará guardado.
Todos nos iremos
allá, de igual modo.
Nadie quedará,
conjuntamente habrá de perecer,
nosotros iremos así a nuestra casa.
(…)
Meditadlo, señores,
águilas y tigres,
aunque fuérais de jade,
aunque fuérais de oro
también allá iréis,
al lugar de los descarnados…

Pintura de Antonio González
Pintura de Antonio González

François Villon (1431-¿1465?, El Testamento), Francia

Rondó

Muerte, protesto tu rigor,
pues me has robado a mi querida
y no te sientes aún tranquila,
si no me dejas en langor.
Pues no hubo fuerza ni vigor,
¿en qué te pudo herir su vida,
      Muerte?

Un corazón fuimos los dos;
si ha muerto, el fin es ya mi guía,
o bien que viva yo sin vida,
como una estatua sin razón.
      ¡Muerte!

Santa Teresa de Jesús (1515-1582, Versos Nacidos del Fuego del Amor de Dios), España.

Glosa (Fragmentos)

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Vivo y fuera de mí,
después que muero de amor,
porque vivo en el señor,
que me quiso para sí;
cuando el corazón le dí
puso en mí este letrero:
que muero porque no muero
(…)
¡Ay! ¡qué larga es esta vida,
que duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros,
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa un dolor tan fiero,
que muero porque no muero.
(…)
Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza:
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes que te espero
que muero porque no muero…

Pintura de Antonio González
Pintura de Antonio González

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