Una ventana inmensa: Natalia Gómez
Poemas de la autora que fue becaria del programa Festival Interfaz-ISSSTE Yucatán en 2017 y que ahora se publican en la sección que coordina Manuel Parra Aguilar

Poemas de la autora que fue becaria del programa Festival Interfaz-ISSSTE Yucatán en 2017 y que ahora se publican en la sección que coordina Manuel Parra Aguilar

Por Natalia Gómez
Campeche, Campeche, 17 de septiembre de 2026 (Neotraba)
No debe existir en el mundo
un verso que inicie por tus ojos
lágrima de sal que recorre
piel exceso de sebo
poros dilatados
que nada callan
y nada dicen
No debe haber en hoja alguna
una palabra que enuncie
monstruo de petulantes letras
tu orfandad de sesos
mediocre aullido
que logra todo
menos un poema
Tengo una aversión por el mar
olas de diminutos dientes
sal de espina
bruma de sol
Me he ahogado en cientos de sueños
como un pez remo
ajeno a la arena
esqueleto de espuma
Un caracol dice
que el agua
puede hundir mi nariz
Entonces me imagino costa
viento de la marejada
animal putrefacto
sobre el polvo de vidrio
He sentido que el mar me llama
así como dijo alguna vez
el nombre de Alfonsina
es verdad
Lucrecio no tiene mi sangre
no usa lentes bigotes
no ha tenido doce nietos y un hijo postizo
no habla zapoteco ni come totopos
no ha invitado a personas a quedarse en su casa
mientras buscan jale y dinero
no saluda a cualquiera
en la calle en el super en el pueblo
ni dice manito ni pelea con la teve
no alimenta a los niños en la escuela
ni les presta cuando no llevan para el lonche
Mi perro chihuahua no es como papá
y ahora él ha tomado
la firme decisión
de no volver a decirle
abuelo
NATALIA HA MUERTO. Su padre llora, su esposo llora. ¿Cómo pudo ser tan egoísta? Murmuran los vecinos con los que nunca habló. Natalia murió, dicen las hermanas mientras eligen ropa para vender en el tianguis de los domingos. Menciona un amigo que fue dedicada y atenta. Natalia no quería ser atenta y dedicada, quería efectivo, suficiente efectivo para no llorar. Ahora llora el perro bajo su ataúd. Recibe un ramo de flores. Natalia era como una flor, dice su madre. Natalia difunta ya no tiene que ser como una flor, ya no pagará el crédito hipotecario, el internet, ya no le debe a las tarjetas, a la CFE ni a Estados Unidos. Alguien insinúa llamarle a su contador. Natalia con las patas estiradas seguirá pasando por el SAT, en el más allá también hay impuestos, renta de tierra. En el velorio de Natalia no hay luchas por la herencia, jamás tuvo nada ni ganas de vivir. Natalia fallecida ya no tiene sensación térmica de 47 grados a la sombra, no siente el sudor de otros en el camión a la una de la tarde. Tiesa, Natalia ya no tomará más cerveza quemada, no le entrará más arena en el calzón. Natalia muerta se volvió una estadística, la nota más común en la prensa. Alguien comenta que la gordura se la llevó. En Facebook aparece un post y emoji triste. Sus siete chambas comparten el mismo post sin el emoji. En el trabajo ya han pensado cómo sustituir su presencia y recuperar sus archivos para publicarlos. En la puerta preguntan por Natalia Muerta, entregan una corona fúnebre Con cariño para la poeta. En el puño, el cadáver de Natalia se aferra a una nota que dice: Prohibido publicar poemas póstumos si no quieren verse como yo.
Cuchillos
Fuego
Rompe Estruja
Corta corta corta
Sangre
Carne fresca
Lágrimas
¿Te has cortado un dedo?
Asa Sofríe
Muele todo
que no se note que una vez
fue verdura
Fruta
Chile
Mira los trastes sucios
Llora nuevamente
Sazona
Pimienta
Sal Sal Sal
Demasiado
Un poco de limón
La guerra entre las manos
y el alimento
una guerra que se encuentra más allá
de la propia cocina
Semillas
Tierras
Cosecha
Arar Abonar
Siembra siembra siembra
Fertilizantes
Cosecha
Una guerra por comida
La comida es poder

Natalia Gómez (Campeche, 1991). Poeta, docente y comunicóloga. Ha sido becaria del programa Festival Interfaz-ISSSTE Yucatán en 2017, PECDA Campeche emisión 2020 y del programa Jóvenes Creadores del FONCA generación 2023. Sus textos han aparecido en distintas revistas, así como en antologías nacionales e internacionales.
