Ciudad de México, 6 de septiembre de 2026 (Neotraba)

Insensatos lectores: antes de relatarles mi experiencia con ChatGPT y de confesarles quién escribió las dos columnas anteriores, me gustaría compartirles una pequeña nota que me encontré en el periódico.

Reforma 2 de septiembre 2026

En primera plana podemos observar la foto de una mujer que usa un vestido de novia, hasta allí todo bien. El asunto consiste en que camina dentro de una iglesia hacia el altar por un pasillo completamente inundado. El agua le llega abajo de la cintura.

Aun así, conserva su ramo y camina con una sonrisa que no le cabe en el alma.

“Filipinas. Desde hace un mes, fuertes lluvias azotan gran parte del país y en particular a Manila, pero eso no impidió que Leian Lieza Galang acudiera a su boda en una iglesia inundada en la localidad de Hagonoy.”

***

Esas de verdad son ganas de casarse. Debo confesar que yo, desde siempre, me he cuestionado mucho si el matrimonio es una buena idea. Sinceramente yo creo que no. Nunca me casé y jamás pienso hacerlo. Me parece que la convivencia, cualquiera que esta sea, con el tiempo se oxida y las cosas suelen complicarse de más.

Cambiamos nosotros, nuestras costumbres, nuestros gustos, nuestros hábitos y nuestras ideas. Por supuesto que los demás también cambian.

Luego entonces, no sé si de verdad valdría la pena hacer un esfuerzo de esa magnitud con tal de casarse. Me pregunto si el destino no le estaría dando una manita a la pobre Leian Lieza Galang. Quizás el universo quería prevenirla y no entendió las señales.

Aun así, espero que la pareja sea feliz y que tenga una boda memorable con ballet acuático y partido de watepolo incluido. Quizás para la cena cada quien deba pescar lo que se piense comer.

En fin… no sé qué piense usted, aguerrida damita, sensacional caballero, sobre el matrimonio, pero a mí me parece que mucha gente no se cuestiona si es o no un buen plan y si merece la pena casarse y engancharse a alguien hasta que la muerte los separe.

No niego que la vida en pareja pueda tener sus encantos, pero creo que se necesita demasiada madurez emocional para rifarse un acuerdo tan complejo.

Me parece a mí que hay que ser muy ligeros y vivir con el entendido de que todo puede cambiar, girar, variar y modificarse en cualquier momento. Compartir la vida es un asunto. Esperar que otro te salve y te resuelva la vida, e incluso suponer que te va a hacer feliz, es un completo suicidio.

Cada cual es responsable de su felicidad y de su proyecto de vida. Y si no lo tienes vale la pena que lo hagas antes de que pase más tiempo.

Pero les diré que para mí es mejor no casarse y vivir tranquilo. Solito, pero en santa paz. Si llega alguien bienvenida, pero que las cosas duren lo que tengan que durar. Sin plazos forzosos, sin contratos y sin tanto drama.

Al menos es lo que yo pienso. Me gustaría saber cuál será el índice de divorcios en nuestra ciudad, casi estoy seguro de que es mucho más alto que la inflación, las tasas de interés o que el crecimiento del PIB. Veamos:

Según datos del INEGI, en la capital del país de cada 10 matrimonios celebrados ocurren cerca de 4 divorcios: ¡un cuarenta por ciento! (y me parece poco).

La mayoría de los trámites de separación son solicitados por mujeres. Más de 60 por ciento.

Los hombres se divorcian cerca de los 43 años, las mujeres alrededor de los 41.

No faltará quien piense que estoy medio loco, y lo entiendo, pero, los datos no mienten.

Pasando a lo que en realidad nos interesa. Les diré dos cosas:

A) La columna con fecha del domingo 23 de agosto fue escrita completamente por su humilde y austero napkin.

B) La columna del domingo 30 de agosto fue hecha por ChatGPT, pero con harto trabajo y editando muchísimo cada frase y cada párrafo. Me explico:

La primera instrucción que le di a la IA fue que leyera las columnas que había escrito para Neotraba en “Filosofía barata y zapatos de goma”. Le pedí que las repasara y que buscara cierto patrón y que me diera su opinión al respecto.

Inmediatamente me comentó que la extensión siempre es la misma: 3 cuartillas, que escribo en párrafos breves y que los temas son bastante diversos.

También detectó que no existe un hilo conductor en cuanto a los asuntos que trato en cada columna. Nada tiene que ver un asunto personal, con las lecturas que hago y las noticias del periódico que me da por compartir.

Me dijo que utilizo un lenguaje desenfadado y que los textos tienen un narrador un tanto cínico y con un sentido del humor bastante peculiar.

Posteriormente le pedí que escribiera una columna. Le propuse dos temas. ¿Quieren saber qué fue lo que pasó? ¡Lo hizo bastante mal! Parecía que no me había dicho todo lo que me había dicho, es decir, primero escribió menos de una cuartilla y la escritura fue muy ordenada y pulcra.

Le hice estas apreciaciones y volvió a escribir la idea, pero seguía narrando todo con demasiada formalidad. Poco a poco logré que fuera adaptándose a lo que le pedía. Sin embargo, no logró hacerlo del todo bien.

Lo peor es que me dijo que si algo tenía mi escritura era que tenía una voz propia y que eso era muy difícil de conseguir y me quedó muy claro, pues por más correcciones que le hice no logré que escribiera del todo como acostumbro hacerlo.

Aclaro que no es que lo haga bien o mal, es sólo que quería que ChatGPT imitara por completo mi trabajo.

Para chingarla de acabar, comenzó a conectar las ideas unas con otras y aquello parecía más una tarea de secundaria que una columna que yo hubiese podido escribir.

Pasaron los días y después de unas ocho o diez correcciones los dos temas ya sonaban un poco más a lo que acostumbro a hacer. Aun así, aquello tenía pinta de ser un ensayo académico.

Al final encontré otros dos asuntos más para incluirlos en la columna, pero les confieso que tuve que ir puliéndola y corrigiendo a cada párrafo.

Siempre comienzo con entradas de este tipo: “en otros temas”, “por otra parte”, “en cuanto a mis lecturas” y expresiones por el estilo. ¿Pues qué se creen? ChatGPT se las pasó por sus artificiales e inteligentes testículos, le valió harta madre y no incluyó ninguna de estas formas para iniciar los párrafos.

Conclusión: pienso que ChatGPT con la guía y el acompañamiento debido podrá escribir cualquier cosa. Por ahora no logra hacerlo a la primera, pero creo que en unos cuantos años, quizás meses, las cosas serán muy distintas.

Por lo pronto el experimento me alegra y a la vez me llena de terror. Por un lado, me gustaría que Juan Rulfo escribiera otra novela. ¿Se imaginan?: lograr que un programa de Inteligencia Artificial pueda escribir de nuevo algo como Pedro Páramo.

Por otra parte, me pregunto: ¿dónde va a quedar la inteligencia humana, nuestra creatividad y nuestro desarrollo personal en algunos años?

Poca gente se esfuerza por crear cosas, por diseñar y por plasmar sus ideas en papel o mediante una pintura. La mayoría de las personas consumen, utilizan, trabajan, ganan dinero y se conforman con eso.

Pocos son los que dibujan, diseñan, hacen esculturas, construyen y se comparten. De verdad a veces me aterra lo que nos depara el destino. Creo que ya nadie se aprende un teléfono de memoria y quizás muchos de nosotros no recordemos ni siquiera cómo hacer una división sin la calculadora del teléfono.

Da terror, ¿no?

Para finalizar, les diré que durante la semana me rifé una peli espectacular. Se llama Blue Ruin. Va de tres cosas: venganza, venganza y venganza.

Lo que más me gustó es que desde un principio va completamente al grano. Directo a la yugular.

Les diré que es una película del 2013 dirigida por Jeremy Saulnier.

Cuenta la historia de un vagabundo, que al enterarse de que el asesino de sus padres está a punto de salir de prisión, emprende una cacería descomunal para hacer un ajuste de cuentas.

Todo se convierte en un lío familiar de dimensiones épicas.

Si pueden y quieren y si les agrada el tema de la revancha y el encono, rífense Blue Ruin me parece una muy buena opción para cualquier fin de semana.

Por ahora ha llegado el tiempo de partir. Me voy. Se me antojaron unos poderosos huaraches con costilla. Hay unos en el mercado de Jamaica espectaculares: salsa verde, quesito rayado, cebolla y un costillón encima. Si no los conocen dense una vuelta.

Les advierto que el sitio es un lugar nostálgico y de bajo presupuesto, pero les aseguro que vale totalmente la pena.

Se me portan bien, no quiero quejas.

Cualquier duda o sugerencia con esta columna que no cree en el matrimonio y que se quiere rifar un huarache con costilla, favor de mandarnos sus comentarios, legendaria damita, honorable caballero.


Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.


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