Tepic, Nayarit, 20 de mayo de 2026 (Neotraba)

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La amo.

(En realidad amo su nueva versión) extraño mucho a la anterior, aunque disfruto de sobra la compañía de quien es ahora. Está más relajada, me acepta como soy; le gusta el helado de nuez; me roba el refresco; canta con una alegría inexplicable “hoy he vuelto, madre, a recordar…” ¡qué ironía! De alguna forma, ese canto aún queda almacenado en su memoria.

Me sorprende y encanta la manera en que come galletas sin culpa y disfruta de estar en pijama todo el día. Antes, solo podíamos hacer eso por las noches, después de su rutina de embellecimiento facial, para que su piel luciera tan suave y hermosa como la de una quinceañera, y claro, a puertas cerradas.

Ahora me ve con la inocencia de una niña y ya no es necesario el tema de conversación, pues para ella todo es novedad ahora; todo es nuevo cinco minutos después…

–¿A dónde vamos?

–Al parque por un helado, ¿quiere helado?

–Sí, pero no me peiné, hija.

–Sí, ‘ama, hasta trae su diadema.

–¡No! –se toca la cabeza –¡Ah, sí!–

–Ya ve, anda bien guapa.

–Sí… ¿A dónde vamos?

¡Qué bendición la suya! Olvidar el sufrimiento de su niñez al ser hija de un hombre reconocido por la explotación hacia sus hijos, disfrazada del “trabajo arduo de la cuadrilla Olmedo”. Olvidar que le arrebataron a su hija, por la deshonra de un embarazo fuera del matrimonio, pero ¿Qué hacía ella? Si por ser mujer el miserable se la robó… ¡Qué dicha! Olvidar que su amado esposo, don Manuel, ha muerto… olvidarse de la soledad.

A mí también me olvidó.

Pero le agradezco los hermosos recuerdos que me dejó, que fui su niña adorada, sus regaños sin sentido, sus reclamos por no visitarla, sus llamadas insistentes para saber cómo estaba, su avena dulce, sus besos húmedos, sus piropos, sus oraciones, su preocupación, ¡su bendito amor!

¡La amo!

En realidad, amo su nueva versión, pero lo que más amo, es que jamás olvidó ser la abuelita más bonita, pintando siempre su boquita.


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