Ciudad de México, 3 de mayo de 2026 (Neotraba)

Tiempo de lectura: 8 minutos

Insensatos lectores: ahora resulta que me dio por regresar a hacer ejercicio. Encontré un lugar biendepocamadres en la Roma, los coaches son muy agradables y están bien mamaditos. La gente es ligera y amigable. El precio: bastante cordial.

Sólo tengo una pequeña queja: me siento de su puta madre.

El primer día que fui cerré la tienda un poco antes de lo normal, pasé a mi casa por un short y una playera y me lancé ilusionado rumbo a lo desconocido.

Al llegar descubrí dos cosas, una buena y una mala:

A) El lugar tiene estacionamiento, así que, pude resguardar mi acuamotito en un sitio seguro.

B) Justo enfrente del estudio hay una sucursal del “Remolkito de Sirloin”. Como bien sabrán es una taquería y los tacos no tienen vergüenza.

No sé ustedes, pero a mí me parece que no es de Dios pedir un chicharrón de queso después de hacer ejercicio.

Por otro lado, comienzo a pensar que el gimnasio y estos sujetos están coludidos para provocar que aquello se convierta en un círculo vicioso.

Sale uno de la clase estropeado, sediento, hambriento, con el cuerpo machacado y demandando proteína ¿y lo primero que nos ponen enfrente son unos tacos?

Aún no lo sé, pero esto me parece un tanto sospechoso.

No les voy a mentir: después de la sesión estaba lloviendo y me tenía que guarecer en alguna parte. No encontré otro lugar mejor que el Remolkito, por lo tanto, me receté una gringa y dos taqueshis de sirloin.

Debo mencionar un detalle y no es poca cosa: se equivocaron al traerme la orden y me regalaron un postre.

A mí me parece que me vieron tan pálido que pensaron que me iba a quebrar dentro de la taquería y para que no les clausuraran el local tuvieron la brillante idea de mandarme un cheesecake por cortesía de la casa.

Regresando al asunto central: la sesión la dio una chica llamada Mónica y como dirían las ñoras de Polanco: está gooooapísima. Aunque se ve que es brava de Bravolandia.

La clase consistió en hacer machaca de isquiotibiales, puré de abductores y picadillo de espalda baja.

Y de los glúteos mejor ni hablamos, no tengo y me duelen diamadres. Imagínese usted, damita, caballero, cómo estuvo la masacre.

Al otro día me pensaba mucho si valdría la pena sentarme a comer. Cada vez que flexionaba las rodillas sentía que no podría volver a caminar por el resto de mi apestosa vida.

Estuve meditando muy seriamente si valdría la pena rentar una sillita de ruedas. Pero decidí algo mejor: comí de pie.

Aun así, como soy todo un guerrero, regresé al siguiente día. Esta vez la sesión la impartió el Jefe Diego. Me parece que es el head coach. Aún no lo sé.

Lo que sí sé es que la putiza fue la misma, sólo que esta vez decidieron arruinarme la parte superior del cuerpo: bíceps, tríceps, pecho, hombro y espalda.

Resultado: ahora no me puedo ni poner una playera. Levantar los brazos para embadurnarme el shampoo en la cabeza es toda una odisea.

Y dirán que estoy loco o pendejo, pero, me inscribí saliendo de la segunda sesión.

La verdad el lugar y el ambiente valen la pena. El dolor pasará pronto y seguramente mi memoria muscular recordará este tema del ejercicio (aunque comienzo a pensar que padezco de Alzheimer muscular).

Por otro lado, no sé si trapearán con Carolina Herrera o con Chanel N° 5, pero el lugar huele bien chingón.

Sólo hay un pequeño detalle: según entiendo aún no tienen listo el aire acondicionado y yo a los 10 minutos de clase ya estoy sudando como mixiote.

Me comentaron que en breve aquello será el paraíso porque la temperatura ambiente será otra cuando quede el aire. Estoy seguro de que así será, de lo contrario me llevaré un costal de hielo y lo usaré como tapete.

Ya les contaré qué tal me va. Por ahora sólo puedo concluir que Impo Studio es un gran sitio para ejercitarse, conocer personas y hacer comunidad.

En otros temas: ¿nunca han pensado que en este país vivimos en una escena del Perro andaluz?

Como bien sabrán Un perro andaluz fue escrita por Luis Buñuel y Salvador Dalí y es una obra clave del Surrealismo.

El cortometraje es fundamental en la historia del cine y se basó en el cruce de sueños e imágenes irracionales de ambos autores, evitando cualquier explicación lógica o narrativa tradicional.

Y seguramente estarán pensando: hay unas cuarenta y tres mil quinientas cosas que me importan lo mismo que un tlacoyo de requesón y un kilo de tejocotes y este desmadrito del Perro Andaluz es la cuarenta y tres mil quinientas una.

Pero, permítanme tantito. Chéquese usté, damita, caballero, lo que me encontré en la primera plana del Reforma el día 25 de abril:

Se cae techo y van con casco

“Estudiantes de la secundaria Centenario del Estado de Morelos, en Jojutla, asisten a las aulas portando cascos de seguridad ante el desprendimiento de techos y daños estructurales que el plantel arrastra desde el sismo de 2017.

La medida fue adoptada por los padres de familia luego de que las lluvias humedecieran las losas y provocaran la caída de concreto sobre las áreas de estudio.

Esta deficiencia, que la comunidad padece desde hace casi una década, se agravó en los últimos meses con el desprendimiento de plafones y ladrillos completos en pasillos y bancas.

Ante el peligro de colapso, los adolescentes ingresan al plantel con cascos de motociclista o cascos industriales e incluso gorras para protegerse de los desprendimientos de las aulas.

Los alumnos señalaron que el uso prolongado del casco les genera sudor y picazón en el cuero cabelludo, además de representar una carga física que obstaculiza la concentración”.

No es que sea uno pendejo, es que con el casco no se puede pensar bien.

Les juro que no entiendo las cosas que ocurren en este país. Lo que más me sorprende es que llegamos a normalizar algunos sucesos que ni siquiera Luis Buñuel podría haber soñado.

Alguna vez escuché que Dalí visitó México y decidió marcharse. Dijo que le parecía imposible estar en un sitio más surrealista que él. No sé ustedes, pero a mí me parece que tenía mucha razón.

Para finalizar, les diré que el martes pasado me lancé al FCE de la Condesa. La idea era ver al gran Pedro Mairal.

Debo confesarles que llegué con una hora de anticipación y con tres libros en la mano: Maniobras de evasión, Los nuevos y por supuesto La uruguaya.

No les miento si les digo que he leído varias veces algunos textos de Mairal. Maniobras de evasión es una especie de autobiografía involuntaria.

El libro, editado por Leila Guerriero, es una recopilación de crónicas, columnas y textos del blog de Mairal (“El señor de Abajo”), que exploran la vida del escritor cuando no está escribiendo literatura “seria”, mostrando su lado B.

Más que simples ensayos los artículos son vistos como una manera de “no escribir” y, a la vez, como un modo de escapar de lo predecible.

En resumen: Maniobras de evasión son los textos que Mairal escribía para no enfrentar la página en blanco de una novela convirtiendo ese acto de esquivar el trabajo principal en una obra propia.

No sé si me di a entender, pero sí les puedo decir que es un librazo. Si pueden denle una oportunidad. A mí me gustó montones.

De La uruguaya sólo puedo comentarles que está dentro de mis 10 libros favoritos de todos los tiempos. Les diré que es una larga confesión de un sujeto que la caga y despedorra su matrimonio, que, viéndolo bien, despedorrado ya estaba.

La novela se desarrolla en un solo día. Tampoco se piensen que es el Ulises de Joyce. Es todo lo contrario. Un texto corto y devastador. Lo mejor de todo es que lo acaban de reeditar y en estos momentos se encuentra en librerías. Si yo fuera ustedes correría a comprarlo.

De Los nuevos poco o nada puedo decir, pues aún no lo he leído.

Al final del final, me firmaron mis tres libros y salí del Fondo de Cultura pechopaloma y con mi ancha sonrisa directo a celebrar con una cerveza y tres de pastor.

Por ahora por fin llegó el fin. La verdad pienso darme a la fuga: se me antojó un elote con harta mayonesa, chingos de queso y chilito del que no pica. Voy vengo. Se me portan bien, no quiero quejas.

Cualquier duda o sugerencia con esta surrealista columna que utiliza casco de seguridad, favor de mandarnos sus comentarios, honorable damita, distinguidísimo caballero.


Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.


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