Los demasiados temas, Miseria y el Levofloxacino
¿Cuál es el medicamento que los ha dejado en la lona? Gabriel Duarte escribe sobre esto y nos recomienda Miseria de Dolores Reyes, la segunda parte de Cometierra

¿Cuál es el medicamento que los ha dejado en la lona? Gabriel Duarte escribe sobre esto y nos recomienda Miseria de Dolores Reyes, la segunda parte de Cometierra

Por Gabriel Duarte
Ciudad de México, 29 de marzo de 2026 (Neotraba)
Tiempo de lectura: 5 minutos
Insensatos lectores: resulta que el angelito no durmió ni madres ayer y como diría el gran Sabina: “pero ya no era ayer sino mañana”, y, efectivamente, hoy es sábado no he dormido una pura chingada y tengo que entregar mi columna a más tardar a las 9 de la noche.
Esto podría no ser un problema si no hubiera un pequeño detalle: me tengo que ir a trabajar y lo peor de este asunto es que los sábados hay chingos de gente en el legendario down town.
Por un lado, tener trabajo es una bendición y todos los días lo agradezco, pero, por otra parte, de por sí hago harta pendejada en mis cinco sentidos imagínense qué va a suceder si llego con ojeras de perro al trabajo, desvelado y medio pacheco.
Y se preguntará usted, curiosa damita, elegante caballero: ¿qué chingados hiciste ayer, papacito? La verdad es que no hice nada. Intenté dormir. Salí de trabajar, me largué por un café y me rifé un pastel. Llegué a mi casa a las 7pm y me puse la pijama.
Sólo hubo un pequeño detalle: el jueves me sentí un poco mal de la garganta, pero no le di mucha importancia, pensé que con unos tragos de Bencidamina la armaba (si no saben que mierdas es la Bencidamina no se pierden de nada, les diré que es un líquido azul que parece criptonita y si la criptonita sabe a madres seguro es Bencidamina y no criptonita).
El caso es que el viernes amanecí mucho peor, me dolía la garganta y me sentía terrible. Con el mismo tono de voz que tenía Chavela Vargas, en sus peores días, me largué a la primera farmacia que encontré y les pedí que me recetaran (sin receta) el medicamento más potente que tuvieran para la garganta.
Ahora, gracias al patrocinio del Dr. Simi, estoy en mi trabajo, desvelado y hecho un imbécil. Pero aquí estoy. Trabajando y escribiendo al mismo tiempo. Sólo espero no despedorrar este artículo. Una disculpita de antemano si se nota que mi cuerpo está presente, pero en realidad mi alma y mi espíritu se encuentran de vacaciones en Saturno.
Ahora bien, cabe otra posibilidad, quizás puede haberme equivocado y sin querer entré a una clínica para rinocerontes.
Creo que el medicamento era para un puto oso bipolar. La medicina en cuestión se llama Levofloxacino. Desde el nombre ya se escucha peligroso y les juro que pega duro como Mike Tyson.
Tuve a bien tomarme dos pastillas porque si no hubiera sido imposible que hoy me pusiera de pie.
Aun así, intentaré escribirles algo medianamente legible. La verdad es que tenía hartos temas para tratar. Pero me temo que se quedarán en el tintero.
Quería decirles que encontraron culpables a Mark Zuckerberg y sus secuaces. Perdieron una demanda que sentará un precedente con severas consecuencias para Meta y YouTube.
Por otro lado, me hubiera gustado hablarles de Salvador Elizondo, escritor de Farabeuf, quien dejó un peculiar legado para sus herederos.
Y para finalizar, debo decir que me trae pendejo ese tema de Bansky y su identidad.
Pero como dijo Jack el Destripador: “vamos por partes”.
Paralelo a todo este desmadrito me aparecen algunos contratiempos: A) No he dormido ni madres desde ayer y son las 7pm. B) Francamente me parece que son demasiados temas para abarcarse en un solo texto. C) Creo que quizás merezca más la pena irme a dormir as soon as en chinga y tratar sólo un cuarto tópico.
Miseria
Resultó ser un novelón. Como les comenté es la segunda parte de Cometierra.
Les dejo acá la contraportada:
Sigo acostada. Tampoco tengo qué hacer. Pero no todo de acá es peor que antes. También hay algo bueno. Nunca nadie que me diga allá descansa el cuerpo de tu madre, este es tu padre, él te mató; esta es la tierra que te hace ver, probala. Acá nadie me conoce y eso para mí es un tesoro”.
Entre edificios que tapan el cielo, negocios y carteles que transforman la noche en día y multitudes en movimiento Cometierra va acostumbrándose a la ciudad.
Cuando resurge del insomnio y las pesadillas esquiva el reclamo de Miseria, la novia de su hermano Walter: Cometierra acá desaparece gente todo el tiempo. Acá tu don es oro.
Sin embargo, un augurio de muerte, la llegada de un bebé y la necesidad de encontrar a las chicas que faltan la fuerzan a revisar su juramento de no volver a probar tierra. Ante peligros aún mayores deberá medir una vez más su poder, pero ahora cuenta con un puñado de amigos y una aliada incondicional: Miseria.
En esta nueva novela, Dolores Reyes despliega el riquísimo universo de su libro debut, que le valiera el reconocimiento mundial y unánime del público y la crítica.
Resulta que este libro está biendepocamadres.
Les propongo algo: qué tal si me largo a dormir y el próximo domingo me tiendo como puesto de chácharas en La Lagunilla y me explayo a mis anchas en los temas que se quedaron pendientes.
Sirve que les doy mi opinión sobre el libro. Llevo 100 páginas y la cosa se puso de ambiente.
La verdad, después de todo se me quitó el dolor de garganta, por ahora lo único que quiero es descansar.
Cualquier duda o sugerencia con esta columna pacheca que deja todo a medias, favor de mandarnos sus comentarios, damita, caballero.

Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.
