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Por Leonardo Varela

Ciudad de México, 29 de septiembre de 2022 [00:02 GMT-5] (Neotraba)

Bermexo

para Juan Melgar

Lo más bermexo de un mar bermexo. En lo profundo de sus climas, donde respiran los enigmas a medianoche y el mediodía cierra sus válvulas. Sí, justamente en esa zona donde los dioses hacen sus nidos. Sí, sobre todo bajo esa lámina invisible hecha de luz. Sobre las olas de un vals bermexo distiendes tantos horizontes, podas sus músculos. Los pulsas como quien punza memorias buscando el eco de una presencia. Sí, desde luego en la liturgia de lo impensado –de lo impensable– entre las manos del océano y tras un margen purpúreo como quien entra súbitamente dentro de aquella habitación (a oscuras siempre) que es el poema.

Península

No siendo isla pero insulada por origen. Mas insular en su deriva todo a lo largo de la página, desde las odas a pie de pájaro hasta el etéreo encabezado donde los giros y las hablas de las gaviotas me desmenuzan. Porque me habitan todos los nombres desde el origen de aquella ínsula que nunca has sido y ahora eres, en esta saga de vislumbres, palpitaciones. Y en lo más ávido del calor. Para que al verme dentro del verso casi secreto –dentro del vaso entre mis dedos pero carente de forma donde me pienso a mí mismo cual una fórmula indefinida que me contiene– te prolongues por mero esfuerzo de sombra hasta doblarte sobre ti misma y derrumbarte. Pero en la orilla, no siendo real.

Transpeninsular

Exactamente, la carretera. No mucho más que una franja neutra de cinta asfáltica. No sin motivo, a mediodía va diluyéndose con lentitud. Va supurando con vehemencia igual que un ciego sigue a otro ciego. Lo mismo que la serpiente transformada usa las astas del viejo bura como tocado para las fiestas de la llovizna. Del mismo modo que algún aroma va difundiéndose por el ovillo del pensamiento y como el mismo pensamiento (del cual funciona como oráculo) mientras los dedos de las islas pasan revista de su camándula en oración. Porque el silencio del desierto es una suerte de letanía cuyo comienzo está en todas partes mas sobre todo –este es mi énfasis– sobre las colas de los venados y en las ornadas siete puntas que coronaron las siete formas de la serpiente. En lo dorsal de la carretera que te construye, recorriéndote desde un principio (que no existe) hacia un final que está siempre fuera de nuestro alcance.

Flor de capomo

para Flor en la Oreja

Dicen los yaquis: Flor de capomo. Dice Chalino: Agarro puños de flores. Dice el poema: Agarro puños de estrellas y me encamino entre los rumbos hasta que todo se vuelve página. Dicen los rumbos: (pero los rumbos no dicen nada ni las estrellas nos observan mientras pulsamos estas cuerdas y las montañas encabalgan todos los versos, las estrofas y hasta el entronque con las islas y hasta esta orilla verdadera donde la Luna cae sobre el mundo en lo más álgido de la sierra cual una hermosa flor de capomo…) La sierra dice nuestros nombres, flor de capomo. Los repite –cariño mío, flor de capomo– con insistencia conforme vamos avanzando dentro del tiempo.

Spiritu Santo

Tienes razón, no somos el origen. Tienes toda razón y toda ciencia cuando confirmas aquella lanza herrumbrada que te precede en el discurso. Tienes todas las pruebas de tu parte cuando me niegas cual argumento porque mi ciencia no tiene ciencia y todo poema representa solo un desvío inapreciable de tu mirada desde la orilla, pero recuerda que en el guiño –al parpadear– literalmente me vuelvo dueño de las islas. Me vuelvo todo lo que no existe si miro todo cuanto existe desde la altura de un instante y mi existencia ya no te sirve comocontra-argumento. Estoy naciendo en estas líneas. Tengo la carne de las islas entre mis yemas y las espumas del poema a mi favor.

Leonardo Varela. Foto por cortesía de Manuel Parra Aguilar

Leonardo Varela (Ciudad de México, 1970; desde 1984 se trasladó a La Paz, Baja California Sur). Miembro del Sistema Nacional  de Creadores del CONACULTA de 2011 2014. Maestro en Historia del Arte por la UNAM. Ha sido ganador de los premios internacionales de poesía Jaime Sabines y Gilberto Owen, entre otros. Desarrolla una investigación sobre las misiones jesuitas de la Antigua California. Colaboró en el Archivo Histórico del estado de Baja California Sur, publicando como editor La California jesuita y en coautoría Pinturas rupestres, misiones y oasis en la península de Baja California. Coordina e imparte el curso digital de poesía: Poesía ni eras tú. Libros: Prohibida azul distancia, Comala Blues y Anamorfosis, entre otros.

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