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Por Mauricio Morales

Puebla, México, 10 de junio de 2023 [00:10 GMT-6] (Neotraba)

Vuelvo a leer la nota de una periodista francesa, enfatiza que tal vez yo misma soy un arquetipo del universo de Wong Kar-wai, donde las palabras sobran, o importan menos de lo que podemos decir con miradas, con silencio. Quisiera decirle, a ella y a todos, algo más cercano a la verdad: que si en las entrevistas respondí con pocas palabras fue por sentirme avergonzada. No hablaría de la impresión que una actriz debutante sufre al convertirse en el centro de admiración. Declararía la vergüenza que siente una mujer enamorada.

Desde hace un par de semanas experimento, luego de despertar, una extraña desorientación, creo, durante algunos segundos, que estoy en la habitación de algún hotel en alguna capital del mundo. Imagino que me espera otro largo día de entrevistas. Me veo presa del horario por cumplir. Me veo rodeada de asistentes, reporteros, cámaras y luces. Me veo otra vez cerca de él. Pero después, ya despierta del todo, recuerdo que esos días han terminado. Estoy sola, de regreso en el departamento al que llegué cuando me decidí a buscar mejor fortuna en la actuación. Sola, quiero estar sola por un tiempo, eso fue lo que les dije. Podría perder las oportunidades que el momento traería. Necesitaría un agente que me abriera camino en los estudios, que me presentara a los directores y a los proyectos más adecuados. Ahora mismo podría estar en una nueva grabación. Tal vez sí, tal vez ahora mismo desaprovecho el impulso del momento. Despierto tarde. No salgo. Ordeno la comida en aplicaciones de entrega a domicilio, para recibir sólo asomo un brazo. No quiero dar autógrafos, sonreír para fotografías.

Veo películas. Veo el celular durante horas. Busco reportajes, entrevistas y reseñas. Leo comentarios de personas de todo el mundo, a algunos les respondo en mi mente. Leo muchas veces las notas que hablan de mí, las notas que hablan de ellos, de él. He memorizado algunos fragmentos, los recito frente al espejo antes de dormir, hago esto como un ejercicio de interpretación. Pienso que soy ese corresponsal del Reino Unido, o esa crítica especializada en cine de autor de México. Tal vez pierdo el tiempo, pero necesito estar sola. Una mañana, estoy segura, no sentiré más esta necesidad. Una mañana dejaré de imaginar cómo es su vida.

…especial dedicado a Dragón de luna, la nueva película del prestigiado director chino Wong Kar-wai. Analizamos la leyenda que inspiró la cinta y presentamos, a partir de entrevistas exclusivas, un perfil de Su Zhen-yuk, la brillante actriz que ha cautivado a crítica y audiencia por su destacado debut en pantalla grande.

El poema y la película.

Dragón de luna es también el nombre común que los habitantes de la ciudad china Kaifeng dan a una antigua leyenda. Aunque es patrimonio popular, una más de las historias que, por generaciones, abuelos o padres cuentan a los niños, historiadores refieren que el poema épico Un dragón frente a la luna, escrito alrededor del año 1242 y atribuido a un autor anónimo, es la primera versión escrita de la leyenda y, por tanto, el referente más importante para conocer a Lai Mo-wan, consejero imperial, hombre que se hizo dragón, dragón que prometió volver.

Aunque está dividido en nueve capítulos, tres son los momentos que explican la preeminencia del poema dentro del imaginario colectivo de un pueblo.

Tercer capítulo del poema: secuencia inicial de Dragón de luna. Al cumplir diez años como consejero principal del emperador Chow Yiu-fai, Lai Mo-wan lee en una luna creciente la profecía que regirá su destino. Para la apertura, Wong Kar-wai vuelve a desplegar su maestría en el manejo de la iluminación: una atmosfera etérea envuelve a Tony Leung y lo muestra como si fuera el…

…preguntamos a Su hace un momento, Tony, si ella conocía ya la leyenda, nos contó con gusto que sí, que su madre solía contársela cuando era niña, le daba el nombre de “El dragón consejero”, y que en su familia disfrutaban mucho volver a compartir la historia. Sabemos que tú eres de Hong Kong, una ciudad un tanto lejana a la provincia de Henan, de donde es originaria la leyenda, pero cuéntanos, ¿tú ya conocías a Lai Mo-wan, este héroe mágico que lograste interpretar de forma tan esplendida?

TL: para ser honesto, sabía de su existencia, aunque no fue parte de mi formación…, la verdad es que conocí la historia a profundidad justo mientras filmábamos la película…, quiero decir…, no quiero arruinar la sorpresa a los espectadores, sabemos que Dragon de luna no es…, no es una reproducción fiel de la leyenda…, pero en la grabación sí contamos con un equipo de expertos que asesoraron a nuestro director y a la producción para lograr una interpretación respetuosa. Gracias a ellos entré al grupo de fanáticos, a esta…, casi pasión que uno puede sentir por la leyenda…, La vida de Lai Mo-wan es un ejemplo atemporal, es casi…, podríamos decir que es casi un arquetipo…

EP: en otra entrevista decías, Tony, que en ese Lai Mo-wan joven, el que se ve obligado a decidir eso que decide, tú veías una psicología similar a la del joven Raskólnikov, el personaje protagonista en la novela de Dostoyevski, en

TL: en Crimen y castigo, sí… Las reflexiones de ambos hombres pueden resultar hermanadas. El proceso mental que lleva al estudiante a cometer su crimen es similar al proceso que emplea Lai Mo-wan para dar sentido, en un primer momento, a la profecía. Si bien él no comete el acto con sus propias manos, sabe qué razones usar para convencer al emperador. Lo que me resulta definitivo es el convencimiento que los dos personajes tienen; Lai Mo-wan está convencido, también, de que la desaparición de un individuo puede ser benéfico para el colectivo…

EP: el convencimiento es, además, un motivo principal en Dragón de luna, no sólo en la parte de la película que representa una leyenda con tanto arraigo como el que ya nos explicó Su, sino también en ese, cómo llamarle… Quiebre, en esa vuelta de tuerca sin precedentes que es la segunda sección de esta cinta. Porque Tony Leung está convencido; ese Tony Leung que se quita las alas del dragón y sale del set para enfrentar su propia encrucijada…, ese hombre está convencido de cuál es la respuesta. No te preocupes, por cierto, si revelas o no algo de la trama, esta entrevista llegará al público en un momento en que ya todos los fanáticos del cine, en todo el mundo, tendrán la quijada en el suelo por el final de la película…, yo estoy convencido de eso. Así que, sin precauciones… Su ya nos comentó lo divertido que fue para ella interpretar a Su Zhen-yuk; cuéntanos tú, Tony, ¿cómo fue la experiencia de actuar para dar vida a Tony Leung?

Despertar en el hospital también fue complicado. Tal vez fue ahí donde comenzó esta inquietud que me acompaña unos momentos luego de abrir los ojos. Nunca había despertado en un hospital. Nunca imaginé que un día, luego de abrir los ojos, lo vería a él. Tony Leung, sentado a un lado de mi cama, con un libro entre las manos, a punto de ser vencido por el sueño. Era él, ¿qué otra cosa pude haber hecho? En esas mañanas, después de despertar, algo de mí seguía bajo el mandato de la naturaleza que somos al soñar.

Tal vez fue como un tropiezo del tiempo, algo en la luz, algo en el aire me hizo sentir que no era yo, sino alguien más. O, tal vez, algún latido del corazón fue idéntico a uno que tuve muchos años antes, y por eso creí que era otra vez la niña que amaba escuchar a mi madre contar la vida del dragón consejero. ¿Cómo hubiera reaccionado ella si un día, en la almohada vecina, hubiera encontrado los ojos abiertos, serenos, de Lai Mo-wan y no los distantes, cerrados siempre, de mi padre?

Sé que esta fantasía no termina de explicar lo que dije, pero a mí, ahora que estoy sola, puede ayudarme a encontrar el nuevo comienzo. Puede ayudarme a volver a pensar sólo en mí. Puedo restarle importancia a la aparición que él hizo en mi cuarto de hospital. Eso ahora es sólo parte de una película. El hecho es que él sólo quiso ser un colega atento. Y yo tuve la mala suerte de ser la única persona que terminó hospitalizada a causa del accidente. El hecho es que yo estaba en un lugar en el que no debía estar, ese buffet era sólo para los actores principales, y yo sólo era una extra más. Una alfarera que debía mirar, asombrada, el vuelo del dragón en rumbo a su último ataque. En la grabación el cielo siempre estuvo limpio de las animaciones que harían después con las computadoras, pero en cada toma yo volví a recordar la manera en que mi mamá movía sus manos y su cuerpo para representar, en nuestra pequeña cocina, el aleteo del héroe que antes de morir ganó para su pueblo su última guerra.

Algo similar debió pasar en el hospital. Al despertar debí sentir que era uno más de los heridos que Lai Mo-wan visitaba después de las batallas. Tony Leung hacía un gran esfuerzo por mantenerse despierto, el libro que casi caía de sus manos era Un dragón frente a la luna. Tal vez fue que por haber leído el titulo mis palabras comenzaron a ser elaboradas en lo que aún quedaba del sueño. No fui consciente de mis actos. No vi que, a mi izquierda, en el fondo de la habitación, un camarógrafo me enfocaba.

…reconoce que su primera interpretación fue incorrecta: Chow Yiu-fai, el emperador, no debía morir. Avergonzado, mientras las exequias son celebradas, Lai Mo-wan decide recluirse para concentrar toda su energía en la lectura, una vez más, de la luna. Al final de una semana obtiene las respuestas: el dictador sanguinario observado en la primera visión es un impostor, un espía infiltrado que con el tiempo habría llegado a suplantar a Chow Yiu-fai. Las palabras dichas por el emperador antes de expirar son ahora inteligibles gracias a la claridad de la luna llena: el mensaje es en realidad un conjuro, de transfiguración.

El sexto capítulo del poema: última sección de Dragón de luna ubicada en el contexto de la leyenda. Lai Mo-wan entiende que el emperador intentó convertirse en dragón, pero murió antes que el proceso pudiera comenzar. El consejero reconoce su error y para disculparlo acepta su destino, sabe que, después de haber repetido el conjuro su cuerpo ha comenzado a cambiar.

La inteligencia militar que también lo caracterizó le dicta el camino a seguir, lo primero que debe hacer es tomar el control del tiempo, adelantarse al enemigo. Lai Mo-wan regresa al palacio, convoca a una asamblea de consejeros y generales, frente a ellos desenmascara al espía y expone el plan de acción que evitará nuevas y sangrientas batallas. Es decisión unánime de la asamblea nombrarlo consejero regente y comenzar con la ofensiva, el enemigo será atacado con su propio filo.

A lo largo de toda esta sección, Tony Leung cumple un trabajo de actuación magistral para encarnar una serie de estados emocionales que nos permiten identificar las cimas y los abismos de la naturaleza humana. Es imposible no sentir empatía, en más de un momento, hacia la vergüenza y la…

…observar la explosión en el fondo del plano, con ella comienza este experimento narrativo que ha maravillado por igual al público y a la crítica, al menos a un sector mayoritario de la crítica. La explicación, creo, es que todo el tratamiento dado a la cinta, desde este momento de ruptura, es algo nunca visto en la trayectoria de Wong Kar-wai. Es cierto que intentar algo novedoso implica actuar con valentía, pero creo que no siempre el espectador y la crítica tienen que verse obligados a aplaudir todo lo que sea presentado con la etiqueta de nuevo, de arriesgado. Porque el mayor riesgo puede ser no lograr una obra contundente, una obra que pueda, por si sola, conmover al público, tocarlo, refrescar su mirada. Ante este riesgo Dragón de luna no sólo no sale indemne, sino que termina por padecer más de una aflicción.

Podríamos hablar, en primer término, de la esfera técnica: las fallas en el argumento, mismas que sumadas sostienen este escandaloso final. Digo escandaloso por referirme a las reacciones tan vehementes que ha generado en redes sociales. Las opiniones que he podido revisar califican este cierre de sorpresivo o inesperado, en lo personal creo que también podríamos llamarlo ilógico, porque las acciones de los roles interpretados por Tony Leung y Su Zhen-yuk no cuentan con las indicaciones suficientes para hacernos sentir que son consecuencias naturales. Wong Kar-wai ha querido justificar el acto de Su, la actriz de ficción interpretada por Su Zhen-yuk, al decir que ella sufre de un delirio similar al que experimentó don Quijote; sin embargo, yo no imagino una razón por la cual don Quijote iría en contra de su amor ciego por Dulcinea del Toboso para atacarla de la manera en que Su ataca a Tony Leung, el Tony Leung de ficción que, después de renunciar al personaje de Lai Mo-wan y atravesar un doloroso divorcio, parece sentirse enamorado de una colega a la que sólo ha conocido por azar y con la que sólo ha tenido un par de conversaciones. Tendría que hablarse de una locura dentro de la locura. Y la escena en que vemos a Tony Leung descubrir, alrededor de la herida hecha por Su, que debajo de su piel humana hay otra parecida a la que tendría algún reptil, ¿significa esto el regreso prometido por Lai Mo-wan? Tal vez por eso Wong Kar-wai ha declarado que a nuestra época le hace falta revivir leyendas, creer más en ellas; en eso podemos estar de acuerdo, pero ¿era esta la mejor manera de representar el punto?

Por otra parte, resulta interesante, incluso un poco extraño, observar el complejo y contradictorio engranaje discursivo que, desde el momento del estreno, ha sido construido en torno a la película. A esto me refería, hace un momento, cuando mencionaba la posibilidad de una obra que por sí sola logre comunicar sus ideas. Dragón de luna es una obra, no tan elocuente, que ha necesitado de las declaraciones de su medio más inmediato para intentar defender un tema que no encontramos del todo representado en imágenes. Es verdad que en la tradición del cine encontramos ejemplos de obras que, para ser reconocidas en su plena medida, han necesitado conjugarse con dichos o actos de sus creadores, del público o la crítica de su tiempo. Pensamos en cintas cuya producción ha sido entorpecida o impulsada por personas con motivaciones muy lejanas a las historias que se quisieron representar; cintas ejecutadas por directores o actores cuyo compromiso con la historia es tan elevado que terminan por trastocar ya no sólo su ejercicio profesional sino la totalidad de su vida. El ciudadano Kane, de Orson Wells es un ejemplo; el destino que encontró Heath Ledger en la grabación de Batman: el caballero de la noche es otro. Para el mismo Wong Kar-wai ha sido útil hablar de su proceso creativo, la manera en que dirige sus películas sin utilizar un guion definitivo. Esa incertidumbre es, por ejemplo, un ingrediente principal en el éxito estético y comercial de In the mood for love, uno de sus antecedentes más celebrados. En esta ocasión, sin embargo, esa incertidumbre se ha tornado en inconsistencia, en fragilidad. Las declaraciones del director y el elenco señalan realidades incompatibles, por momentos inverosímiles. Tal parece que el aura de magia que se quiere atribuir a Dragon de luna es en realidad un sentido de accidente.

Antes de mi conclusión quiero hacer un paréntesis. Al inicio de este video les avisé que comentaría sobre una serie de rumores que enrarecen todavía más el ambiente alrededor de la película de esta semana. Ocurre que medios europeos, a partir de la supuesta filtración de memorándums usados por el estudio para gestionar la producción, han comenzado a indicar dos hechos a mi parecer trascendentales: la actriz con rol protagónico habría sido Maggie Cheung, una presencia asidua en las cintas de Wong Kar-wai, y su personaje tendría aparición en el contexto de la leyenda, no en el de nuestra época. El segundo dato es que el accidente, ese que Tony Leung y Su Zhen-yuk han descrito de maneras distintas, no ocurrió por un error del equipo experto en explosivos, sino por el descuido de unos cocineros que tenían a su cargo un banquete con el cual sería celebrado el cumpleaños del actor.

No es mi intención acusar a nadie de nada, no es la intención de este espacio hacer juicios que vayan más allá de la crítica artística, la verdad es que Dragón de luna ha despertado un interés muy grande en mí y me resulta imposible dejar de…

En cuanto contesté comenzó a contarme sobre el proyecto de su amigo, sin preocuparse en saludar, como si la última vez que hablamos hubiera sido cinco minutos antes. Sólo quería darme la información necesaria para que yo pueda asistir a la audición. Le pedí que esperara mientras conseguía donde anotar. Al abrir otra ventana en el celular sentí, con alegría, que no estaba nerviosa, que no me incomodaba saber que era él quien llamaba.

Después de verificar que los datos estuvieran correctos le pregunté si quería decir algo más. Hubo un momento de silencio, tal vez demasiado largo, pero tampoco fue desagradable. Al final dijo que sí, quería llenar los vacíos que había dejado en su última explicación. El camarógrafo lo seguía a él porque ya estaba planeado realizar un documental sobre la grabación de la película, a todos les pareció correcto incluir algún apunte acerca del accidente; pero me visitó porque en realidad se preocupó por mí. Él le contó al director sobre todo eso que dije cuando fue a visitarme al hospital. Fue idea de Wong, dijo, hacer el cambio en la historia, le ayudaría a la producción a resolver el problema de agenda que tenían con Maggie. Gracias al trabajo de edición, los segundos que grabaron cuando desperté serían más que suficientes para lograr el efecto imaginado por nuestro director: la confesión de amor de una mujer desorientada que cree tener frente a sí a un héroe legendario y no a un hombre común y corriente. No tuve que recordarle que eso no fue actuación. Después de pensarlo mucho ha concluido que no es algo para tomar tan en serio, me agradeció haberlo hecho sentir halagado. Por algo nos hacemos llamar admiradoras, le dije, y sentí que lo dije como una verdad simple y genuina. Los dos reímos. Me felicitó también por el par de escenas en las que mi actuación sí fue necesaria, me pidió aceptar los reconocimientos que las personas hacen a mi trabajo. Debes asumir que eres una actriz. Por eso le habló de mí a su amigo director, en verdad cree que yo puedo competir y quedarme con el papel. Le agradecí, le aseguré que sí me presentaré a la audición. Hubo otro largo silencio. Después preguntó si yo quería decir algo más. Sentí ganas de hablar de la leyenda, quise contarle ese final que he atesorado desde la infancia y que es diferente al del poema que todos conocen.

Lai Mo-wan anuló una gran guerra gracias a la idea de usar espías, guerreros entrenados para suplantar, como dobles exactos, a personas en puestos estratégicos, políticos y militares, dentro de imperios enemigos. El método permitió décadas de paz. Luego, un nuevo emperador, en un territorio vecino, dio otra vuelta a la táctica. Era bien sabido que Lai Mo-wan disfrutaba de tener contacto con los pobladores, en guerras pasadas él se encargó de visitar a los guerreros heridos para agradecerles el servicio. Con el propósito de aprovechar esta exposición, un guerrero espía fue entrenado no para suplantar a un alto mando, sino a un hombre común y corriente, un aspirante a soldado. El imperio vecino atacó para generar heridos, entre ellos tendría que estar su espía, él tendría que matar a Lai Mo-wan. De acuerdo con una versión coloquial, cuyos seguidores son tachados de cursis y blandos, el guerrero era en realidad una emperatriz que buscaba el dominio completo de la región y que no quiso dejar el éxito de su ambición en manos de algún subordinado. Ella esperó en el lecho sobre el que fingía recuperarse de una lesión. Antes que ser engañado, Lai Mo-wan reconoció tener ante sí a una mujer feroz. Ambos se sintieron enamorados y ningún ataque fue ya posible. La paz de los pueblos fue pactada con un voto de amor.

Tony entendió porque resultó tan útil todo lo que yo dije en el hospital. La confesión que guardé en el corazón desde que era una adolescente y comencé a fantasear con, un día, actuar en algo que me permitiera estar cerca de él. Al final, antes de terminar la llamada, Tony me felicitó porque, de alguna manera, mi sueño estaba cumplido. Ahora puedes hacer algo más, dijo al despedirse.

Hasta que decida si algún día lo cuento, tendré para mí, sólo para mí, el recuerdo del asombro que llenaba el rostro de Wong Kar-wai el día que también me visitó en el hospital. Estaba desesperado por preguntarme cómo pude saber el diálogo exacto del personaje, cuando sólo él conocía las versiones del guion que tanto le costaba definir.

Tal vez, durante un segundo, mi piel se erizó de la misma manera en que lo hizo una noche, hace muchos años, cuando quise creer, contra la convicción de mi familia, en el viaje que esa emperatriz hizo hasta la luna, montada en ese dragón.


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