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Cuitláhuac Quiroga, foto de Luis J. L. Chigo.
Cuitláhuac Quiroga, foto de Luis J. L. Chigo.

Por Luis J. L. Chigo

*Con la colaboración de Lizeth Tlatelpa de Roman

Puebla, México, 14 de marzo de 2020 (Neotraba)

La Casa del Libro, de reciente apertura y propiedad del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP (ICSyH-BUAP), tuvo en una de sus salas la presentación del poemario Un hombre, un camino. En el lugar se dieron cita Mario Méndez, poeta y Cuitláhuac Quiroga, editor de Tilde Editores.

El recinto tuvo varios asistentes, entres los cuales se podían notar, por su acento, a españoles o descendientes de los peninsulares. Eran las seis de la tarde y la luz no podía ser mejor para el recinto, un edificio colonial pintado de un amable color rosa. Las propuestas poéticas fueron abundantes. La oportunidad de conversar con ambos no fue desperdiciada. Hoy, la entrevista con Cuitláhuac Quiroga.

Fue colaborador de El Financiero y el Diario de Monterrey, se ha desempeñado en otros géneros como la narrativa y la poesía. Es egresado de la Escuela de Escritores de la SOGEM. Además fue becario de Jóvenes Creadores del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo León y de Investigación del Centro de Escritores de Nuevo León.

El proyecto editorial de Cuitláhuac lleva ya diez años. Año con año sus propuestas crecen, Tilde Editores es de un semblante innovador. De repente es un poco complicado por ser casi homóloga a una editorial cuya línea son los clásicos.

Escucharlo nos revela los conceptos que le atraen. En la siguiente entrevista, nos habla de su trabajo como editor y de las literaturas del norte.


Logo de Tilde Editores
Logo de Tilde Editores

Luis J. L. Chigo. ¿Quiénes son y cómo comienza Tilde Editores?

Cuitláhuac Quiroga: Empezamos con una serie editorial, la Colección Sextantes, es sobre las ciudades; comenzamos a trabajar el tema de las reflexiones que hacen nuestros autores entorno a las áreas metropolitanas en México.

Seguimos con Narrativas, la inauguramos con Héctor Alvarado, un escritor que acaba de ganar un premio en Tijuana, que es Premio Bellas Artes Juan Rulfo, premio de narrativa en Colima.

También un trabajo de Coral Aguirre –que ahora presentamos en la Universidad Autónoma de Nuevo Léon, en el UANLeer 2020 y de ahí nos vamos a Guadalajara, justamente a la Feria Internacional del Libro 2020–, novelista argentina, novela que se llama Una Patria Aparte. Además, tenemos una colección de poesía en la que llevamos tres títulos, entre ellas la de Mario Méndez, Un Hombre, un camino.

LJLC. ¿Cómo selecciona Tilde Editores a sus escritores?

CQ. Las literaturas en el mundo trabajan con circuitos. Hay un circuito que es muy comercial, en donde figuran los escritores que más relumbran en los medios de comunicación.

Pero cuando nosotros, que somos una editorial de Monterrey, advertimos que las calidades son más o menos similares –es decir, tú puedes perfectamente encontrar en Cusco, Perú o en Córdova, Argentina, Monterrey, México, Puebla, a escritores de gran calibre, con enorme capacidad y con un enorme discurso literal–, entonces la apuesta de Tilde es ir tras esas firmas para hacer circular esas otras literaturas, en un sentido en donde ya no entendemos la literatura mexicana como literatura mexicana sino como las literaturas nacionales.

Puebla tiene su propuesta en las literaturas nacionales, el noreste de México tiene su propuesta como parte de las literaturas nacionales. Tiene que ver con translocalizar las propuestas editoriales y literarias que hay más allá de la capital del país y que compiten en calidad, discurso y en la capacidad de asombrarnos como los escritores que se quedaron en la Ciudad de México.

Cuitláhuac Quiroga, foto de Luis J. L. Chigo.
Cuitláhuac Quiroga, foto de Luis J. L. Chigo.

LJLC. Aparte en Monterrey el mercado editorial es enorme y de muchísima calidad. Recuerdo que Antonio Ramos Revillas, quien lleva la editorial de la UANL, mencionaba que en 2019 se publicaron 110 libros bajo este sello editorial. Un libro cada tres días, más o menos.

CQ. La literatura en el noreste –la zona en que nosotros estamos, que es Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas– pertenece a un área geográfica y cultural que no termina en México sino que trasciende la frontera.

Los escritores mexicanos que viven en Texas, por ejemplo, han crecido por lo menos en los últimos 20 años. Sus discursos se han depurado, han dejado un poco el lastre de sentirse escritores de provincia como para entenderse, creerse y escribir desde su genuina propuesta literaria, y eso les ha dado mucha madurez.

Tenemos voces en la literatura norestence de muy alto calibre como David Toscana, Héctor Alvarado, Eduardo Antonio Parra. En la parte de Texas tenemos también propuestas muy buenas. Calculo que nos enfrentamos a un mundo editorial que propone literaturas nacionales y a un nuevo modo de entender las propuestas literarias en el país.

LJLC. ¿Y cómo se hace esta vinculación con Estados Unidos? ¿Qué tan complicado es de repente llevar el trabajo?

CQ. Lo complicado son las fronteras geopolíticas pero la cultura no se detiene. Tenemos un enorme mercado editorial en Estados Unidos en español. Así como se venden el pan Bimbo o las tortillas de harina Tía Rosa, se venden libros, ideas, se hacen circular paisajes y mundos posibles. Creo que la literatura está haciendo su camino en ese sentido. Hay un mercado extraordinariamente grande en Texas: estamos hablando de 12 millones de lectores más los 22 millones de lectores que tenemos en el noreste.

LJLC. ¿Qué tanto han lidiado con los prejuicios de ser una editorial del norte del país? Porque de repente es “¿Qué escriben en el norte? ¡Ah, narcoliteratura!”. Para quienes estamos aquí en el centro el narco es la única esfera narrativa que hay por esos rumbos.

CQ. Esa es una parte, una hebra del entramado, del tejido que implica las literaturas y sensibilidades en el norte. Está presente mucho la geografía, que es áspera, es árida. Pero el norte también tiene que ver con las sensibilidades y los registros de ciudades que se construyeron y consolidaron fundamentalmente –estoy hablando de Monterrey– en la posguerra. Son otras las latitudes desde las que se registra esa sensibilidad.

Más allá del narco, el norte tiene mucho que proponer y tiene mucho que ver con los encuentros y desencuentros que implican las migraciones. Monterrey es una ciudad de migrantes; conocemos a los poblanos gracias a las migraciones. Monterrey tiene muchos poblanos, por ejemplo, pero también tiene muchos hondureños, potosinos, huastecos.

Tiene como segunda lengua más hablada al náhuatl, lo cual nos enfrenta desafíos y entendimientos de una lengua muy dinámica. Frente a las culturas y a las dimensiones de entender las culturas en el centro-sur del país, que son mucho más estables desde el punto de vista de las modificaciones de los usos y las costumbres, nosotros somos culturas en una constante adaptación y constante dinámica de cambio. Eso hace que los registros literarios sean enormemente diversos, y que aportan al discurso de las literaturas nacionales.

LJLC. ¿Se podría decir que el mundo editorial en el centro del país sigue siendo conservador?

CQ. Tiene una dinámica diferente. Por ejemplo, los registros de literaturas nacientes que se configuraron durante el siglo XX; no se puede hablar de las literaturas en el noreste sino de expresiones que se construyen en el siglo XX. Por lo mismo que son nuevas también tienen una enorme posibilidad de desasirse de los cánones, de trabajar con nuevos recursos, construir nuevos puentes y nuevas estrategias.

Cartel de la presentación de Un hombre, un camino.
Cartel de la presentación de Un hombre, un camino.

LJLC. ¿Cómo llega Tilde Editores a Mario Méndez?

CQ. El trabajo con Mario Méndez empezó por su interés en que publicáramos un libro. Nosotros creímos en su propuesta, creemos que tiene un mercado particular.

Este tema del Camino de Santiago es un tema del que nosotros no conocíamos un referente en las literaturas nacionales y creímos que valía la pena mostrar esa ventana de poesía. Nos ha ido muy bien porque agotamos ya la primera edición, nos la acabamos en seis meses y eso nos hace pensar en que el libro tiene bastante destino y futuro.

LJLC. Hay un público español gigante también aquí en México y aún con eso podría ser silencioso. Acabas de mencionar que la segunda lengua más hablada en Monterrey es náhuatl. ¿Tilde Editores tiene alguna propuesta para estos públicos de alguna forma periféricos?

CQ. Sí, la idea es cómo construyes literatura desde la diversidad. Es decir, cómo presentas propuestas que sean integradoras, que por una parte se planteen un público general pero por la otra aporten a la riqueza desde su especificidad.

En ese sentido tenemos una colección que empezamos en 2020. Presentamos un libro de Coral Aguirre, una novelista argentina radicada en México. Luego un escritor de la diversidad sexual, Joaquín Hurtado, que es un referente en la lucha contra el VIH pero que también tiene una altura y una hondura literaria importante. Seguimos con un escritor que es náhuatl de origen, procedente de Veracruz, con una propuesta sobre poesía. Nuestra apuesta es en qué medida lo ancilar es universal.

LJLC. Si alguien un día quisiera poner una editorial y toma como referente a Cuitláhuac Quiroga, ¿qué recomendaciones le daría para ese trabajo?

CQ. Es un trabajo difícil de principio. Nosotros somos una editorial que tiene maquinaria, tiene los dos componentes de la industria editorial: tanto la parte del proceso industrial del libro como de la parte editorial propiamente dicha. Lo cual nos hace tener una mayor ventaja desde el punto de vista del costo del libro. En un país con 60 millones de pobres desde luego tenemos que buscar que los libros sean baratos, accesibles y ofrecer propuestas interesantes. Una de las estrategias de la Tilde desde el principio fue enfrentarse y tener esos desafíos.

Son diez años como editorial pero la gente fue aceptando nuestra propuesta. Las instituciones fueron acogiendo y cobijando nuestros libros. Las librerías que no son fáciles también fueron poniendo en anaqueles nuestras novedades. Calculo que en el quinto año empezamos a cosechar lo que sembramos. Hay que tener paciencia si eres editor. En el fondo es un acto de fe, de amor por la lectura, por la literatura. Los que estamos apasionados, en ello se nos va la vida.

LJLC. ¿Hacia dónde quiere llevar Cuitláhuac a Tilde Editores?

CQ. Tenemos una propuesta de trabajo sobre clásicos mexicanos. Vamos a empezar a trabajar siglo XIX, escritores poco conocidos. Seguimos con nuestra propuesta narrativa que es donde más somos fuertes. En 2019 hicimos tres propuestas, en 2020 seis, en 2021 tenemos nueve programadas y queremos terminar 2022 con dieciocho propuestas.

Presentación del poemario Un hombre, un camino. Foto de Luis J. L. Chigo
Presentación del poemario Un hombre, un camino. Foto de Luis J. L. Chigo
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