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Ramón López Velarde a los 30 años. Fuente: Elisa García Barragán y Luis Mario Schneider, Ramón López Velarde. Álbum, México, UNAM, 1988, p. 212
Ramón López Velarde a los 30 años. Fuente: Elisa García Barragán y Luis Mario Schneider, Ramón López Velarde. Álbum, México, UNAM, 1988, p. 212

Por Pascual Borzelli Iglesias / Óscar Alarcón (@metaoscar)

Ciudad de México, 19 de junio de 2020 [01:30 GMT-5] (Neotraba)

Complacencia o ignorancia

En la república mexicana hay 3 casas reconocidas de Ramón López Velarde, la natal en Jerez, Zacatecas, y otras dos en las que vivió, en San Luis Potosí y en la Ciudad de México.

Ramón López Velarde vive el ocaso del siglo XIX y los albores del XX. Poeta de la Revolución Mexicana. Apoyó abiertamente las exigencias de reformas políticas de Francisco I. Madero, a quien conoció personalmente en 1910.

En 1914 se instala en la Ciudad de México. A partir de 1915, con el liderazgo de Venustiano Carranza, da inicio una época de relativa tranquilidad para él. Desde entonces comienza a escribir sus poemas más personales, marcados por añoranzas de su Jerez natal (al que ya nunca regresaría) y su primer amor, Fuensanta.

Escultura de  Ramón López Velarde, Casa Museo en Jerez, Zacatecas. Foto de Pascual Borzelli Iglesias
Escultura de Ramón López Velarde, Casa Museo en Jerez, Zacatecas. Foto de Pascual Borzelli Iglesias

Muere el 19 de junio de 1921, después de cumplir los 33 años. Se consigna que su muerte, en el certificado de defunción, fue bronconeumonía, complicada por la sífilis que padecía.

Museo Interactivo Ramón López Velarde, Jerez de García Salinas, Zacatecas
Museo Interactivo Ramón López Velarde, Jerez de García Salinas, Zacatecas

Su obra

La sangre devota, 1916

Zozobra, 1919

La suave patria, 1921

El son del corazón (póstumo), 1932

Prosa

El minutero, 1923

El don de febrero y otras prosas, 1952

Correspondencia con Eduardo J. Correa y otros escritos juveniles, 1991

Fachada de la Casa museo en la CDMX. Foto de Pascual Borzelli Iglesias
Fachada de la Casa museo en la CDMX. Foto de Pascual Borzelli Iglesias

Coincide Carlos Monsiváis en la fecha de muerte de Ramón López Velarde. Ni en eso pudo ser creativo. Después de dos meses de internado en un hospital fallece. Su trabajo como cronista, a partir de lo realizado por otros, es la suma de ocurrencias para un grupo complaciente, que todo le celebraba.

Cuál de todas sus publicaciones sobrevivirá en la historia de la literatura o de las crónicas urbanas:

La poesía mexicana del siglo XX, 1966

Los procesos de México, 1970

Días de guardar, 1970

Amor perdido, 1977

Poesía mexicana II, 1915-1979, 1979

A ustedes les consta. Antología de la crónica en México, 1980

Nuevo catecismo para indios remisos, 1982

De qué se ríe licenciado, 1984

Lo fugitivo permanece. 21 cuentos mexicanos, 1984

La poesía mexicana II, 1915-1985, 1985

El poder de la imagen y la imagen del poder. Fotografías de prensa del porfiriato a la época actual, 1985

Escenas de pudor y liviandad, 1988

Por mi madre, bohemios I, 1993

Los rituales del caos, 1995

Aires de familia, 2000

Apocalipstick, 2009

Premio Nacional de Periodismo en 1977, Premio Jorge Cuesta en 1986, Premio Mazatlán en 1989 y el Premio Xavier Villaurrutia en 1996 y en 2006 el Premio FIL de Guadalajara (antes Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo).

Carlos Monsiváis. Foto de Pascual Borzelli Iglesias
Carlos Monsiváis. Foto de Pascual Borzelli Iglesias

El Gobierno del Distrito Federal instituye la Medalla “Carlos Monsiváis” al Mérito Cultural de la Ciudad de México.

Los gobiernos federal y local de la ciudad de México organizan exposiciones virtuales, lecturas de sus obras, conciertos y la exhibición de algunos de los autógrafos que le dedicaron y él dedicó, a manera de Homenaje Nacional (sic) a partir de esta semana en recuerdo del ensayista Carlos Monsiváis, a diez años de su muerte.

Casa del Poeta Ramón López Velarde, gobierno de San Luis Potosi
Casa del Poeta Ramón López Velarde, gobierno de San Luis Potosi

Para el autor de “La suave patria”, Ramón López Velarde ni una flor, ni recordatorio, la epidemia, la maldita epidemia, es la excusa para el olvido o la ignorancia de las burocracias federales, locales o estatales. El 15 de junio, o el 19 de junio, nacimiento y muerte fechas significativas ni se mencionaron.

Fachada de la Casa museo en la CDMX. Foto de Pascual Borzelli Iglesias
Fachada de la Casa museo en la CDMX. Foto de Pascual Borzelli Iglesias

Para el próximo año, 2021, el poeta Marco Antonio Campos, en distintos momentos y oportunidades, ha propuesto que se denomine “Año Ramón López Velarde”, que se organicen distintas actividades culturales, un concurso literario y la creación de un premio por trayectoria y méritos, de carácter nacional o internacional. Promovió que el poeta italiano Emilio Coco, tradujera a su idioma, italiano, “La suave patria”, obra emblemática del jerezano para que sea más universal.

Carlos Monsiváis. Foto de Pascual Borzelli Iglesias
Carlos Monsiváis. Foto de Pascual Borzelli Iglesias

Con motivo del décimo aniversario de la muerte del ensayista y cronista Carlos Monsiváis, la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) convoca a participar en el certamen “Una multitud de soledades. Crónicas de la pandemia”, para incentivar la reflexión antropológica, histórica, politológica o periodística sobre el confinamiento y la pandemia de COVID-19.

La convocatoria abre el 19 de junio y recibirá trabajos durante tres meses. Los resultados se conocerán a finales de este año, y en 2021 y entregarán dos premios económicos: uno de 30 mil al primer lugar y otro de 15 mil pesos, al segundo lugar.

Interior de la Casa museo en la CDMX. Foto de Pascual Borzelli Iglesias
Interior de la Casa museo en la CDMX. Foto de Pascual Borzelli Iglesias

“La suave patria”

PROEMIO

Yo que sólo canté de la exquisita

partitura del íntimo decoro,

alzo hoy la voz a la mitad del foro

a la manera del tenor que imita

la gutural modulación del bajo

para cortar a la epopeya un gajo.

Navegaré por las olas civiles

con remos que no pesan, porque van

como los brazos del correo chuan

que remaba la Mancha con fusiles.

Diré con una épica sordina:

la Patria es impecable y diamantina.

Suave Patria: permite que te envuelva

en la más honda música de selva

con que me modelaste por entero

al golpe cadencioso de las hachas,

entre risas y gritos de muchachas

y pájaros de oficio carpintero.

PRIMER ACTO

Patria: tu superficie es el maíz,

tus minas el palacio del Rey de Oros,

y tu cielo, las garzas en desliz

y el relámpago verde de los loros.

El Niño Dios te escrituró un establo

y los veneros del petróleo el diablo.

Sobre tu Capital, cada hora vuela

ojerosa y pintada, en carretela;

y en tu provincia, del reloj en vela

que rondan los palomos colipavos,

las campanadas caen como centavos.

Patria: tu mutilado territorio

se viste de percal y de abalorio.

Suave Patria: tu casa todavía

es tan grande, que el tren va por la vía

como aguinaldo de juguetería.

Y en el barullo de las estaciones,

con tu mirada de mestiza, pones

la inmensidad sobre los corazones.

¿Quién, en la noche que asusta a la rana,

no miró, antes de saber del vicio,

del brazo de su novia, la galana

pólvora de los juegos de artificio?

Suave Patria: en tu tórrido festín

luces policromías de delfín,

y con tu pelo rubio se desposa

el alma, equilibrista chuparrosa,

y a tus dos trenzas de tabaco sabe

ofrendar aguamiel toda mi briosa

raza de bailadores de jarabe.

Tu barro suena a plata, y en tu puño

su sonora miseria es alcancía;

y por las madrugadas del terruño,

en calles como espejos se vacía

el santo olor de la panadería.

Cuando nacemos, nos regalas notas,

después, un paraíso de compotas,

y luego te regalas toda entera

suave Patria, alacena y pajarera.

Al triste y al feliz dices que sí,

que en tu lengua de amor prueben de ti

la picadura del ajonjolí.

¡Y tu cielo nupcial, que cuando truena

de deleites frenéticos nos llena!

Trueno de nuestras nubes, que nos baña

de locura, enloquece a la montaña,

requiebra a la mujer, sana al lunático,

incorpora a los muertos, pide el Viático,

y al fin derrumba las madererías

de Dios, sobre las tierras labrantías.

Trueno del temporal: oigo en tus quejas

crujir los esqueletos en parejas,

oigo lo que se fue, lo que aún no toco

y la hora actual con su vientre de coco.

Y oigo en el brinco de tu ida y venida,

oh trueno, la ruleta de mi vida.

INTERMEDIO

(Cuauhtémoc)

Joven abuelo: escúchame loarte,

único héroe a la altura del arte.

Anacrónicamente, absurdamente,

a tu nopal inclínase el rosal;

al idioma del blanco, tú lo imantas

y es surtidor de católica fuente

que de responsos llena el victorial

zócalo de cenizas de tus plantas.

No como a César el rubor patricio

te cubre el rostro en medio del suplicio;

tu cabeza desnuda se nos queda,

hemisféricamente de moneda.

Moneda espiritual en que se fragua

todo lo que sufriste: la piragua

prisionera, al azoro de tus crías,

el sollozar de tus mitologías,

la Malinche, los ídolos a nado,

y por encima, haberte desatado

del pecho curvo de la emperatriz

como del pecho de una codorniz.

SEGUNDO ACTO

Suave Patria: tú vales por el río

de las virtudes de tu mujerío.

Tus hijas atraviesan como hadas,

o destilando un invisible alcohol,

vestidas con las redes de tu sol,

cruzan como botellas alambradas.

Suave Patria: te amo no cual mito,

sino por tu verdad de pan bendito;

como a niña que asoma por la reja

con la blusa corrida hasta la oreja

y la falda bajada hasta el huesito.

Inaccesible al deshonor, floreces;

creeré en ti, mientras una mejicana

en su tápalo lleve los dobleces

de la tienda, a las seis de la mañana,

y al estrenar su lujo, quede lleno

el país, del aroma del estreno.

Como la sota moza, Patria mía,

en piso de metal, vives al día,

de milagros, como la lotería.

Tu imagen, el Palacio Nacional,

con tu misma grandeza y con tu igual

estatura de niño y de dedal.

Te dará, frente al hambre y al obús,

un higo San Felipe de Jesús.

Suave Patria, vendedora de chía:

quiero raptarte en la cuaresma opaca,

sobre un garañón, y con matraca,

y entre los tiros de la policía.

Tus entrañas no niegan un asilo

para el ave que el párvulo sepulta

en una caja de carretes de hilo,

y nuestra juventud, llorando, oculta

dentro de ti el cadáver hecho poma

de aves que hablan nuestro mismo idioma.

Si me ahogo en tus julios, a mí baja

desde el vergel de tu peinado denso

frescura de rebozo y de tinaja,

y si tirito, dejas que me arrope

en tu respiración azul de incienso

y en tus carnosos labios de rompope.

Por tu balcón de palmas bendecidas

el Domingo de Ramos, yo desfilo

lleno de sombra, porque tú trepidas.

Quieren morir tu ánima y tu estilo,

cual muriéndose van las cantadoras

que en las ferias, con el bravío pecho

empitonando la camisa, han hecho

la lujuria y el ritmo de las horas.

Patria, te doy de tu dicha la clave:

sé siempre igual, fiel a tu espejo diario;

cincuenta veces es igual el AVE

taladrada en el hilo del rosario,

y es más feliz que tú, Patria suave.

Sé igual y fiel; pupilas de abandono;

sedienta voz, la trigarante faja

en tus pechugas al vapor; y un trono

a la intemperie, cual una sonaja:

la carretera alegórica de paja.

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