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Por Adonai Castañeda

Puebla, México, 27 de agosto de 2020 [14:50 GMT-5] (Neotraba)

“La vida es frágil y hasta el latir del corazón de un pájaro puede acarrear terremotos.”

Jilotlán de los Dolores, Dante Medina. Página 41

Una epidemia azota al pueblo. Un día, sin que suceda nada extraordinario. El número de habitantes despojándose de sus vestiduras incrementa desde que Juventino, hijo del Presidente Municipal, amaneció encuerado en la plaza. Sin razón evidente. Sin distinción de género o edad. A quienes logran evadir a la oleada se les presenta un dilema: desnudarse o quedarse vestidos. Jilotlán de los Dolores se divide en dos grupos. Hay quienes intentan ignorar la disyuntiva, hasta que se vuelve irremediable.

La medida a través de la cual se destila Jilotlán de los Dolores, novela de Dante Medina (Jalisco, 1954), es el asombro. Los pobladores, asiduos a la maravilla, entre caballos asesinos y ángeles persiguiendo zopilotes, vuelven a abrazar lo inaudito. A los pasmados, acaso seducidos por la nueva libertad del cuerpo, se les contrapone la restricción moral. Por ello los jilotlenses, subyugados por una religión que inhibe sus pasiones, encuentran consuelo en la habladuría; la oralidad.

Este libro, ganador del Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2015, resulta en un tropel de voces que moldean al mito. Valiéndose de su polifonía, los múltiples personajes le cantan al lector una oda a la corporalidad, ofreciéndole puntos de vista únicos, conciliables entre sí. Es la voz del pueblo la que delinea su propio cuerpo. La desnudez individualiza, y a su vez conforma. En sus páginas, Medina nos da a conocer un vasto árbol cuyos frutos son personajes dispuestos a descollar. Personas peculiares incluso desde el nombre: Tentenpié, Epitafio, Antioco —autor del epígrafe de esta reseña—, Coca Cola, Cartapacio… Nombres que nos deslumbran al precisar a quienes los portan. Apelativos que son amagos de humana arquitectura, parafraseando a Juana de Asuaje en su soneto A una rosa.

Jilotlán de los Dolores, fotografía de Adonai Cast
Jilotlán de los Dolores, fotografía de Adonai Castañeda.

Algunas temporadas después del primer desnudamiento, el carácter festivo de los jilotlenses se transfigura a la duda: principio del pensamiento. Comienzan a dudar de su calidad de desvestidos, o de vestidos. Y, de este modo, a tomar conciencia de sí mismos, a cuestionar sus posiciones dentro de la historia:

“—¿Y tú por qué andas encuerada, Jaimita? —Dijo Sinecuanón, el primogénito de don Chito y de la esposa de don Chito.

—Pos porque me entró la gana, así nomás… —le respondió Jaimita.

—¿Y qué se siente? —Preguntó Sinecuanón.

—Pos a toda madre —contestó Jaimita—. ¿Por qué no les preguntas a tus padres, que andan encuerados, Sinecuanón?

—Porque me pegan si les falto al respeto.”

En la novela, el humor también está presente. El resorte de la risa se despliega justo cuando los pobladores lo abandonan: “ya habían olvidado a qué sonaba la risa. Sonaba a llovizna cayendo sobre los techos de teja. ¿De qué se estaban riendo los de la cantina de don Fulgencio? De nada, se reían nomás de reírse, sin motivo alguno.” Sin poder evitarlo, chocan contra un problema inédito: la posible caída del pueblo, dada su ruptura. Tras la carcajada llega la cavilación. Las peripecias por las cuales había atravesado Jilotlán de los Dolores desde su fundación incluyeron volcanes y diluvios. El advenimiento de esta nueva epidemia podría arrasar con todos y reducirlos a una fábula a voces. En el Lugar donde abundan los jilotes todo se repite.

En suma, Jilotlán de los Dolores dimana en un mito fundacional, cronicado por sus propios personajes. Un pueblo que manifiesta su desazón y se inmuta ante el silencio. A propósito del trabajo de Medina, Juan Rulfo anotó: “La literatura de América Latina es una sola, ya no está dividida en parcelas ni en naciones, es una sola cultura, es una sola literatura y Dante Medina pertenece a esa gran literatura latinoamericana.” [1] Coincido con Rulfo. La literatura del Hijo Predilecto de Jilotlán de los Dolores llegó a acarrear terremotos que borrarán fronteras.


[1] Juan Rulfo. Toda la obra. Costa Rica: Editorial Universidad de Costa Rica, 1996.


Dante Medina. Jilotlán de los Dolores. México: Fondo Editorial Estado de México. 2016. 250 pp. ISBN: 978-607-495-479-1.


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