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La misma hora y tu mismo mensaje. Cuento de Mauricio Montiel
La misma hora y tu mismo mensaje. Cuento de Mauricio Montiel

 

Ella caminaba por la vida en realidad sin ningún rumbo, solo caminaba, a la espera de que el amor tocara su puerta. Siempre llevaba su sonrisa al igual que unas grandes ojeras, me hubiese gustado saber si eran por estudiar tanto o por llorarle a aquel chico al que tanto amaba. La conocí con grandes sueños o con mucho sueño, igual no sabía cuál era la diferencia hasta que le hablé.

Lunes 7:00 AM. Cielo gris y lluvioso acompañado de un viento que arruina paraguas y regala abrazos, mañana perfecta para verla en su casa -que con ésta ya son 3 semanas que sigue enferma. Al llegar, su madre me estaba esperando en la puerta.

 

-Típico de ella- pensé al saludarla, -¡Hola, buenos días! ¿Cómo amaneció señora? Espero y bien, con su permiso subiré a ver a su hija.

-¡Buenos días! Muy bien gracias, si pásale- dijo con una leve sonrisa.

 

Sabía que no le caía bien, digo ¿a qué madre le gustaría que un chico estuviera a la misma hora todos los días para ver a su hija? Debería saber que la quiero demasiado como para levantarme temprano un lunes pero en fin no tiene caso, así son muchas madres.

 

Mientras recorría el interior de su casa para llegar a la habitación, no dejaba de hacer un monólogo mental al que bien le podría llamar “¿Qué podría hacer para que su mamá me salude sin tanta falsedad?”

 

-¿Hay alguien viva ahí?-, pregunté mientras tocaba la puerta.

-Si por viva te refieres a mí, no- respondió una voz del otro lado. -Deja de hacer tus preguntitas y pasa.

 

Abrí la puerta y al entrar vi una taza de té junto un libro de Eric Fromm, pañuelos usados en el suelo y a ella tirada en su cama despeina y resfriada. Vaya que se veía hermosa esa mañana.

 

-Te ves mejor que ayer-, dije mientras me acercaba a ella -Te traje estas flores.

-Gracias, le diría a mi madre que las pusiera en agua pero están más mojadas que yo cuando vi a aquel chico el otro día en el bar.

-¿Sabes? Sigo pensando que lo viste mal, era de noche, estabas ebria y lo más probable es que lo hayas confundido con tu ex.

-¿Cómo lo confundiría con mi ex?-, dijo enojada -¿Cómo confundiría a alguien tan lindo como él con el bastardo de mi ex?

-No lo sé, lo digo porque a los 5 minutos ya estabas llorando por él.

-¿Viniste a regañarme por algo que paso hace meses o a darme las flores?

-Vine a verte pero tú mencionaste lo del tipo.

-¡Bien!, cambiemos de tema-, dijo con una voz retadora, -Es mi turno, ¿cómo vas con aquella chica?

-¿Cuál chica?- respondí enojado -Sabes que la única en mi corazón eres tú.

-Lo sé, pero ¿por qué yo?- preguntó con tristeza en el rostro -¿Por qué sigues aquí sabiendo que mi madre no aprobará lo nuestro?

-¿Por qué no tú?- dije mientras la miraba a los ojos y le tomaba la mano -Te prometí que estaría contigo pasara lo que pasase sobre cualquier cosa. Y sí, sé que no crees en las promesas pero también sé que crees en las personas.

-¿Y por qué estás tan seguro de que esto podrá funcionar? O mejor dicho ¿cómo sabes que esto podrá suceder algún día?

-Porque sigues en mis sueños.

 

Desperté. Lunes 7:00 AM…

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