Ciudad de México, 19 de abril de 2026 (Neotraba)

Tiempo de lectura: 6 minutos

Insensatos lectores: llevo unas cuantas semanas queriendo escribir algo en particular, pero, por distintas circunstancias, me ha sido imposible.

Hace un mes me puse bien pacheco con un medicamento (cortesía del Dr. Simi) y me limité a escribir lo que humanamente pude con mi estropeado cerebro.

Después de eso se me atravesó la Semana Santa y anduve muy ocupado haciéndome bien uei.

Para chingarla de acabar, hace ocho días me puse dramático y preferí cortar la columna antes de lo planeado, pues me parecía que con el melodrama que ya había escrito el público tendría suficiente.

Pero el día de hoy, damita, caballero, por fin hablaremos sobre el gran Banksy.

Así que, abróchese el cinturón de seguridad, acomode la mesa que se encuentra frente a usted y coloque su respaldo en posición vertical que estamos a punto de hacer nuestro despegue.

Iniciaré esta disertación haciéndoles una inútil e ingenua pregunta: ¿nunca han pensando que en ocasiones la sociedad en su conjunto pierde el juicio de la noche a la mañana?

Debo confesarles que en realidad lo que más me ocupa de este asunto, llamado Banksy, es saber en qué momento una actividad considerada como delito pasó a ser una obra de arte.

Pero, como dijo Jack The Ripper (Jack el Destripador para los que estudiaron en escuela de gobierno): “vamos por partes”.

Antes que nada, si no sabes de quién estoy hablando te diré que se trata de un sujeto que inició su carrera artística pintando graffitis y hasta hace tiempo su identidad era completamente desconocida.

Se cree que Banksy nació alrededor de 1974-1975 en Bristol, siendo esta una ciudad clave porque en ese tiempo era un referente de la cultura underground, tenía una escena de graffiti muy activa y había una mezcla de música, arte y política.

No es de extrañar que Bristol sea también la cuna de bandas como Massive Attack que tienen ese mismo tono crítico y urbano.

Si hablamos de la familia de Banksy se piensa que probablemente creció en un hogar de clase media, que tuvo una educación relativamente normal y que no se trató de un “artista de academia”.

Fotografía de Dylan Shaw a través de Unsplash
Fotografía de Dylan Shaw a través de Unsplash

Su entrada al graffiti empezó como la de muchos otros graffiteros: siendo un adolescente pintando de manera ilegal y como parte de crews locales.

Se vincula con DryBreadz Crew, en esta etapa su estilo no era el que conocemos hoy, era más tradicional hasta que sucedió algo clave: se vio obligado a esconderse de la policía mientras pintaba y descubrió el esténcil (las plantillas).

En ese momento todo cambió: comenzó a pintar más rápido, redujo el riesgo de ser detenido y definió su estilo visual.

Su voz comienza a formarse por ciertas influencias como la cultura punk (anti autoridad), la escena “rave” británica, la política de la década de los años noventa y los medios de comunicación.

Digamos que no sólo se trata de una cuestión estética, sino más bien de una cuestión de actitud.

Pasemos ahora a lo que me despertó el interés por tratar este tema de Banksy:

Hojeando el periódico Reforma del martes 24 de marzo, me encontré una nota que rezaba lo siguiente:

“Años antes del auge de Instagram, Banksy se dio cuenta de que la clave de la influencia real no residía exactamente en ser famoso, sino en ser anónimo.

El misterio de su identidad ha sido durante mucho tiempo parte del valor de su arte, que durante décadas y a través de continentes desafió a la autoridad desde muros públicos y se autodestruyó en una sala de subastas.

Ahora, el aparente desenmascaramiento de Banksy por parte de la agencia Reuters ha generado conversaciones sobre si las obras en sí conservarán su valor cultural y financiero”.

Fotografía de Nicolas J. Leclercq a través de Unsplash
Fotografía de Nicolas J. Leclercq a través de Unsplash

He aquí que nace la pregunta: ¿en qué momento pasó un sujeto de esconderse de la policía para hacer graffitis a ser una celebridad anónima y poder vender su arte en millones de dólares?

No están para saberlo, pero “Love is in the Bin” (anteriormente “Girl with ballon”) alcanzó los 25.4 millones en una subasta. Le sigue “Game changer” con 23 millones y “Devolved Parliament” por casi 12 millones de dólares.

¿No les parece una locura?

Resulta que el sistema que prohibía “pintarrajear” las paredes, ahora vende esos mismos graffitis y yo me pierdo un poco (más bien un chingo) ¿en qué momento pasan a ser piezas consideradas como invaluables obras de arte?

Por otra parte, regresando al Reforma:

“Muchos seguidores de Banksy han lamentado la pérdida del misterio y arremetieron contra Reuters.

Algunos expertos en arte sostienen que los murales y el mensaje sobrevivirán al nombre, porque su atractivo no se debía solamente a su anonimato.

Banksy y sus obras (traviesas y también oscuras) se erigen como testigos de la injusticia, la opresión y la desigualdad en todo el mundo, desde su Inglaterra natal hasta la cercada Belén y la Ucrania devastada por la guerra.

Aunque se le reste el anonimato, dicen, la obra inspira reflexión y debate.

Ponerle nombre al fantasma (y el enojo por ello) forman parte del fenómeno Banksy, quien habría nacido como Robin Gunningham alrededor de 1972 y quien surgió de una tradición de artistas callejeros que veían el acto clandestino de colocar su arte en público como una forma subversiva de expresión.

La aparente identidad de Banksy había sido un secreto a voces entre colegas artistas que protegieron el misterio.

The Daily Mail informó en 2008 sobre “pruebas convincentes” que sugerían que Robin Gunningham, era el nombre de nacimiento del artista.

Fotografía de William Gibson a través de Unsplash
Fotografía de William Gibson a través de Unsplash

Por su parte Reuters informó que tras la historia de The Daily Mail Banksy cambió su nombre legal a David Jones.

Según Reuters una persona con el nombre de David Jones viajó a Ucrania con un conocido asociado de Banksy a finales de 2022, justo antes de que la obra del artista comenzara a aparecer en edificios que habían sido bombardeados por Rusia.

Banksy confirmó después que había creado siete murales en la zona de guerra”.

Después de todo este escenario sólo puedo concluir algo: Definitivamente Banksy no cambió. Cambiamos nosotros. Lo que ayer era vandalismo hoy es inversión.

Y, sin embargo, el verdadero misterio no está en su identidad, sino en su destino: convertirse en aquello que parecía combatir.

Luego entonces la pregunta ya no es quién es Banksy, sino qué dice de nosotros el hecho de que sólo sepamos reconocer el arte cuando alguien más ya le puso precio.

En fin, sin más por el momento me despido. Hace mucho calor y me pienso ir a rifar unas cervezas heladas como abrazo de suegra, les pienso poner harta sal y limón. Tuve una semana un tanto pesadita y me urge olvidarme del mundo y sus etcéteras por unas horas. Se me portan bien, no quiero quejas.

Cualquier duda o sugerencia con esta columna que no entiende ni madres, favor de mandarnos sus comentarios, inigualable damita, legendario caballero.


Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.


¿Te gustó? ¡Comparte!