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Cartagena, Colombia, 28 de noviembre de 2023 (Neotraba)

Pensamientos incoherentes

La noche caía fría sobre mi pueblo natal, marcando a las horas nocturnas, mientras sonámbula, deambulaba por un inefable sereno donde la luz iridiscente de las estrellas proyectaba una imagen inmarcesible de mi figura en la arena del jardín de mi hogar, al paso en que pensamientos reprimidos y obsesivos hacen arder a mi conciencia. Inhalé suavemente un cigarrillo para ir cubriendo de tinieblas mis adentro, impidiendo que aflorará el dolor que llevo clavado en el pecho, pasando a un tiempo donde la nicotina en mis pulmones resultaba ser un veneno placentero, en medio de mi masoquismo pasional y desquiciado.

El humo parsimonioso se empezó a calar en el inocuo aire y salió a relucir mi vaga literatura; simples palabras con las que iba formando el escenario en donde se envuelve mi conciencia. Una dramática novela que emitía luminiscencias en lo más oscuro del pensamiento lleno de espejismo causado por la melancolía, entre tanto a mi juicio lo deshacía el inquietante deseo a su presencia, mientras una pasión ardiente me estaba calcinando los sentidos.

Canté al viento mis quejas, ya distante de toda mi cordura. Mientras, al eterno silencio me condenaban injustamente los delirios y el olvido, buscando sin encontrar su cauce entre las pequeñas huellas dónde quedan enmarcados los recuerdos, esperando ingenuamente que la abstinencia de su ser venga por mí.

Mi verdugo

Mientras tendía mi cama, sentí su presencia cercana dentro de mí habitación; ya no recuerdo cuántos años tenía entonces, sólo recuerdo el asco que sentí aquel día. Él estaba ahí y yo no

sabía de qué debía salvarme. Era un monstruo espantoso que borró mi inocencia y me dejó en la demencia.

Miré a los ojos de mi verdugo, una cara envejecida antes de tiempo, como si un elástico le cruzara la frente y aún seguía sin intuir lo que pasaría. Con violencia mi ropa destruye, brutalmente y sin reparo mi cuerpo penetró, su inmundicia del placer en mí volcó, su pasión en mí logró saciar y me hizo presa de su cacería.

Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible, un nauseabundo depravado profanando mi cuerpo de manera compulsiva, desgarrándome el alma. En ese tiempo, el ardor, la vergüenza y la tristeza, me iban consumiendo por dentro; me golpeó la cara, al mismo tiempo en que me decía: ¡si dices algo sufrirás!

Cuando la primera mano estallaba entre mis piernas, él sonreía, entre tanto yo lloraba a gritos que el silencio ahogaba en nuestra soledad y le suplicaba a Dios que todo terminará, pero de nada servía, porque la noche en cada segundo se hacía más interminable. En ese instante de mi tierra me hice ausente, en medio de un camino hacia la nada y el dolor.

Hoy, veo mis lágrimas caer de impotencia y no puedo olvidar; no logró superar ese maldito episodio, la marca de la huella que ese desgraciado dejó en mi cuerpo arde en mí ser día a día; el dolor que me provoco nunca en mi vida se sanará; él me condeno con su herejía.

El tiempo

Un desgarrante dolor me consume día y noche; mi alma desesperada silencia el eco de mis palabras y destellos de luz se pierden entre sombras cuando miro el reloj y son las doce de medianoche, me dan ganas de llorar, porque he enterrado otro día en mi pasado sin ser feliz, puesto que, me he vuelto una manija que calcula sólo responsabilidades y horarios. Me acostumbró a ahorrar vida, a tomarme el café corriendo porque estoy atrasada, a mal saber la costumbre del amor, porque no lo veo como algo esencial, a correrle a la vida creyendo que le ganaré la carrera mientras el tiempo se vacía de minutos y mi felicidad queda a la espera de no tener tiempo. Ya he perdido la incertidumbre, el asombro y la espontaneidad; perdí la emoción al actuar.

No conozco el tiempo, pero me deja rastro de su legado; sé que él pasa cuando algunos seres van desapareciendo y deja de pista el soplo de su polvo. Me gustaría algún día despertar y como una recién nacida imaginar la vida estrenada y distinta. Deseo tiempo, para reír y divertirme, anhelo recorrer la vida lenta y hacer cosas locas. Hoy necesito una tregua, porque me cansé de correr, ya que han pasado casi 20 primaveras respirando sin saber qué es vivir. En esta madrugada de insomnio había una paz funeraria en el paisaje, en tanto flotaba la dulzura de la noche y sin esperarlo sonaba el llanto agonizante de esta mujer desesperada y angustiada, sin horas, ni minutos, ni segundos, ya no tenía tiempo para recuperar su vida; queriendo volverse una vil ladrona para robarle a la vida unos últimos años que le sirvan para apreciar por primera vez la vida.

La batalla

Todo comenzó el lunes pasado, en el momento en que nos unimos más de mil soldados, para defender la seguridad de mi patria. Eran tan solo las 4 am cuando llegó la hora de accionar el armamento. Llegamos al lugar determinado y empezamos a descargar balas a los objetivos, les desprendimos la vida a balazos; fusiles con rostros enmarcados de esos desgraciados.

Con el paso del tiempo el batallón avanzaba durante la batalla, con las cicatrices de las pasadas explosiones, desde el soldado al mariscal, dispuestos a luchar esta guerra y en el camino iban cayendo; combatientes rojos y sin respiración alguna, grandes centinelas estaban muertos con una bala entre cejas.

Un enorme dolor afligía a aquel rostro de esta miserable impartidora de honor, estos, mis ojos testigos del dolor, contemplan los gritos sembrado en el campo por aquellos guerreros que llamó colegas y me producía impotencia está cruel realidad pérdida entre despojos y ruinas; bombas que exterminan los cuerpos de mis allegados, por culpa de esos hombres salvajes, despiadados que en sus manos empuñan a la muerte.

Percibía granadas que explotaban en un par de segundos, mientras nuestros sueños van vagando en pólvora de fusil. Nos quebramos los unos a los otros de ira, al paso que escuchábamos el llanto interminable de lágrimas gastadas de nuestros aliados.

Vi al enemigo correr con la promesa del infierno en sus rostros y solo sabía que tenía que anillar el proyectil; apuntaba con un misil, calculaba los tiempos y movimientos de esos seres despreciables y los acribillaba de un golpe. Éramos fantasmas en una tormenta con final incierto, cada uno evitando ser el vencido.

Desde mi sutil escondite, veía cómo destrozaban a mí mejor amigo, me encontraba ya sin municiones y solo pensé en ir a defenderlo, así fuera a puños. Salí corriendo y me le lancé a su atacante con la sangre que me hervía de prepotencia, lo golpeé en su pecho acorazado y su voz resonó, al instante dos guerreros llegaron con un enorme mandoble, atrapándome desde mi espaldar y con total brusquedad me doblegaron al suelo.

El dolor de sus golpes me iba desangrando el alma, rompiéndome el rostro y demacrando los huesos, mientras se escuchaba mi quejido insoportable de sufrimiento y pérdida, hasta tal punto en que perdí la razón.

Hoy, induciendo que es jueves o viernes, con la mirada despierta, me veo encerrada, maniatada en una celda cuadrada mirando fijamente hacia la nada; la puerta del suicida está cerrada. Durante el día y la noche, me han vuelto prisionera del frío y el hambre; me encuentro escuálida, reducida, con los ojos hundidos y la boca retorcida del dolor, resignando a mí destino inminente; he perdido la palabra y la fuerza, recordando cómo perdimos, dejando nuestras huellas y vidas por el honor de nuestra nación.

Diosa de piel morena

Piel morena ardiente y bella, amas y apasionadas siempre con el alma; te tengo todo el tiempo en mis pensamientos y te confieso hermosa dama que has cambiado mi faena. Mis ojos se deslumbraron admirando tu sensualidad candente; una mirada seductora que despierta el deseo del docente pecador y lo pierde en la locura del amor.

Ser transparente de dulce mirar, eres esa mujer cuya singular belleza se manifiesta gracias al magnético resplandor de su piel teñida y cuya hermosura se reafirma en ese cabello crespo de color noche. Eres el sublime encanto de las palmeras de mi pueblo, la delicada elegancia de las flores del jardín de mi madre, por ti mi alma se vende y se condena, porque tú me inspiras un amor de locos, casi que obsesivo y sin límites.

La maravillosa sonrisa que sostienes, refleja la belleza y la grandeza de tu corazón y es la esencia de tus ojos la que marca mi destino, aquellos luceros de mujer que me detiene en el desván de este camino; cerca de mí encuentro tu esencia, en medio de las oleadas del viento de la noche.

Mujer de reino nocturno

Mujer de reino nocturno modelas en la vida galante, mientras los ojos que a ti se avecinan ocultos entre luces de coche te admiran y desvisten las curvas peligrosas que a ti pertenecen.

Formas parte de los peligros andantes y del único amor que tiene su final a contrarreloj. Sin seguridad, pero con la más grande intención me crucé por tu camino sin claridad alguna de lo que podría suceder en esa noche y al encontrarme cercana a tus ojos, jugaste conmigo hasta llevarme al borde del desquicio. ¿A cuánto la hora? Pregunté nervioso y con las manos sudorosas, me sonreíste y ofreciste una pequeña ficha con la tarifa de tu tiempo. Sin duda alguna lo acepté con tal de aventurarme por tus valles pubescentes, es entonces cuando, nos movilizamos para esa lóbrega habitación de poca claridad y confuso olor.

Me encontraba goloso de las aguas de tu río, al paso que tartamudeaba las palabras que componían mi perversa conversación. Al poco tiempo empezaba a viajar por tu desnuda piel para llegar con mis labios a lo infinito, un éxtasis de principio a fin por mis venas corría, aprisionaba mis locuras convertidas en fantasías y se perdía entre sábanas manchadas con la savia del placer. Atrapada a mis labios te retorcías en furia de pasión, cerradas los ojos mientras mis manos conocen tu cuerpo y tu canto celestial invadía el lugar.

Sin esperarlo sonó la cumplida alarma anunciando que el tiempo había caducado y solo restaba agradecerte por el placer e irme de aquel efímero encuentro.

Hoy sentado en el puesto de café más cercano de aquel lugar, reviviré los recuerdos de esa noche, sabiendo que en la eternidad perdurará y arderá los fervientes placeres sosegados en el ayer. Espero que caiga la luna para tus pasos escuchar lejanos y distantes, como huellas remotas de un mundo en proceso de extinción, mientras te observo desde el retrovisor de mi auto a unas pocas cuadras del lugar de tu ocupación con un remordimiento que me sangra por dentro al no poder olvidarte.

Alzheimer

Hoy desperté y no supe quién era, solo sé que me robaron mis recuerdos y mis tiempos pasados. Tengo la mente descolorida, sin matices, todo en blanco y a mano del olvido voy surcando entre el pasado y el presente, intentando aproximarse a la verdad. Esta realidad como un fastidioso juego macabro me absorbe, me limita y me confunde, poco a poco se me va trastornando el funcionamiento de la memoria, cada día me hace olvidar el anterior, acercándome a la pronta construcción de una nueva visión de lo que era y lo que soy, y a pesar de todo, luchó constantemente por conservar mi ayer.

Se dice que lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena, y ser aquella mujer en tiempos pasados por más de 24h se ha vuelto mi gran anhelo. Aun así, al no poder hacerlo, me aferró a este reto, a esta ínfima esperanza y sigo adelante, intentando que la semilla de mis despintados recuerdos fugaces en mí vuelva a habitar.

Violencia

En esa noche sucumbió el miedo en mi vida, pero no por la oscuridad en qué la noche habita, sino al mundo y a los seres sin piedad que a la muerte estiman. Temía, en un día natural, a rústica violencia que nunca tiene final, sin saber en qué lugar seguro poder estar, teniendo por agonía, el deseo de la piedad de una pistola y las manos que del gatillo tiran. La luna roja nos abrazaba, con su vestidura de sangre, acababa con la serenidad de una noche en silencio, cuando la muerte de sus mundos, espantaba el mío. Logre afligirme por ese transeúnte temor, quedando sin orto alivio mi tormento, presenciando el altar a la muerte y destierro a la esperanza, que me ha tornado atea. Sabiendo que, si algún día su furia tocará a mi puerta, tomaría mi última oportunidad en vida, para maldecir sus almas marchitas.


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