Una Flor Apetitosa: Georgia O’Keeffe

Georgia O’Keeffe, foto Alfred Stiglitz (1931); imagen por cortesía de Rosa Borrás

Georgia O’Keeffe, foto Alfred Stiglitz (1931); imagen por cortesía de Rosa Borrás

 
Por Rosa Borrás
Flor.
Flor — una palabra de ciegos.
Tu ojo y mi ojo:
Proveen
el agua.
Paul Celan

Camino por el mundo cargando formas en mi cabeza, por largo tiempo, hasta que se me aparecen los colores adecuados para ellas y entonces se convierten en una pintura.

Esta es una de las razones por las cuales Georgia O’Keeffe es una de mis mujeres favoritas y una de las pintoras que más admiro. Para ella, el color era emoción y, a través de él,  transfería el poder y los efectos de la música a la tela. En sus abstracciones, Georgia envolvía color alrededor de lo etéreo; abordaba lo etéreo a través de lo terrenal. En sus cartas describe la impresión que le causa el salvaje viento soplando, la profunda quietud del desierto, los sonidos animales o el susurro de los árboles. Parecía estar entonada con los sonidos de la naturaleza que la rodeaba. Estos sonidos penetraban a través de sus sentidos y se expresaban en su trabajo. Para ella, conformaban una especie de música natural, compuesta por la vida y los ritmos de la tierra. Ella creaba arte alusivo a los sonidos cotidianos, desde los citadinos de Manhattan hasta las canciones puras de las praderas.

Georgia O'Keeffe Series I No. 8 (1919), tomada del sitio http://arttattler.com/archiveokeeffe.html

Georgia O’Keeffe Series I No. 8 (1919), tomada de http://arttattler.com/archiveokeeffe.html

Georgia O’Keeffe (1) nació en noviembre de 1887, en Wisconsin, Estados Unidos. Desde muy pequeña había mostrado su interés y aptitud para el dibujo por lo que, llegado el momento, se fue a estudiar al Art Institute of Chicago (1905-1906); luego a la Art Student League, en Nueva York (1907); y, finalmente, a la Universidad de Virginia en Charlottesville. Viviendo en Nueva York, conoció a Alfred Stieglitz, fotógrafo y promotor del arte de su época a través de la galería que dirigía, la 291. Georgia y Alfred se casaron en 1926. Él fue su principal promotor  hasta su fallecimiento, en 1946. Durante sus años en Nueva York, se integró al círculo de artistas de Stiglitz y conoció a Paul Strand, Arthur Dove, John Marin, Ansel Adams y otros artistas más de esa época.

Ella era una de las pocas mujeres reconocidas en ese y otros círculos artísticos de los años 20’s y 30’s y, por eso, en muchas ocasiones se habla con más interés de la vida de Georgia que de su trabajo. Se le consideró durante décadas como un ejemplo a seguir, se habló de su vida personal, de su status dentro del círculo de artistas, de sus relaciones, etc., pero no fue sino hasta los 50’s que realmente empezó a valorarse su trabajo por sí mismo.

Black Iris III (1926), imagen tomada de http://www.metmuseum.org/toah/works-of-art/69.278.1

Black Iris III (1926), tomada de http://www.metmuseum.org/toah/works-of-art/69.278.1

Georgia pintaba paisajes, urbanos como los de Manhattan, o del desierto como los de Nuevo México. Reconocía que sus más auténticas y consistentes referencias visuales provenían del suroeste norteamericano: la vastedad del desierto, el intenso cielo, las planicies, los cañones, las rocas y los huesos blancos y brillantes, los cuales  se convirtieron en los elementos esenciales de su obra.

También pintaba flores, y ésta parte de su obra es la que a mí más me gusta. Flores del desierto, orquídeas, flores silvestres, flores suculentas, flores apetitosas (y eso que no son frutas). Miraba las flores de cerca, y así las pintaba, haciendo acercamientos y llenando todo el espacio con sus formas. Flores que se desbordan y salen de los límites del lienzo.

Este cuerpo de pinturas y dibujos me parece completamente erótico, sensual, femenino. Me hace pensar en sexos femeninos, en placeres corporales deliciosos muy íntimos, en una conexión muy fuerte con su femineidad. Sin embargo, alguna vez le hicieron una entrevista en la que le fue sugerido el contenido erótico de sus pinturas y ¡ella se molestó! Respondió que ella pintaba lo que veía y nada más, que hacía acercamientos a ciertos ángulos y texturas que casi nunca vemos y que si la gente veía en ello erotismo, era su problema, que eso no era lo que ella pintaba.

Music Pink and Blue II (1919), tomada de http://arttattler.com/archiveokeeffe.html

Music Pink and Blue II (1919), tomada de http://arttattler.com/archiveokeeffe.html

Leer esto realmente me sorprendió, y me hizo pensar que tal vez soy una morbosa de lo peor, no obstante, lo asumo, disfruto su obra desde los sentidos y me conecto con ella desde mi femineidad.

¿Ustedes qué opinan?

Les recomiendo que visiten la página del museo de Georgia http://www.okeeffemuseum.org/

Información consultada en el libro Georgia O’keeffe Art and letters, de Jack Cowart, Juan Hamilton y Sarah Greenough. New York Graphic Society Books, 1987. Las imágenes fueron tomadas de diversos sitios en internet.


(1) Georgia O’Keeffe nació el 15 de noviembre de 1887 en Sun Prairie, Wisconsin y murió el 6 de marzo de 1986, en Santa Fe, Nuevo México a los noventa y nueve años.

CONTACTO: 

MAIL: rosaborras@gmail.com
FB: /rosaborras.puebla
TWITTER: @rosaborrosa

Posted on by Oscar Alarcon Posted in Fotografia, Mis Mujeres Favoritas

4 Responses to Una Flor Apetitosa: Georgia O’Keeffe

  1. Rosamaría Hernández

    Desde mi percepción, sí es totalmente erótica.
    Abrazo

    • rosa borras

      coincidimos, querida rosamaría. gracias por leer. besos.

  2. adriana

    espectacular sus obras y con una suavidad en cada obra alucinante

  3. rosa borras

    así es, adriana: una fuerza sutilmente espectacular, aunque suene imposible. gracias por leer. ¡saludos!

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