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Por David V. Estrada

Ciudad de México, 22 de marzo de 2021 [00:02 GMT-6] (Neotraba)

¿Para qué sirve que un teórico de la filosofía realice sus postulados sobre el pensamiento, la conducta y los meollos de la conciencia humana a estas alturas de la vida en que, como el mismo Slavoj Žižek menciona, al grueso de la población lo que le importa son mensajes sin sustancia? Desconozco la razón porque, a decir verdad, su forma de desgranar sus postulados es como la de los genios que se entienden a sí mismos, mientras emprenden un discurso que ni ellos saben dónde acabará. A la vez, sus estudiosos recoger la trama de pensamiento que deja tras de sí para que generar una madeja de razonamientos realmente luminosos.

Hombre de otro tiempo y producto de la posguerra en su natal Eslovenia, el multicitado estudioso del pensamiento humano, Slavoj Zizek, publicó en 2019 “El sexo y el fracaso del absoluto” en Europa, un compendio filosófico que intenta condensar sus postulados en estudios multidisciplinarios durante toda su vida. Este libro fue publicado en español por la Editorial Paidós, a fines del año pasado.

Si fuera un lector ocasional o de modas pasajeras, podría llevarme el gran fiasco de la vida al enfrentarme de inicio a un libro que vende mucho más por la portada y el título del libro, que por la fluidez que lleva dentro. Sin embargo, pongámonos a la altura: se trata de un libro de filosofía a la vieja usanza, requiere el temple de quien ama el pensamiento y sus entresijos. Además, claro, de las referencias pop que el pensador esloveno siempre tiene para sus lectores con el fin de ilustrar –a manera semiótica– sus postulados: desde referencias al cine de Tim Burton, Alfred Hitchcock, David Lynch o Terry Gilliam, pasando por episodios de la literatura universal, además de otras ramas artísticas y fenómenos sociales actuales en la red, como las fake news, el movimiento #MeToo o la crítica al Word Art existente en la mercadotecnia moderna.

Como buen conocedor de la filosofía, el psicoanálisis y la sociología, Žižek se dedica en este libro a diseccionar los 4 tópicos de su interés, divididos en 4 teoremas:

  • El destino de la ontología en la época moderna. Explicado y dialogado en la imposibilidad de regirse ante preceptos meramente metafísicos para estudiar seres regidos por materia y hechos sustanciales.
  • La sexualidad como la forma que tenemos los humanos para alcanzar una idea práctica del absoluto. Este teorema se basa en principios como el planteado por Jaques Lacan, en el que coloca a la pasión sexual como elemento de ruptura en el flujo de la vida cotidiana para intervenir otra dimensión que hace descuidar nuestras obligaciones cotidianas.
  • El paso continuo de un concepto hacia su opuesto, ejemplificado en la Cinta de Möbius: el ser se convierte en la nada y la cantidad en cualidad. O explicado mejor como el de seres y sociedades inmersos en un flujo de providencias y fatalidades sin fin que tienden a generar momentos de caos, calma y grandeza, de forma cíclica.
  • La guerra, la locura y el sexo como los potenciadores necesarios para la existencia de las naciones, la fortaleza humana y una rebelión en contra de la propia naturaleza.

En suma, podría decirse que este tratado filosófico de Žižek es un compendio de temas y estudios comparativos entre la filosofía de los siglos XVIII, XIX y XX. Lo anterior, visto desde el tamiz de una sociedad que cambia sus patrones de comportamiento, hoy más que nunca, imbuidos por el uso de las redes sociales, las tecnologías modernas y la evolución de un pensamiento religioso y mágico. Aún hoy, esa sociedad confronta a la sociedad del conocimiento, en una época donde toda la información está al alcance de un clic en cualquier dispositivo celular.

Sin duda, Slavoj Žižek es un filósofo que debe tomarse en cuenta. No lo digo solamente yo, sino las decenas de artículos y entrevistas que deambulan por la red en distintos periódicos del mundo, interesados en conocer su opinión en temas como la pandemia actual y sus expectativas de cambio para esta sociedad del Siglo XXI.


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