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Los Mochis, Sinaloa, 5 de marzo de 2026 (Neotraba)

Tiempo de lectura: 4 minutos

C capital
Acompañada por alguien más que la sombra. Los carros se conducen solos, los celulares pierden conexión y la hora que marcan son la última huella antes de desaparecer.

Me preocupo por tirar migajas para reconstruir el camino. Me preocupo si he dejado señas suficientes para recorrer los kilómetros que he dejado atrás.

Me pregunto porque las noticias se forjan en las calles de camino diario, encabezados policiacos en cualquier pared del centro. Me pregunto porque no se necesita que sea de noche para que la ciudad que recorro se vuelva negra.

Hoy mis miedos me devuelven a la habitación rentada que me devora el sueño, un falso resguardo de la C capital.
Punto de ebullición
El agua hierve
los frijoles tan duros todavía
tan negados al cambio
a kilómetros de distancia se siembran cuerpos
surcos tallados en la tierra fértil que recibe la vida que una vez dio
la estufa eléctrica hace ruidos extraños
la resistencia truena
la resistencia se escucha allá afuera
gritos enllagados heridos encolerizados
gritos como el agua que estalla
punto de ebullición
los frijoles explotan uno por uno contra la tapadera
una más contra el pavimento
una más que le queda solo la sombra
la llamada perdida
la última ubicación
guiso otras cosas para mantenerme ajena
sorda muda
el caldo me escalda la lengua y callo
una tarde más callo.
Falla sistémica I
En cuanto despierto
el estómago se conecta con el cerebro
o es el cerebro vicioso quien gobierna el puño
la presión, la náusea, el aire que falta
como respuesta inmediata a tu retorno
de ser esa llaga expuesta por ti.
Falla sistémica II
Huyo del sol que incendia mis zapatos, del concreto que alimenta al río seco
huyo del sol en una tarde de octubre frente a un carro rojo que se inquieta
que irrumpe con su voz de ráfaga.

Por aquí nadie pasa.

Huyo porque el miedo es grande y las piernas cortas, porque entendí lo que es una casa tomada.

Me escondo un año después alejada del perímetro: fuego

Aquí nada pasa.

Limpio manchas en el piso y en la ropa, el tizne de las paredes,
guardo de nuevo las venas expuestas mientras busco lo que quedó de piel.

Me escondo el siguiente año por tradición y el siguiente y el siguiente y el siguiente
hasta que no quede ciudad ni árboles ni asfalto al que tirarse contrapecho
hasta que mis ojos se nublen y el oído se ahogue
hasta que de la enfermedad me vuelva inmune, insensible, inmutable
hasta entonces tal vez deje de contar los años que faltan, a los que faltan,
los que me han robado, a los que han robado.
Cólera
Hice un pacto con la cólera para sobrevivir a ella:
cuando me nace de lo profundo la dejo recorrerme, con la punta de su lengua
lamerme la cordura y saborear los pensamientos que solo emergen con el insomnio.
Le permito arrullarme a través del puño cerrado de la saña y la violencia fluctuando por las venas.

Como la ironía del árbol y el ladrillo: ramificaciones de lo inorgánico: naturaleza urbana.
Los gritos de los niños me recuerdan a mis palabras tragadas, sostenidas en mis anginas y luego vomitadas porque el cuerpo devuelve lo que no es suyo.

Ahí, entre restos de comida y la hambruna, hice un pacto con la cólera para sobrevivir
en las gotas que nunca caen, en nubes temerosas a desgajarse.
Yo que a todo le temo, sucumbo a una voz interna que ha ido incrementando.
Paralela a mis piernas crecientes. Ella que aprendió a nombrar la esencia de las cosas.
Ella que aprendió a encajarle el diente al sol. Ella que es sombra menguante. Luna nueva.

Cecilia Aurora Bojórquez. Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas, poeta y correctora de textos. Ha participado en diferentes recitales poéticos y actividades culturales como en el Encuentro Literario Inés Arredondo y el programa Arte comunitario: formación y capacitación en el estado de Sinaloa (2024). Además de poesía disfruta escribir cuentos, en 2023 recibió mención honorífica en el Premio de Artes Visuales y Cuento de Horror en el marco del 2º Festival del Horror en las Artes, organizado por el Instituto Sinaloense de Cultura. Ha participado en Mujeres Creando Sinaloa y ha asistido a diferentes talleres de creación literaria impartidos. Le gusta escribir mientras viaja en carretera de Los Mochis a Culiacán, y tiene a las auroritas como guía espiritual.


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