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Por Alexis Salinas

Puebla, México, 24 de febrero de 2021 [00:05 GMT-5] (Neotraba)

Las páginas en los libros se borran. Los discos de música se rayan. Las fotografías se maltratan. La información es una de las cosas más preciadas para los seres humanos. Nuestra memoria, en cierta manera, es lo que somos: nuestras experiencias, recuerdos, gustos, y podría aventurarme a decir que incluso nuestras emociones. Todo eso está a salvo en algún lugar de nuestra materia gris, dentro de nuestra cabeza y rara vez se afecta de manera significativa. Claro, somos falibles y olvidamos, pero sólo para hacer lugar a muchas más experiencias y recuerdos.

¿Cuál es el recuerdo más viejo que pueden recordar con claridad? Muchos de los míos se remontan a cuando tenía 3 años. Fue una etapa muy significativa y, para serles sincero, no podría decir con precisión cuál de ellos fue primero: mi cumpleaños, algunos días del kínder, o cuando solía morir en Mario Bros y me ponía a llorar porque perdía.

Fotografía de Alexis a los 3 años. Cortesía del autor.
Fotografía de Alexis a los 3 años. Cortesía del autor.

Por suerte, la tecnología –nos percatemos o no– se volvió muy relevante para nosotros en el apoyo a nuestra memoria. Desde su primer avance en forma de escritura hasta los más recientes como el bit, los medios de almacenamiento acompañan a la humanidad y le permitieron no sólo conservar conocimiento sino también compartirlo. ¿Qué sería de la literatura sin la imprenta o de la industria del cine sin la película?

Déjenme hacerles otra pregunta: ¿importa el medio dónde se almacena algo más que dónde se transmite o reproduce? Es decir, si tomamos, por ejemplo, la industria de la música, ésta sufrió varios cambios a lo largo de los últimos 50 años. Podríamos poner un punto de partida en los Discos de vinil; siguieron los Cassettes y CD’s; terminamos en la música por transmisión: Spotify, YT Music, Apple Music, Deezer, etcétera.

Casetes. Foto de Malcom Tyrrell tomada de Wikipedia.
Casetes. Foto de Malcolm Tyrrell tomada de Wikipedia.

Si lo analizamos un poco, el reproductor de música se acopla al medio donde está almacenado el sonido, y hasta hace poco la calidad de éste no era un problema real porque no era una señal digital sino una analógica. Lo mismo podría decir del cine y su paso por el Beta, VHS, DVD, Blu-Ray y, por supuesto, Netflix, Prime Video, o Disney Plus.

Sin embargo, el problema fue cuando se dio el cambio de los medios físicos a los digitales. De pronto, ya no sólo éramos dueños de una copia del producto, en una computadora se podían duplicar los contenidos almacenados en el CD. Después de todo, para ellas no hay diferencia entre una imagen, una canción o un video: todo son bits de información, no hay jerarquía, ni propiedad.

A las grandes empresas les molesta cuando pierden el control sobre algo de lo que son dueñas. A pesar de ser el usuario el dueño final, en teoría. Existen casos de granjeros que debieron hackear sus tractores John Deere. Lo observamos en cosas usadas a diario, como los celulares, precargados de aplicaciones que nadie usa jamás.

Surge el problema con las tiendas en línea, los servicios de streaming y, por qué no, incluso con las redes sociales. El usuario ya no es dueño de nada. Aceptamos los términos y condiciones de decenas de aplicaciones y programas al año y sin darnos cuenta cedimos el derecho de ser dueños incluso de nuestra propia información.

Logo de Netflix.
Logo de Netflix.

Otro problema es la obsolescencia de los dispositivos para reproducir el contenido y es aquí cuando entramos principalmente al mundo de los videojuegos. Si tienen un cartucho de Super Mario World o un disco de Crash Bandicoot, se necesita de la consola con sus respectivos cables y controles para poder experimentarlo. Nintendo es famoso por vender los mismos juegos una y otra vez con cada consola nueva que sale al mercado. De cierta forma, es absurdo, pues nada les impediría asociar las licencias a una cuenta única.

El contenido es el mismo, pero ya no somos dueños de él.

El streaming como servicio abre puertas engañosas. Seguro, la suscripción es barata, pero el contenido está sumamente controlado y al contentillo de una empresa sobre la cual el usuario tiene poca o nula injerencia.

Disco Duro Mecánico. Foto de Alexis Salinas.
Disco Duro Mecánico. Foto de Alexis Salinas.

Entonces, ¿qué?

En realidad ningún medio es infalible. Tal y como inicié la columna, los discos se rallan, los libros se desgastan, incluso los discos duros tienen una vida media de 5 a 10 años aproximadamente. Nuestros archivos en la nube están a merced de terceros y no podemos hacer nada más allá de tener respaldos varios del contenido que consumimos. Siempre se puede digitalizar una foto o un álbum y mantener los objetos físicos.

Por suerte, existen comunidades en línea dedicadas a la preservación de distintos medios, como películas, videojuegos, series, animes etc. Desarrolladores se dedican a decodificar las consolas de antaño y a digitalizar los cartuchos o CD’s para que, con el uso de un emulador, podamos disfrutar los juegos de antaño en nuestra computadora o incluso en el celular. Se trasciende así la barrera del tiempo y de la obsolescencia.

Sin dudarlo, navegan una delgada línea entre la preservación y la piratería. Pero, en su mayoría, son proyectos que nacen de la pasión por la conservación del videojuego ya que difícilmente llegan a recibir remuneración alguna.

Super Mario World para PC
Super Mario World para PC

Lo mismo podría decir de los esfuerzos de las comunidades de manga o anime encargadas básicamente de la traducción de obras completas.

Pienso: las empresas deberían de buscar la manera de sacar este contenido de sus arcas para lograr una manera legal de consumirlos. Aunque existan remasterizaciones o remakes de películas, álbumes y juegos, aún hay muchísimo material en el olvido, pero no de los fans sino de las propias empresas. Todo esto, aunado a sus prácticas anti-consumidor, me deja un mal sabor de boca.

De algo estoy seguro y es que sin estas comunidades el internet sería un lugar peor. Como arte, como experiencias y como ideas, los medios son invaluables, preferiría mil veces zarpar los 7 mares (si saben a lo que me refiero) a vivir en un mundo donde la tecnología misma y la codicia de las empresas las dejó en el olvido.

Getting Over It de Bennett Foddy
Getting Over It de Bennett Foddy

Pero, por supuesto, apoyen sus artistas y estudios independientes favoritos. En ellos está el futuro de las diversas industrias. Se los puedo asegurar.


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