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Por Óscar Alarcón (@metaoscar)

Puebla, México, 11 de mayo de 2022 [00:01 GMT-5] (Neotraba)

Mudanza. Foto de Adriana Barba
Mudanza. Foto de Adriana Barba

Mudanza

Después de vivir 12 años cerca del centro de Puebla me mudé a San Andrés Cholula. Un municipio que ha crecido en los últimos años no sólo por la Universidad de las Américas sino porque en la zona se han desarrollado comercios como cafeterías, pulquerías, pizzerías y un montón de “ías” más.

Me mudé tres veces dentro de la misma vecindad donde viví. Del primer piso a la planta baja y de regreso al primero, al número 12. Sin embargo, esos cambios no fueron tan significativos como este último.

En las mudanzas hay que empacar todos los recuerdos en cajas, en maletas. Se van la ropa, los trastes, la cama; y cuanta chingadera, que jamás se han imaginado que tienen, aparece.

En las mudanzas uno también aprende a depurar. Como ya dije, se empacan los recuerdos, pero uno también aprende a soltar, a dejar a un lado el mueble con la pata rota que nos regaló nuestra madre. Hay viajes que es mejor hacerlos liviano. Hay que aprender a soltar.

Y, créanme, cuando se trata de economizar, también viene bien viajar con poco equipaje.

Los mudanceros cobran por el número de cajas, de pisos que hay que subir y bajar, por muebles, por dificultad al cargar los objetos. Es importante usar faja para que no aparezca una hernia, me lo dijo uno de los señores que cargó varias de mis cajas. Temí que se abriera una de cartón y expusiera no sólo mis cucharas, ollas y vasos sino todo aquello a lo que me he aferrado por años. La vergüenza de la posibilidad creció más cuando me di cuenta que las sábanas sin lavar estaban en esa caja. No se preocupe, somos expertos, terminó la frase y salió por la puerta.

La mudanza es cambio, movimiento, recordar que el cuerpo y la mente necesitan renovarse para mantenerse vivo. Asentarse en un lugar, echar raíces, “enterrar el ombligo” es necesario, pero hacer a un lado el sedentarismo le hizo al ser humano explorar más allá de su entorno.

La mudanza es crecimiento y también es para valientes: no cualquiera tiene se despega de una casa, las costumbres, la ciudad que por años le han visto crecer y formarse. Las ciudades nos forman. Las mudanzas transforman al ser humano.

Andanzas por Alemania e Italia de Mary W. Shelley. Imagen tomada de la página de Minerva Editorial
Andanzas por Alemania e Italia de Mary W. Shelley. Imagen tomada de la página de Minerva Editorial

Viaje

En 2019, la Universidad Autónoma de Nuevo León publicó en coedición con Minerva Editorial, Andanzas por Alemania e Italia (1842-1843) de Mary W. Shelley. Un libro de crónicas de viaje de la autora de Frankenstein o El Moderno Prometeo.

La visión aguda de una viajera habita las páginas de este libro. Shelley es una minuciosa observadora, va detallando las piedras, los caminos, las ciudades a donde va llegando.

Si tuviéramos la posibilidad de viajar por un año, si tuviéramos el tiempo para observar lo que rodea a ese viaje no sólo relataríamos lo visto de manera superflua, sino que quizá profundizaríamos en cada día vivido.

Mary W. Shelley nos ofrece una breve radiografía de dos países disimiles: Alemania, la recta, aburrida y categórica. E Italia, la festiva, la pobre, la bella y corrupta.

Es importante señalar que al diseccionar sus andanzas y mostrarles en el papel, Shelley deambula de lo personal a lo político. Lo mismo habla de la falta de belleza de los hombres alemanes o de la forma en la que los Papas italianos dominaban un país pobre: “No hay alemanes atractivos –las mujeres más guapas son una que otra rusa. Los ingleses no brillan como de costumbre.” (p. 33).

Andanzas por Alemania e Italia (1842-1843) se convierte en una serie de declaraciones políticas, libertarias y rebeldes. Los Carbonari rondan sus páginas y Shelley tiene simpatía por ellos. No podía ser de otra manera, una mujer que revolucionó la literatura universal se inclina por aquello que implique romper cadenas:

“Por cada chispa revolucionaria que se prende en cualquier parte de Europa, un incendio arde en Italia. El mencionado mal gobierno es la razón por la que anteriormente la Romaña haya sido el epicentro de esos movimientos insurgentes, pero nunca ha existido ni la suficiente unidad ni la fuerza para asegurar su consumación. Cuando inició la Revolución francesa de 1830, los Carbonari y los cabecillas de otras organizaciones secretas creyeron que había llegado el momento propicio para alcanzar sus designios.” (p. 205)

Este viaje de Shelley nos advierte de los cambios que se habían gestado durante un siglo y que impactarían los cien años siguientes: revoluciones, cambios de paradigmas en la forma de pensar de la gente, la ascensión de las formas más terribles de comportamiento del ser humano.

La edición de la UANL y Minerva Editorial está traducida y ha sido seleccionada por Alejandro González Ormerod y contiene un mapa en el que se muestra este viaje que inicia en Southampton y culmina en Calabria, con lo que entendemos que la geografía política también era determinante para emprender estas andanzas y que ya, en 1842, el ser ciudadana británica abría muchas puertas.

La de Shelley es una narrativa fluida, la pluma hace retratos de los lugares por donde pasa, los análisis políticos se acercan al periodismo y nos hace ver que el género epistolar debería volver a posicionarse como libro publicable.

“La insolencia del alemán [austriaco], la arrogancia de los Papas, el estado degradado de su gente y de las aspiraciones de sus patriotas; cada uno tendrá voz aquí. […]

Cuando visitamos Italia nos volvemos lo que a los italianos no se les permite ser: gozantes de las bellezas de la naturaleza, de la elegancia del arte, de las delicias del clima, de las memorias del pasado, de los placeres de la sociedad, todo sin mayor preocupación.”

Mary W. Shelley nos deja ver que viajar no es hacerle al turista, que para entender los lugares que visitamos hay que respetarlos y al mismo tiempo diseccionarlos para habitarlos y comprenderlos. Es un libro íntimo, una conversación con el lector, nos recuerda que viajar es uno de los principales motivos para despertar la imaginación.

Con este libro, Mary W. Shelley, nos recuerda que los viajes transforman al ser humano.


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