De futuros imperfectos: distopías en el cine y la literatura, más allá de 1984 y Un mundo feliz
Jorge Tadeo hace un breve recuento sobre algunas obras de ciencia ficción y cómo han repercutido en la historia del ser humano

Jorge Tadeo hace un breve recuento sobre algunas obras de ciencia ficción y cómo han repercutido en la historia del ser humano

Por Jorge Tadeo
Desde el autoexilio en los bosques de Klatch City, 24 de agosto de 2026 (Neotraba)
Imaginarse el futuro ha sido una de las obsesiones que más se han desarrollado en la ciencia ficción. Es posible que esta haya sido una de las primeras preocupaciones de toda la humanidad. El saber que nos depara el futuro, que se nos viene encima y si estamos preparados para ello. Desde ahí es que los escritores de ciencia ficción lo han ido plasmado. Primero en novelas, relatos, cómics, para con el paso del tiempo en el cine y la televisión.
Y es que a pesar de lo que nos puede deparar en el futuro, el cómo seremos como sociedad dentro de algunos años, no es solo la preocupación de un grupo de frikis, de geeks que consumen historias fantásticas y que se reúnen en convenciones para discutir posibles escenarios; esta preocupación la tiene toda la humanidad, tanto a nivel individual, como colectivo. No solo esta esa pregunta que todxs nos hacemos de ¿Que pasará mañana? ¿Llegare a viejx y conoceré a mis nietxs? También nos preguntamos qué mundo le estamos dejando a las futuros generaciones y en esta duda va implícita la preocupación colectiva de lo que nos espera como sociedad.
Aquí se puede dividir entre aquellos optimistas que esperan que la tecnología nos ayude a vivir mejor, como lo plantean algunos escritores de ciencia ficción en novelas como Ringworld de Larry Niven, algunos cuentos de Isaac Asimov entre otros. Pero también están aquellos que piensan que no habrá cambios significativos y claro, los pesimistas/realistas que creen que la humanidad es un ejercicio fallido y que estamos condenados a la extinción.
Por otro lado, lo están aquellos que van dibujando futuros distopicos desde los más apocalípticos como los que presenta Richard Matheson en su novela I am Legend, o aquellos donde se presentan gobiernos totalitarios, dictatoriales que controlan todas nuestras vidas. 1984 de George Orwell, Brave New World de Aldous Huxley y la novela gráfica V of Vendetta, escrita por Alan Moore y dibujada por David Lloyd son mencionadas hasta el cansancio como referencias de lo que vivimos actualmente o de lo que nos esperan en el futuro.
También están aquellas historias pandémicas que en estos años nos parecieron tan familiares, como Earth Abides de George R. Stewart, con aquella frase final tan fantástica: “los seres humanos llegan y se van, solo la tierra permanece” o en el cine la versión de 12 Monkeys (1995) de Terry Gilliam, así como una gran cantidad de cine de zombies que, si bien no necesariamente son futuros distopicos, si son un presente pandémico.
En ocasiones esto pone a los escritores en una posición de profetas, de adivinos, aunque a decir verdad de la revolución industrial a la fecha, prever lo que se nos viene encima en el futuro tiene más relación con la historia que con el futuro. “La ciencia ficción analiza el pasado para así tener una idea de que futuro nos espera” decía Isaac Asimov. Desde ahí, viendo hacia atrás es que se piensa hacia adelante. Algunas veces se acierta; la mayoría de las veces se equivocan. Siempre son referencias históricas envueltas en tecnología.
De los futuros distópicos que se presentan tanto en el cine, como en la literatura se ha escrito hasta el cansancio, de cómo nos muestran el futuro que nos espera o el presente en que estamos viviendo. Desde Soylent Green (1973) de Richard Fleischer, basada en la novela Make Room, Make Room! de Harry Harrison hasta series como L’Effondrement (2019) del colectivo francés “Les Parasites”.
La evolución de las historias distopicas han venido dando un giro importante en lo que se piensa contar. Sagas blockbuster como Mad Max de George Miller o Terminator de James Cameron aun insisten en mostrarnos esos mundos apocalípticos donde el héroe sobrevive gracias a que es el más inteligente, el más fuerte, el más hábil con las armas, donde los gobiernos no existen y el mundo devastado se compone por pequeños feudos los cuales por medio de la violencia los más fuertes se imponen a los demás. O en las contrapartes ya mencionadas con gobiernos totalitarios, tiránicos que mantienen el control de todo y de todxs.
La verdad es que el futuro más cercano está muy alejado de estos que nos presentan las grandes producciones de Hollywood, este se dirige hacia otro escenario, el cual me propongo analizar por medio de algunas obras tanto visuales (cine y series) como novelas, que reflejan en mi opinión ese futuro distopico que nos espera en los próximos años con el colapso socio-ecológico que se viene y la mutación hacia un Nuevo Feudalismo, como lo han pronosticado la anarquista Luce Fabrri y el activista, músico, provocador Jello Biafra en algunos momentos.
Esta crítica se hace desde una postura anticapitalista, teniendo como escenario el capitalismo de plataforma y las zonas de sacrificio. Algo que se ve muy poco en el cine, las series y la literatura actualmente. Ni siquiera películas como Elisyum (2013) de Neil Bloomkamp que describe a la perfección el escenario neofeudal que nos espera tiene una crítica real al capitalismo. Aquí analizaremos ejercicios que si tienen esta crítica.
La primera película que mencionar es Idocracy (2006) dirigida por Mike Judge que tiene en su currículum ser el creador de Beavis and Butthead, Kings of the Hill y la película Office Space donde hace una feroz critica a lo que eventualmente David Graeber llamo trabajos de mierda.
En Idocracy Judge muestra un futuro donde la sociedad norteamericana, después de años de influencia y control de las corporaciones transnacionales por medio de la propaganda en la televisión. (fue antes del boom de las redes sociales y las plataformas de streaming) son incapaces de protestar, de movilizarse contra ellas, ni siquiera son capaces de criticar en sus casas, no por miedo, solo no saben cómo hacerlo.
Viven repitiendo eslóganes que las corporaciones les transmiten en el día a día, mientras que el gobierno es un espectáculo al más puro estilo de la WWE. Así, el protagonista que es un tipo del presente que se queda atorado en una cámara criogénica, que tiene una inteligencia promedio, nada extraordinario pero que con un poco de sentido común intenta hacer cambios mínimos en la sociedad, como involucrarse en los problemas y buscarles solución.
Judge desde la sátira y la ironía hace una crítica a las formas que usa el capitalismo para controlarnos. Aunque previo a las plataformas están se ven reflejadas en algunas acciones, como los programas de TV basura de pura inmediatez, las fake news, entre otras.
En el 2009, Alex Rivera filmo Sleep Dealers, una escalofriante película donde los trabajadores migrantes se han convertido en cybertrabajadores que se conectan desde sus ciudades en el Sur Global. La extracción, la privatización del territorio, el deterioro socio-ecológico están muy presentes en toda la historia, siendo el tema del agua y su privatización el ejemplo más utilizado en la película.
Rivera hace un estupendo análisis de como el capitalismo nos va quitando todo para su propio beneficio y quienes resisten se ven perseguidos, criminalizados, desde el presente, nos dibuja un horrible futuro. Aunque fue muy comparada con Matrix en su momento, Sleep Dealers es mucho más directa u concreta a la hora de la denuncia.
En la literatura, el australiano Max Barry después de su debut con la novela Syrup llegó con Jennifer Goverment una desenfrenada sátira noir donde nos muestra un futuro donde las corporaciones transnacionales han tomado todo el control del mundo formando alianzas y compiten de tú a tú con el gobierno.
Su crítica anticapitalista, aunque bastante marxista y pesimista disfrazada con mucho humor negro, satírico, muestra la frialdad con la que se manejan los ejecutivos de las corporaciones y como el capitalismo, se roba el mantra de lucha de la izquierda para ellos también decir “por todos los medios necesarios”. Sin llegar a ser una crítica anti-gobierno, pero si anticapitalista, Barry no da espacio para pensar desde el optimismo; el mundo está condenado y poco o nada podemos hacer, más allá de un activismo que a la mayoría de la sociedad le parece cómico, violento o de gente sin nada mejor que hacer.
Aquí no puede faltar Úrsula K Leguin quien ha hecho una fuerte crítica no solo a los gobiernos totalitarios, sino a toda forma de gobierno, pues desde su literatura ha sido una fuerte promotora del anarquismo como la alternativa a lo que nos ofrece el modelo de producción-consumo y que si bien tiene en Los desposeídos (1974) su novela más famosa, en Siempre volviendo a casa (1985) y En la mano izquierda de la oscuridad (1969) dos ejemplos de como esta autora combina la crítica al capitalismo desde la literatura y la antropología.
Para cerrar con la literatura distópica, tenemos El cuento de la criada (1985) de Margaret Atwood, quien hace una crítica al capitalismo y distintas formas de gobierno actuales y que además ha sido convertida en una serie Live Action que tuvo once temporadas.
En ocho capítulos filmados en plano secuencia, el colectivo “Les Parasites” muestra un distopico colapso no muy alejado ni de la realidad, ni de nuestro presente. Con “L’Effondrement” (Colapso, en español) van presentando ejemplos de cómo el capitalismo va afectando a distintos niveles las relaciones de las personas y sus formas de vida; desde el desabasto de comida, combustible, energía eléctrica hasta el cómo los ricos ya están preparando su Elisyum para cuando la civilización se venga abajo.
El cine y la literatura son una representación de nuestros sueños, tanto individuales como colectivos. Esto es igual con aquellos que nos hablan de nuestro futuro, no son solo premonitorios, sino una advertencia que no estamos poniendo atención. El capitalismo tardío está mutando y la ciencia ficción en todas sus formas lo está documentando.
