Ciudad de México, 8 de mayo de 2026 (Neotraba)

Tiempo de lectura: 2 minutos

Carta al duelo por Fabiola Arellano

Eres un maestro que nos empuja a aprender lo que no queremos saber. Tus enseñanzas nos atraviesan y aunque podríamos jugar a negarlas, algo en nuestros cuerpos siempre nos delata; la mirada triste, el sinsabor en los labios, la espalda endurecida, los pies aletargados o el frío en la voz.

Eres de los que un día cualquiera, se instalan sin pedir permiso y no se van jamás. Nos haces llorar en los cumpleaños que ya no se celebran, nos regalas melancolía en los días que eran especiales pero que van perdiendo el sentido, nos dices que no viviremos para siempre, que los muertos no sabrán de nuestros logros, que desde la nada a la que se van les resultará imposible saber cómo nos resquebrajó su ausencia. Ignorarán si hemos vuelto a fumar o si nos convertimos en bebedores apasionados. No conocerán los dolores que nos atraviesan, los nombres de nuestros nuevos amores, ni si brindamos a su salud o si les reprochamos a grito abierto.

Así, cada uno a tu lado, seguirá aprendiendo a andar sus propios pasos, sin esas compañías que desde la ausencia se vuelven omnipresentes. Tú nos recuerdas que nuestra hija no volverá, que aquel amor importante se terminó, que mamá no regresará, que no podremos volver a sentir los abrazos de la abuela, que no volveremos a leer los mensajes de nuestra tía. No recibiremos respuestas, nos quedaremos con ese silencio que luego se transformará en una calma adolorida que de a poco dolerá menos.

Nos dejas impregnado el aroma del pasado. Primero llega el cansancio, luego el llanto, la pausa hasta asimilar que somos los vivos los que continuamos y que el resto son memorias. Algunas entrañables, otras infames.

Yo ya te conocía, fue en un acercamiento sutil. No había sentido presión para responder. Lo dejé pasar hasta que una noche tu presencia fue brutal. Me habría encantado que me hubieras encontrado respirando profundo, aceptando, diciendo adiós para luego aprender a continuar. Aún me avergüenza que me hayas visto gritando enloquecida, temblando en la banqueta, con los labios impregnados de muerte. No te burlaste, lo agradezco. Te sentaste a mi lado, parecido a una sombra que ya no supo cómo irse. Todo pasa, es un momento, me decías y sentí tu abrazo. No me dejaste sola.


Fabiola Arellano Jiménez brinda acompañamientos en Terapéutica Colectiva, colabora con La Lleca Colectiva brindando acompañamientos a personas en contextos complejos (penitenciarias y okupas), es docente, psicoterapeuta independiente, mamá de mini Cookie Monster come libros, compañera de un loco amante de los perros y de un gato llamado Fiasco.


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