Hermosillo, Sonora, 27 de agosto 2026 (Neotraba)

Edades de plata*
Cierro mis ojos en tu piel y por fin veo el azul sin tiempo, los soles verdes a deshora, las edades de plata que recorren tus ondas. Veo este infinito amarrado con suspiros. Veo, por fin, la superficie de sal deshacerse a la orilla de mi lengua.
Arden mis raíces
Me recuerdo en un fragmento de mar, a la medida de mi sombra, resuena la tormenta escarlata, y por un recorte celestial aparece blancuzca la pupila. Mis piernas tiritan por el desierto, arden mis raíces. A mi derecha, detrás del ocaso artificial emerge tu espejismo.
Reconozco tu aroma
Reconozco tu aroma como el abrazo de la noche. Recorre mis llantos, se agolpan en mis entrañas, se une a mi sangre derramada, se detiene y acaricia mis sienes. Tu aroma silencia los deslices que susurran de madrugada.
Tu aroma cerúleo eclipsa la mirada lunar, me embriaga y abriga esta tertulia glacial. Tu aroma como oleadas derrumba lo marchito, renace entre mis piernas en las horas agonizantes.
Tu aroma me reclama una vida que no tuve, de sirenas que desafinan. Tu aroma se abre como el mar y me comprende.
Dos noches
Bastan dos noches para habitar cinco años, años que pasan como pasan los días, días tan iguales, de soles que dejamos de compartir, de olvidos que nos han hecho llegar aquí, a este momento de contemplación: tan iguales en amor, tan distintos en andar. Lo cotidiano lo dejamos de lado, y dejamos de lado nuestras penas, pero tus brazos me envuelven como la vez primera: con presente, con el mañana, con las anécdotas de mujeres dulces y amargas, amargas como nuestro gusto compartido por el café y la cerveza. Compartimos el silencio del dolor de nuestra infancia, que se graba en la mirada, la inocencia que jamás se va porque ser detuvo a contemplar la tarde. Con cuerpo de mujer serías mi amante, tal vez y ya lo eres. Un mismo corazón con dos historias: con la misma tierra entre lora dedos, tú con unas manos que reverdecer y la mía que recolectan llantos; con el mismo desierto que nos moldea, que nos deja un deseo húmedo en la punta de la lengua, con la piel acostumbrada al abismo, con las ganas de respirar a veces en pausa.  Bastan cinco años para habitar dos noches de nuestras lunas compartidas.
Pudín de chocolate
La inocencia encanta la insomne oscuridad de un mañana madrugador: “pudín de chocolate”, susurra el silencio. El sabor no se puede contener y las carcajadas salen a perseguir gatos en la azotea. 
La inocencia doblega con ternura el vientre e invitan al festín unas lágrimas que acarician la soledad. Los recuerdos se acumulan como nubes grisáceas llenitas de ternura y tormento. Caen telarañas de humedad para atrapar las pesadillas de faltas que hieren y abrazan, caen las gotas de ternura por la mejilla y unen un par de corazones a once leguas, en ese mismo canto maternal donde reverbera la infancia.

Del libro colectivo Amantes del desierto, 2024


Dulce María de la O. Comunicóloga de formación, actualmente cursa el Taller de Lengua de Mariposa impartido por la maestra Clara Luz Montoya, espacio de poesía donde surgió su ópera prima Amantes del desierto (2024), ha participado en la antología De palabras hechos (2021) como parte del Taller de Creación literaria a cargo del maestro Juan Manz, ambos talleres han sido su salvación. Forma parte de otras antologías en poesía, así como en narrativa en las IX, X y XI ediciones del Encuentro Edmundo Valadés.


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