Puebla, México, 23 de mayo de 2026 (Neotraba)

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Había una vez un científico llamado Acfred, físicamente era muy alto, flaco, con una voz cálida y algo que lo caracterizaba era una peculiar mancha en la cara, la cual era su mayor inseguridad. Hablando de su personalidad, era una persona muy tranquila; algo reservado, abierto a obtener conocimiento, generoso y, sobre todo, creativo.

Tenía innovadores inventos, los cuales contribuyeron mucho a la sociedad. Pero tenía un gran conflicto: se le estaban acabando las ideas de qué crear o descubrir. Quería que fuera algo espléndido, sorprendente y, principalmente, novedoso. Estuvo pensando por semanas, pero no sabía lo que podía hacer. Tenía un choque creativo y necesitaba que ya se le viniera algo a la mente. Mientras estaba reflexionando lo que podía hacer, fue a comprar algo para comer.

A Acfred le encantaba la comida china, y el lugar en donde se encontraba casi no tenía locales en donde vendieran este tipo de comida, pero se encontraba un lugar a las afueras de su ciudad en el que vendían la mejor comida china, aunque era algo raro y el dueño era lo más extraño que podría existir en este mundo, siempre era tan callado. Continuó su camino hacia la tienda, se preguntaba sobre la vida y sus inventos, Acfred se preocupó porque creía que ya no iba a poder progresar como científico, era su propósito de vida y cada vez se iba desilusionando más. Todo eso lo iba afectando demasiado, para cuando llegó la tienda tenía una cara triste, estaba melancólico, con un gran sentimiento de soledad.

Cuando llegó a la tienda vio al dueño, era bastante joven, alto, siempre con una sonrisa y su peculiar mirada, ya que tenía los ojos verdes. Ese día, Acfred decidió saludar al dueño ya que no perdía nada por conocerlo y, al igual que él, no tenía muchos amigos, así que quería buscar alguien que lo pudiera acompañar, ya que estaba pasando por un momento muy difícil. Llegó y lo saludó, le devolvieron el saludo, y cuando quiso entablar una conversación, no obtuvo alguna palabra del dueño, lo que hizo que el científico se quedará desconcertado. Hubo un gran silencio incómodo, pero, de repente, el dueño se metió a su restaurante. Acfred se sintió mal y confundido, ya que pensó que había razón para que el dueño lo tratara así. Sin embargo, justo cuando iba a volver a su laboratorio, de la nada sale el dueño con la comida favorita del científico y un pizarrón, junto a su plumón. Acfred volteó a ver, porque alguien le estaba tocando el hombro y cuando vio era el dueño, el científico tenía muchas dudas en ese momento, pero el dueño sólo escribió en el pizarrón, en el que puso su nombre: William. Acfred con muchas preguntas, tratando de decirlas al mismo tiempo y el dueño no entendió ni una, los dos tomaron una decisión buena para que ya pudiera hablar, fueron a sentarse. El científico lo primero que le preguntó fue: “¿Por qué escribía en un pizarrón?” Entonces, el dueño solo sonrió y lo puso en el pizarrón: era mudo. Para Acfred, esa respuesta fue algo sorprendente, porque nunca había conocido a alguien con ese problema. Después empezaron a conversar sobre diversas cosas, claro que uno por palabras y el otro por el pizarrón.

Era muy rara esta situación, pero se comenzaron a llevar bien. Ya estaba oscureciendo, así que Acfred ya tenía que volver a su casa. Le agradeció por todo a William, pero antes, le prometió al dueño que iba a volver mañana. Cuando iba de regreso a su casa, el científico iba pensando ideas, además de que se dijo a sí mismo lo genial que fue haber conocido a alguien nuevo. Ellos dos compartían muchos pensamientos y puntos de vista sobre la vida.

Al día siguiente, Acfred volvió y empezó a enseñarle sobre sus inventos al dueño, los dos pusieron a prueba todos y se empezaron a divertir, como era de esperarse el tiempo pasó volando, así que el científico decidió irse a su casa. Así pasaron días en donde repetían la misma rutina, Acfred ya estaba considerando a William como su propio hijo, teniendo en cuenta que el científico era mucho más maduro y ya era bastante grande comparado con la edad de William. Todo era felicidad, pero algo se sentía mal y era que Acfred no podía parar de pensar en cómo ayudar a William, el científico quería que pudiera entablar una conversación, por lo menos una palabra, pero sabía que era casi imposible que William volviera hablar. Así que empezó a ingeniar una idea, le dijo al dueño de la comida china y su mejor amigo, que no podía ir en unos días al restaurante.

Acfred se encerró en su laboratorio a buscar alguna solución, para que William ya no tuviera que escribir en el pizarrón. Empezó poniendo ideas, tratando de buscar alguna solución, pero era casi imposible, lo que lo desanimó, pero se propuso no rendirse y seguir adelante, tenía que ayudar a su mejor amigo. Acfred se quedó pensando, hasta que se quedó dormido y en sus sueños vio algo fabuloso, era la solución para todos los problemas de William, rápidamente despertó y empezó a dibujarlo, para luego empezar el prototipo. Era algo raro y diferente el diseño, pero totalmente ingenioso, básicamente era un traductor de pensamientos o palabras, lo que hace como dice el nombre básicamente convierte pensamientos o palabras en una imagen o las palabras, pero en una pantalla. Este invento utiliza neurociencia, ondas cerebrales y obviamente tecnología, básicamente lo que va a hacer es crear un robot que sería la pantalla y programarla, para luego insertar un neurochip, que va a detectar las ondas cerebrales y el robot va a transmitir la información detectada en la pantalla. Rápidamente el científico empezó a crearlo y se tardó algunos días más para hacerlo. William ya se estaba preocupando por Acfred, ya que no había venido hace mucho tiempo, entonces pensó que el científico ya no lo quería ver y se deprimió, creía que lo había dejado porque no podía hablar y que se había hartando porque escribía muy lento en el pizarrón. Mientras tanto el científico ya se había angustiado, pues no había ido con William para explicarle todo, así que mientras se fabricaba y se programaba algo solo, fue a visitarlo.

Cuando llegó no vio a nadie y se asustó, entonces decidió ir a preguntar a las personas que estaban en el restaurante, nadie sabía nada acerca del dueño. Pero llegó alguien, era la vecina más cercana de William. Le dijo que el dueño normalmente iba al parque Okla. El nombre era muy raro, pero fue a buscarlo. El científico llegó al parque e inmediatamente fue a buscar a su mejor amigo William. No veía nada hasta que, de repente, vio una silueta similar a la de Willie, así le empezó a decir de cariño. Fue corriendo hacia la silueta y sí, era su mejor amigo William. Estaba alimentando a los patos, pensando en dónde estaba Acfred, y volteó a ver el paisaje cuando vio que era el científico. Entonces, los dos se vieron y fueron rápidamente a abrazarse. Para ellos fue tan conmovedor volver a verse. Entonces se sentaron y Acfred habló con él para contarle por qué había desaparecido. Willie se lo tomó a bien, ya que se puso feliz al saber que por fin iba a poder entablar una conversación, sin escribir en un pizarrón, que para él era muy difícil escribir todo el tiempo. Entonces, el científico decidió llevarlo al laboratorio para poner a prueba el dispositivo.

William se sentó y Acfred le puso el neurochip, y llegó la hora de la verdad: si no funcionaba, todo esto iba a ser para nada. Acfred le pidió a Willie que pensara algo para que se pudiera ver en la pantalla. Entonces, lo hizo y lo logró. La pantalla empezó a transmitir lo que sentía y pensaba. Lo probaron y entablaron una buena conversación. Ellos dos estaban muy felices, de verdad el invento funcionaba y entonces William fue a probarlo a todos lados, por mucho tiempo quería tener buenos amigos, pero no podía ya que le daba pena que descubrieran que no podía hablar o decir una sola palabra. Así que con el transcurso de los días fueron probándolo más y más, para ver si no tenía algún defecto y que las personas que tuvieran su misma condición pudieran lograr tener uno igual, aunque para Willie fue algo difícil ya que era algo incómodo traer el robot todo el tiempo, así que Acfred le diseñó unas rueditas para que su pudiera transportar, ya que si el robot era algo pesado.

Willie y Acfred empezaron a idear un plan para poder empezar a producirlo, el científico utilizó cosas que ya tenía en su laboratorio, pero ellos necesitaban muchas más, entonces decidieron consultar con la gente para ver si los podían ayudar con los materiales, le explicaron su función y cómo servía el robot, la gente lo entendió y comenzaron a cooperar para lograr construir más máquinas, algunos se volvieron parte del proyecto. Poco a poco fueron terminando todos los prototipos y por último el toque final y era como le iban a poner al invento, tenía que ser algo significativo para ellos, algo que recordara lo que lograron juntos como mejores amigos, algo que representara cómo se conocieron, cómo mutuamente se ayudaron y cómo al final ellos dos son como padre e hijo, que para Acfred significaba mucho, siempre en su vida había estado solo, no tenía amigos, ni familia y ni nadie que lo pudiera acompañar, pero cuando conoció a Willie todo cambio, fue diferente y asombroso, su vida cambió radicalmente.

Al final, pensaron y decidieron ponerle “you yi”, que en chino significa amistad, algo que representaba mucho, ya que se conocieron en un restaurante chino, en donde el dueño, Willie, preparaba la comida que más le gustaba a Acfred. Decidieron sacar a la luz su invento para que la gente lo conociera y pudiera comprarlo. Sabiendo que muchas personas no tienen la economía para poder adquirirlo, decidieron ponerlo a un precio justo, de modo que personas de escasos recursos también pudieran obtenerlo. Todo esto ayudó a que la gente que era muda o que no se podía expresar bien lo utilizara, esto hizo muy felices a William y Acfred, porque el científico había cumplido su sueño: lograr un invento importante que ayudará a la gente.

Al final, ellos dos decidieron abrir otro restaurante de comida china, en el que daban conferencias sobre su invento y explicaban su función y los beneficios que este traía a diversas personas. William y Acfred vivieron juntos durante años, y fueron los mejores de su vida ya que por fin, ellos dos habían cumplido su sueño, en el que ambos lo lograron con el invento. Para William era tener un verdadero amigo, uno que lo comprendiera y ayudará en las buenas y en las malas y Acfred había cumplido su otro sueño que era lograr construir un gran invento que impactará el mundo, pero lo que más le alegró fue haber conocido a su querido amigo William.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.


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