El deportado
El deportado es un cuento de Saúl Holguín Cuevas: La policía es la jauría de rabiosos encargados de cuidar a los ricos y poderosos. Si no les caes bien y tienes suerte, te muerden; si andan de malas, te matan

El deportado es un cuento de Saúl Holguín Cuevas: La policía es la jauría de rabiosos encargados de cuidar a los ricos y poderosos. Si no les caes bien y tienes suerte, te muerden; si andan de malas, te matan

Por Saúl Holguín Cuevas
Phoenix, Arizona, 6 de mayo de 2026 (Neotraba)
Tiempo de lectura: 3 minutos
Todo empezó cuando le mandé un artículo a mi amigo Muñoz para que los subiera a su web Peregrinos y sus letras. Por el odio reinante, no me animaba a escribir panfletos, la rabia me cegaba. Pero tras el último homicidio de un paisano a manos de la policía, agarré la pluma, escribí esta nota y la mandé.
Tenemos años colaborando y en cuestiones de política nunca hemos diferido. Por eso me extrañó cuando recibí la respuesta del editor, ¿Estás seguro que quieres que publique este artículo? Te puedes perjudicar.
Lo había escrito tras otra ejecución de un paisa y de un afroam a manos de un policía blanco que procedió con intención criminal. Como de costumbre, quedó libre de toda culpa. En 18 meses iban 454 afros y 283 de mi raza que habían muerto a manos de la policía.
Esa noche, cuando llegaron a mi casa, me calmé al ver a los agentes. Respetuoso, los saludé; no quería ser el 284. Me identificaron, se quedaron con mi pasaporte y me arrestaron tras leerme la Carta de deberes y derechos. No me dejaron llevar nada; traía dos dólares en el bolsillo. Fui a parar al corralón, donde me entretuve hablando con paisanos, sobre todo mujeres y niños.
Clareaba el día cuando dos fornidos me condujeron a un cuarto a media luz. Dos tinterillos al otro lado de una mesa me señalaron el banquillo:
Saúl Cuevas, alias Saúl Holguín Cuevas.
Yo soy.
¿Eres ciudadano de los Estados Unidos de América?
Lo soy.
¿Desde cuándo?
Desde el 79; julio, quizá agosto.
¿Eres patriota? Inquirió el segundo que estaba frente a una pantalla, Veo que has citado a un tal Johnson muchas veces: Patriotism is the last refuge of a scoundre. Cito del Webster’s, scoundrel equivale a bribón.
Bueno, eso lo dijo el Dr. Johnson; yo lo cité.
¿Estás de acuerdo con él? ¿Crees que un patriota es un bribón?
No necesariamente.
¿Por qué citas tanto al doctorcillo ese? Veamos, esto lo escribiste tú, La policía es la jauría de rabiosos encargados de cuidar a los ricos y poderosos. Si no les caes bien y tienes suerte, te muerden; si andan de malas, te matan.¿Lo escribiste? O vas a negarlo.
Es mi responsabilidad.
Sellaron mi pasaporte, CANCELADO, lo rompieron, Serás deportado en el próximo tren.
No me pueden deportar, soy ciudadano.
Ciudadano nacionalizado, no de nacimiento. El último edicto del presidente nos autoriza a expulsar a indeseables, traidores a la patria como tú.
Esa misma tarde, me transportaron hasta San Isidro. Crucé la Línea a través de una valla resguardada por Marines armados.
Entre mi desconcierto, regalé a un inválido mis dos dólares. Sopesé dónde refugiarme. Me senté a barajar mis posibilidades. Antes tenía tantos cuates en la Frontera, pero debido a la violencia dejé de cruzar la línea, los fui extraviando poco a poco. Alguien me dará una mano. ¿La Cuata? No traía su dirección ni su número de teléfono. ¿La poeta Oralia? Nunca le pregunté su dirección ni la escuela donde trabajaba. Tendría que ir hasta San Luis Río Colorado a pedir asilo a Meneses; quizá hasta Mexicali para refugiarme con Elvis.
Me sentí abandonado entre la enorme tristeza de mi gente. Busqué refugio en una pared y me desplomé. Lloré al pensar que en mi patria empecé la vida casi mendingando un pan y entonces la concluía en las mismas condiciones. Ganas me dieron de escaparme por la Puerta Falsa.
En esas estaba cuando noté que una señora entrada en años no me quitaba la vista. Me recordó a una persona querida. Se acercó, nos reconocimos. Me postré para recibir su bendición; me incorporé y le di un beso en la frente.
Saulito, estamos en el mismo tren.

Saúl Holguín Cuevas (Gral. Álvaro Obregón, Durango, 1952). Hijo de un campesino y de una maestra rural. Doctor en Letras por la Arizona State University. En su obra fusiona varios registros lingüísticos: ranchero, pachuco, inglés, español formal; voces náhuatl y chicanas, híbridas, inventadas y de uso popular. Novelas: Barrioztlán, Verde y Murmullos de la barbarie, una distopía del desenchufe digital, el cine silente, la comida ambulante y la música acústica; cuentos: El tren y Ensueños. Fotografía de Eduardo Barraza.
