El gran Arthur Rimbaud y la esperanza de vida
Gabriel Duarte escribe sobre la vida eterna y sobre el poeta que marcó el destino de la poesía: Arthur Rimbaud

Gabriel Duarte escribe sobre la vida eterna y sobre el poeta que marcó el destino de la poesía: Arthur Rimbaud

Por Gabriel Duarte
Ciudad de México, 19 de octubre de 2025 (Neotraba)
Insensatos lectores: comenzaré esta disertación con el siguiente cuestionamiento: ¿alguna vez se han preguntado qué harían con la vida eterna?
Tengo un amigo que en repetidas ocasiones me ha comentado que si llega a los 70 años se le antojaría mucho celebrarlo en el último piso del rascacielos más alto de la ciudad. Después de rifarse un vinito tinto se arrojaría por la ventana cual Salvador Gaviota a filosofar y a surcar los aires.
El asunto es que mi migo está un poquito pesado y no es precisamente el pétalo de una margarita, por lo tanto, mucho tiempo para filosofar no tendría y, por otro lado, seguro que se rompe la madre en menos de 6 segundos, pero, en realidad eso es justo lo que estaría buscando.
Según me cuenta, no le gustaría vivir tanto tiempo, de hecho, aborrece celebrar su cumpleaños (y existir en términos generales).
Hasta donde pude investigar, en la época de Jesucristo la esperanza de vida era de 40 años. Después de más dos milenios, la probabilidad de vivir se ha duplicado, llegando a ser de 80 años en España. Aunque en la mayoría de los países sea un poco menor.
Y seguramente se preguntarán: ¿y ahora a dónde quiere llegar este pendejo?
Verán ustedes: me encontré un reportaje en donde entrevistaron a una mujer que vivió 117 años. Lo único que pidió como último deseo fue que investigaran el motivo de su longevidad y que realizaran estudios sobre su anatomía.
Los científicos cumplieron con la petición, analizaron el cuerpo de María Branyas Moreira, quien murió el año pasado, y hallaron algunas cosas interesantes, como el hecho de que esta mujer tenía yogurt en las venas. Bueno, no exactamente.
Resulta que los microbios que vivían dentro y fuera de su cuerpo o su microbioma, están asociados con bajos niveles de inflamación y contenían un tipo de bacteria benéfica, Bifidobacterium, cuyo crecimiento puede ser estimulado por bacterias presentes en el yogurt.
Branyas comía tres yogurts al día, no fumaba ni bebía y caminó una hora diaria hasta inicios de la década del 2000.
Además, tenía variantes genéticas que podrían predecir la longevidad. Se ha detectado que estas variantes protegen contra factores de riesgo comunes, como altos niveles de colesterol, demencia, enfermedades cardíacas y cáncer.
El asunto es que esta mujer vivió un chingo, pero 16 años antes de morir ya no podía caminar y tuvo que refugiarse en un hogar para ancianos. También acostumbraba a tocar el piano, pero dejó de hacerlo 5 años antes de su muerte.
Total, que esta historia me deja pensando montones de cosas, ¿será que para el año 4,000 la esperanza de vida será de 160 años?
Pero sin ir tan lejos, me pregunto: ¿de qué sirve vivir tanto tiempo si ya no somos completamente independientes? Si no podemos caminar o hacer algunas cosas que disfrutamos como leer, pintar o tocar algún instrumento.
Algo que me resulta sumamente extraño es pensar en lo que sucedería si los seres humanos llegáramos a vivir unos 100 años y estuviéramos en perfectas condiciones: ¿qué se hace con tanto tiempo?
Peor aún, si se llegara a lograr el milagro médico de la vida eterna, ¿no sería un poco aburrido vivir? ¿no creen que nos darían ganas de arrojarnos desde la azotea del edificio más alto de la ciudad? Lo peor sería que ni siquiera dándonos un balazo en la sien podríamos abandonar este mundo.
Paradójicamente algo que le da sentido a la vida es el hecho de saber que nos vamos a morir y de una manera contradictoria, morir es lo que menos deseamos, pero, muchas veces no aprovechamos el tiempo y no sabemos qué hacer con la existencia.
Conclusión: creo que a veces, si no es que siempre, somos medio pendejos.
En otros temas: la semana pasada les comenté que me había encontrado una biografía del gran Rimbaud, la verdad es que el libro está biendepocamadres. Debo ser sincero, ya lo había leído, pero en esta relectura le estoy encontrando un sentido muy diferente.
El autor del texto es Edmund White. Les comparto la contraportada, a ver si se les antoja darle un vistazo:
“Además de ser un excelente novelista, Edmund White es un agudo ensayista y biógrafo. En este libro cuenta la apasionante y turbulenta vida de Arthur Rimbaud, el gran poeta simbolista francés, discípulo de Baudelaire, notorio crápula, compañero sentimental de Paul Verlaine y, en definitiva, enfant terrible de las letras francesas.
White analiza y reconstruye los avatares biográficos del precoz poeta, desde su infancia y su época estudiantil, cuando en el colegio fue ya laureado en composición latina, hasta la composición de las dos obras que cambiaron el rumbo de la poesía europea: Las iluminaciones y Una temporada en el infierno.
Entre versos, borracheras y escándalos transcurrió su corta vida, que terminó en Marsella a los treinta y siete años, después de haber abandonado la literatura. En este opúsculo, White nos ofrece un retrato íntimo y perspicaz sobre el hombre que se escondía tras la máscara del poeta maldito”.
Por mi parte tengo harta cosa que decir sobre Rimbaud. No sé ni por dónde empezar.
De entrada, les diré que comenzó a escribir a los 16 años y abandonó su hogar para ir a París en medio de la Guerra franco-prusiana.
Compuso la mayor parte de su producción literaria durante la adolescencia y dejó de escribir a los veinte años.
Tuvo una desastrosa relación amorosa con el poeta simbolista francés Paul Verlaine, con quien después se fue a Londres donde vivieron en la pobreza.
Volvió a Francia tiempo después y se centró en la única obra que publicó el mismo: Una temporada en el infierno.
Dejó de escribir por completo a los veinte años, después de redactar Iluminaciones.
Durante algún tiempo viajó por el continente europeo. En 1876 se enroló como soldado en el ejército nacional neerlandés para poder viajar a la isla de Java y después de desertar inmediatamente volvió a Francia en barco.
Luego viajó a Chipre y en 1880 se quedó a radicar en Adén, Yemen, como empleado de cierta importancia en una compañía fundada por un tal Alfred Bardey.
En 1884 abandonó su trabajo y se transformó en comerciante por cuenta propia, en Etiopía, donde hizo una pequeña fortuna como traficante de armas.
Rimbaud falleció en Marsella el 10 de noviembre de 1891 a causa de un carcinoma en la rodilla. Murió a los 37 años.
En cuanto a sus dos poemas monumentales podemos decir lo siguiente: Iluminaciones es una obra que se caracteriza por tener un estilo visionario y un lenguaje innovador, que explora mundos oníricos, ciudades monstruosas y una búsqueda de una nueva realidad a través de las palabras.
Es considerada una obra cumbre del simbolismo y una ruptura con la poesía tradicional.
Los poemas en prosa abordan una variedad de temas, desde visiones de ciudades futuristas y una humanidad “intratable” hasta estados de éxtasis y desilusión, lo que crea un efecto de caleidoscopio.
Rimbaud utiliza una mezcla de lenguaje poético y prosaico para crear un universo completamente nuevo, rompiendo con las estructuras métricas tradicionales y explorando nuevas formas de expresión.
El libro no tiene un orden lógico y claro y la obra fue publicada de manera póstuma en 1886 aunque los manuscritos circulaban desde 1874.
Por otro lado, Una temporada en el infierno es un poema que narra el viaje espiritual y psicológico de Rimbaud. Es considerado como un acto de renuncia a la poesía y un testamento como escritor.
El texto se divide en capítulos que describen la lucha interna del autor contra sus demonios, el rechazo de la religión y la pasión por una vida de experiencias extremas, para luego explorar un deseo de reconciliación y una salida del infierno hacia la esperanza.
Una temporada en el infierno es una obra que explora la condición humana, la libertad, el deseo, la rebelión y la búsqueda de la redención.
El texto se considera una obra maestra de la poesía moderna, con su lenguaje y técnicas líricas revolucionarias.
Iluminaciones y Una temporada en el infierno han influido profundamente en el simbolismo, el surrealismo y otros movimientos literarios posteriores.
Lo que me resulta más sorprendente es pensar que este sujeto empezó a escribir a los 16 años, revolucionó por completo la forma en la que se percibe la poesía y las estructuras de la literatura y tan sólo cuatro años después se olvidó por completo de estos asuntos y terminó haciéndose millonario traficando armas en África.
Cuando observo vidas vividas de este modo lo único que puedo pensar es que estoy perdiendo el tiempo. No sé qué hago vendiendo trapos en el centro. Debería estar negociando con misiles nucleares o ya de jodido echando putazos en Ucrania.
Para finalizar, y ya que hemos estado hablando sobre la vida eterna y alguno que otro poema, recordé el siguiente texto. Ya en alguna ocasión lo había compartido, pero me parece que es un buen momento para revisarlo de nuevo.
Nada tiene que ver con luchas internas, infiernos y madrazos, sin embargo, creo que es un buen momento para meditar un poco los siguientes versos:
Si sobrevives, si persistes, canta,
sueña, emborráchate.
Es el tiempo del frío: ama, apresúrate.
El viento de las horas barre las calles, los caminos.
Los árboles esperan: tú no esperes,
es el tiempo de vivir, el único.
Jaime Sabines
En fin, por fin, al fin: ya me voy. Se me portan bien, no quiero quejas. Cualquier duda o sugerencia con esta infernal columna que espera que nunca llegue la vida eterna, favor de mandarnos sus comentarios, inigualable damita, enjundioso caballero.

Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.
