¿Qué es el amor?
¿Qué es el amor? es un cuento de Héctor Valle Ramírez, donde el protagonista reafirma este concepto a través de sus recuerdos

¿Qué es el amor? es un cuento de Héctor Valle Ramírez, donde el protagonista reafirma este concepto a través de sus recuerdos

Por Héctor Valle Ramírez
Puebla, México, 24 de noviembre de 2025 (Neotraba)
A ti, por ser vida y cielo míos.
–Papá, ¿qué es el amor? –preguntó Emanuel de la nada, como si estuviera a punto de lanzarse a definirlo.
No tenía una respuesta clara; había miles de definiciones para aquella pregunta. Miré a Emanuel con ternura y solo sonreí, confuso. Él me observaba con insistencia; esperaba mi respuesta y sabía bien que, cuando quería descubrir algo nuevo, no dejaría de insistir hasta lograrlo. Dejé a un lado el libro que estaba leyendo, di un sorbo a mi café recién hecho y me giré en su dirección, aun pensando qué decir.
–El amor es tal como amo a tu madre –respondí sin vacilar, algo sencillo pero que podía entender.
Emanuel guardó silencio unos instantes, procesando lo que había salido de mi boca. Cerraba los ojos recordando cómo amaba yo a su madre, murmurando inconforme. De pronto, salió disparado por el álbum de fotos. Regresó cargando no solo uno, sino cinco de ellos. Comenzó a hojear las páginas llenas de recuerdos, una por una; se detenía cuando aparecía el rostro de su madre, cuando se veía a Anastasia, su hermana mayor, cargándolo y jugando con él. Siguió buscando hasta que llegó a una foto: la del día de nuestra boda.
–Papá, aquí amabas mucho a mamá; se te ve en la cara –señaló mi rostro.
Razón no le faltaba, pero siempre había amado a mi esposa con el alma entera. En esa foto estaba inmensamente feliz por haberme unido a ella y pertenecerle, por saber que mi vida ya no era un espacio en blanco, porque ella la llenaba de color y alegría. Era feliz al ver sus mejillas llenas de pastel, al bailar a su lado mientras nos contábamos chistes, al no dejar de besarla durante la ceremonia, la fiesta y los días posteriores. Era feliz por ella, por su existencia, por hacerme mejor.
Tomé a Emanuel del suelo y lo llevé a mi regazo para seguir viendo las fotos familiares. Él no dejaba de pasar las páginas; se detenía en unas, hacía caras en otras y en varias más le brotaban lágrimas. De un momento a otro llegó Anastasia, nos vio sentados viendo las fotos y se nos unió.
–Mira, aquí mamá había aprendido a conducir y terminó agujereando el coche –dijo Anastasia entre risas.
–Solo era pequeño, no fue nada malo –moví la cabeza de un lado a otro y acaricié el cabello de ambos.
Continuamos toda la tarde hablando sobre las fotos y lo que había sucedido en cada una de ellas. Reímos, lloramos, discutimos un poco, pero seguimos juntos observando cada pedazo de historia, cada momento donde amé a su madre por sobre todas las cosas, donde dejé mi corazón en cada acción, en cada aprendizaje o en cada mala racha. Observaron mi amor en los abrazos, en los besos y las cartas, en los poemas mal declamados, en las canciones desafinadas, en las comidas deliciosas o en las caricias sencillas.
Fue ahí donde la respuesta a la pregunta de Emanuel residía: el amor era entregarlo todo, sentirlo todo, vivirlo todo. El amor era pertenecer uno al otro, fundirse hasta hacerse uno mismo, comerse mutuamente hasta los huesos y volverse polvo sin dudar. El amor era lo que debía ser cuando vivías y morías solo por una persona.
–Ana, mi vida, ya es hora de que Ema y tú se vayan a casa de su abuelita –dije después de un largo suspiro. –Vámonos.
Al volver a casa, después de un viaje corto pero lento y de disfrutar las canciones que habíamos guardado en una lista de reproducción, preparé la cena que tanto estaba esperando. Coloqué sus velas aromáticas favoritas, el mantel que tanto le gustaba, los cubiertos que solo ocupábamos en fechas importantes y nuestras copas de vino. Ella no tardaba en llegar, no tardaba en aparecer por la puerta después de tanta ausencia. El tiempo era justo para que volviera a ser mía y yo suyo eternamente, para amarla con intensidad, para demostrar cuánto moría por ella y fusionar nuestra piel hasta hacernos polvo.
Y ahí estaba ella, tan hermosa como siempre, tan viva y magnífica como cada día. Y ahí estaba yo, tan enamorado de ella y tan perdido en sus ojos.
Y ahí estaba la respuesta a lo que es el amor: en ella.
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Waoooo me fascinó ? muchas felicidades ????? hijo Héctor Valle Ramírez ?