Presa del asombro
A partir de la tirada del tarot, el personaje de este cuento encuentra una sorpresa con los jazmines y su esposa. Un cuento de Pablo Virgili Benítez

A partir de la tirada del tarot, el personaje de este cuento encuentra una sorpresa con los jazmines y su esposa. Un cuento de Pablo Virgili Benítez

Por Pablo Virgili Benítez
Ibarra, provincia de Imbabura, Ecuador, 21 de agosto de 2025 (Neotraba)
En una mañana lluviosa del mes de abril, Alejandro, un ejecutivo de ventas se encontraba bebiendo su café matutino en el carrito de la esquina de la avenida quinta. El bullicio matutino del ir y venir de la gente comenzaba a perturbarle. No había podido dormir bien la noche anterior, pensando en el dilema en el que se hallaba.
Él, un hombre casado por más de una década, con una hermosa profesora de inglés, elucubraba la mejor opción que debía tomar ante tanta incertidumbre, porque se había enamorado de una jovencita que conoció en una reunión laboral. Siempre había escuchado que los triángulos amorosos hay que evitarlos y que jamás se debe cambiar lo seguro por lo inseguro.
Terminó de tomar el tinto y arrancó el Volkswagen blanco emprendiendo la marcha hacia su oficina. Aquel día no logró concentrarse, pensaba demasiado.
La tarde anterior Elena, su esposa le había echado en cara que andaba en algo raro. Él solo atinó a defenderse con evasivas y evitar el disgusto a toda costa.
Canceló todas las citas que tenía agendadas esa mañana, y se fue a un barrio en la periferia de la ciudad en busca de un consejo. Llegó a la casita de doña Elisenda, cartomántica avezada. De aquella humilde vivienda había salido en más de una ocasión con un buen consejo y alguna que otra resolución.
–Buenos días, Elisenda, querida.
–Don Alejandro, que gusto verle a los tiempos. ¿En qué puedo ayudarle?
–Vengo en busca de un consejo de amor.
–Sabe usted que aquí damos consejos, y también alguna que otra solución.
Alejandro se sentó en un balance de madera marrón algo desvencijado y la cartomántica inició su ritual habitual: encender un incienso de lavanda, una vela blanca y perfumar la habitación.
La anciana de andar ligero se sentó frente al señor con el juego de la baraja española en manos y procedió a la tirada.
–Veo muchas perturbaciones en tu mente, y dos mujeres, una blanca que es tu esposa dándote la espalda, y una trigueña muy joven, que aparece de frente a ti, muy enamorada. Esta situación te puede generar muchos problemas, ocasionar el divorcio y afectar emocionalmente a tus tres hijos.
–¿Qué puedo hacer, madre?
–Yo te diría que analices bien los pros y contras, que reflexiones cuál de estos amores es más relevante para ti en estos momentos, el de tu esposa que te ama hace años, o el de una joven que conociste ayer. Y tus hijos, cuando se tiene hijos, ya no se decide por uno mismo, sino que las decisiones que se toman afectan y hasta pueden llegar a dañar la infancia de unas criaturas.
Alejandro salió de aquel barrio suburbano con más dudas que certezas.
Emprendió el trayecto hacia su domicilio ubicado en el exclusivo barrio La Colina, iba con la idea de sorprender a su esposa, llegando a media mañana y aprovechar el tiempo juntos para afianzar lazos matrimoniales.
Dejó el auto estacionado afuera al lado de la acera, para no dañar la sorpresa. Ingresó a la vivienda espaciosa y bien amueblada. Subió las escaleras, suavemente giró la perilla de la puerta de ingreso a su cuarto, y anonadado abrió intensamente los ojos.
Allí estaba Elena su esposa, totalmente desnuda teniendo sexo con el nuevo jardinero que el mismo Alejandro había contratado. Por la ventana ingresaba un olor a jazmín que perfumaba el ambiente del iluminado cuarto. El estruendo del desplome de Alejandro fue contundente, su afectado corazón había dejado de latir presa del asombro.
