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Puebla, México, 18 de agosto de 2025 (Neotraba)

Para hablar de John Taggart, no hay que mencionar a John Taggart. O al menos así se siente leer a este hombre, nacido en 1942 en Iowa, maestro en Literatura Inglesa y Escritura Creativa por la Universidad de Chicago, doctor en el Programa de Estudios Interdisciplinarios de Humanidades de la Universidad de Syracuse. Que además editó la revista Maps y dirigió el número llamado “Truck” dedicado a la obra de Theodore Enslin.

De la edición, como es una grata costumbre, no hay más que agregar. Impecable y llamativa. En este ejemplar con detalles en naranja y fondo blanco, publicado por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla en 2024, parte de la colección “Epifanías”, es traducido por Ricardo Cázares. A quién debo reconocer por su trabajo con la obra de este autor en particular. Más adelante exploraremos el porqué. Una maravilla de diseño y que diría, se trata de la quilla gráfica de la colección.

Leer objetivismo para leer objetivistas

La razón por la cual esta reseña llevó más de lo común es porque seguirle la pista al autor de la colección es muy complicado en cuanto a sus referentes. La mayoría son autores de un círculo intelectual muy hermético y del cual, muchas de sus obras no llegan a este lado del Río Bravo. Y que incluso en aquellas que provee el internet, la brecha del idioma es otra limitación para conocer a los autores que rodearon –y rodean– al autor. A decir verdad, encontrar crítica al trabajo del autor previo a Peace on earth, resulta en una labor que, al momento de redactar la presente reseña, no he completado. Pero que paradójicamente, tiene mucho material académico respecto a su obra.

En las semanas que pude investigar sobre el autor, no fue muy complicado entender el por qué su obra no empapa la crítica, pero sí la academia. Y es que el autor, se le asocia –e incluso él se ha descrito así– con el brazo objetivista de la poesía. Ola cultural cuya segunda generación empezó en 1930. Doce años antes de su nacimiento, y al menos 41 años antes de su primer poemario publicado en 1971, To construct a clock. Es natural preguntarse cómo es que puede estar inscrito en un movimiento poético del que quizá, sólo le tocó su mención como algo lejano.

La respuesta, fría como lo es la academia misma, es el estudio. Al punto en que se publica To construct a clock, su autor ya había terminado la maestría en 1966 y comenzaba el doctorado que terminaría en 1974. Imaginar cómo es que pudo encontrar a toda una generación de autores afines a su estilo y temáticas dentro de su estudio, no es nada extraño considerando que años antes fue el editor de la revista Maps, dedicada a la crítica especializada de literatura.

En el periodo de publicación entre 1971 a 1979, el autor exploraría el alcance de la poesía objetivista en cuatro libros: To construct a clock (1971); The Pyramid is Pure Crystal (1974); Prism and the Pine Twig (1977) y Dodeka (1979). Se podría entender que este periodo fue la experimentación entre forma y estilo que el objetivismo poético provee. Pues los libros centran su valor poético en los múltiples juegos y diálogos del lenguaje consigo[1].

Paz en la tierra, recolecta técnica y estilo en un motivo musical. Música construida de reiteraciones y reinterpretaciones de una oración. De la misma forma en que el cuerpo de la serpiente nos lleva en sus anillos a la manzana, la misma forma en que es construida la poesía de la colección. Música reiterada y reinterpretada a la manera que se desliza una serpiente, y la lengua es la manzana.

Canción lenta para Mark Rothko

Mark Rothkowitz fue un pintor cuya obra parte de finales de los años 30 hasta mediados de los años 50. Siendo su obra más conocida –y comercial– una serie de 50 pinturas. Figuras geométricas con bordes y fondos difusos, en su mayoría oscuros o con un alto contraste entre los elementos. Extremadamente cálidos o extremadamente fríos, esta serie de cuadros oscilan entre ambos extremos. Y que en las múltiples interpretaciones que se les da, incluyendo las descripciones del autor, son respecto a la figura mística. El retrato de un algo, o un alguien, que, aunque siempre parece estar presente, su imagen no es clara. Al contrario, del contraste podemos determinar que dicha figura existe, y que incluso así, es difícil precisar una sola identidad en los cuadros.

De la misma forma podemos describir esta parte de la colección. Hay una figura reconocible, digamos, un verso o un fragmento de uno. Pero no podemos precisar sino por el contraste con otros poemas, que se trata de la misma presencia sensible. Y si bien, no disponemos de material que nos diga con total precisión a qué parte de la obra de Rothkowitz se refiere esta parte del poemario, quiero pensar que se trata de esta colección en especial, no sólo por la conexión temática, sino porque las pinturas no tienen un nombre propio, se les asigna un número, tal y como es con los tres poemas en esta sección. Quizá con un poco de libertad, podemos señalar incluso de cuál cuadro se trata cada poema.

Naranja y amarillo de Mark Rothko
Naranja y amarillo de Mark Rothko

Es eso lo que caracteriza la poesía de Taggart a mí consideración. Tanto en su estilo como en los referentes que toma, es reconocible y emblemático. Transforma una imagen visual o sensible –como la experiencia de mirar un cuadro– en una imagen sonora. Producto, claro, del inmenso estudio de precedentes en el movimiento objetivista de la poesía. Siendo que un objeto poético, se transforma desde su contacto con el lenguaje.

Esta parte del poemario pretende forjar la imagen de un hogar. Y lo logra, sin mencionar ningún tipo de objeto propio del espacio, sino desde la familiaridad sensible que evoca el espacio. “Cantar para encender la más suave luz en la negrura / radiantia radiantia / cantando la luz en la negrura. / Cantar como el anfitrión canta en su casa”. En este fragmento podemos observar también la constante repetición de sonidos, misma que será un recurso que se extenderá en todo el poemario –y la obra del autor en general. Además, es curioso analizar la iteración de fragmentos a lo largo de cada poema. No como algo molesto. Pensar en ello como el ejercicio de la mente que habla consigo en una conversación que no tiene sonido. Pero avanza y se resume y avanza y se autorreferencia y avanza…

Pasos desdoblados

Hay una meseta en la lectura del libro. Las dos partes que siguen a “Canción lenta para Mark Rothko” son el núcleo estilístico de todo el libro. Ambas, “Pasos gigantes” y “Desdoblamiento” son la exploración de un retrato divino en la suma de sus partes. La reproducción de imágenes sacras será un agregado a lo visto en la primera sección.

“Querer ser un santo querer ser un santo para querer / querer ser un santo ser de la cola de serpiente que quiere / […]”. Así abre el primer poema, también segmentado en cuatro partes numeradas, pero sin nombre. Que aborda la imagen de un ángel. Aunque no uno hermoso e inalcanzable. Uno lleno matices humanos y musicales, en cada uno de los elementos cambia el aspecto del ángel, en versos increíblemente largos que nos muestran un baile. De cierta forma, la mención de un ajeno y de la relación del baile con la sensualidad –y otros referentes del pecado como la serpiente–, permite una lectura erótica. No explícita; subtextual y silenciosa. Algo curioso para una poesía que gira en torno a la creación musical como un lenguaje con lo divino.

“Desdoblamiento” tiene una característica extraña en la poesía mística; nos responsabiliza de la experiencia. Algo similar a lo que ocurre con Aura de Carlos Fuentes. Dónde la segunda persona es el conducto de interpretación y que, por eso mismo, hace de la lectura algo personal y hasta secreto. El poema en su traducción al español logra ese efecto casi de inmediato, porque nuestro idioma permite jugar con el tácito gramaticalmente, pero en la versión original, este juego es sustituido por una clara intención de caminar en el contorno de la palabra “You”. Imitando con otras palabras la articulación vocálica, dando aún más fuerza a la idea de “cerrar” la experiencia de lectura. Aunque aquí el diálogo con lo divino no viene de su reconocimiento, aunque sí de su relación con experiencias muy cotidianas: “Si llamas al pájaro y si llamas al pájaro / y lo esperas: el sonido está ahí”.

Naranja del napalm

A seis años de la retirada estadounidense de Vietnam, Paz en la tierra, representa el poema más violento de la colección, y también el más real de todos. Si bien, podemos incluir al poema como dentro de la temática mística por su relación entre el fuego y toda la dimensión ominosa con la que se describe, diría que podría ser acogido mejor por una especie de poesía social. Es en todo momento, una lupa en la extrañeza del otro. Un recordatorio de lo que consume el fuego. “[…] / la nuca, que es napalm, o / lo que el ejército prefiere designar / gel incendiario, como si / fuera tan inofensivo como la gelatina, / un postre después de cenar. Pero era napalm”. El título de la sección me recuerda al concepto de la “Pax Romana”. Un síntoma de la lectura decolonial de un estado que no se asume como un colonizador, quizá.

La lectura de esta sección se siente como ir en una escalera inmensa, con descansos enormes entre los escalones más altos. La disposición de cada fragmento del poema permite tener esa experiencia, pues siempre habrá una línea que corta dos espacios semánticos en el poema; el primero referirá casi en todo el poema a la experiencia tortuosa o los instrumentos que generan esa experiencia; la segunda es la evolución de esa experiencia en una especie de éxtasis o extralimitación sensorial. Pero siempre después de un corte en un verso; una metamorfosis brusca entre un lugar y otro.

En la relectura durante la redacción de esta reseña, me doy cuenta de que el diseño editorial construye de forma fantástica lo que pretende esa disposición poética; contraste geométrico y cromático, como en la obra de Rothko, pero también una transición brusca e imperfecta de algo crudo, como lo es una pared agrietada y dividida visualmente por dos colores.


[1] Dodeka quizá no pueda entrar en esta categoría de experimentación. Pero es indudable que comparte muchos elementos con Peace on earth.


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