Ciudad de México, 13 de octubre de 2026 (Neotraba)

En la literatura mexicana se gestó el realismo mágico latinoamericano; fue en 1953 de la pluma de Elena Garro con la novela Recuerdos del porvenir, publicada por el sello editorial Joaquín Mortiz en 1963. Un escrito que sobrevivió su propio Farenheit 451.

El empequeñecido esposo de Elena, intimidado por el talento de su esposa y justificado por el machismo que siempre lo caracterizó, en un arrebato de manipulación y con llanto en los ojos, le rogó a Elena que, como a muchos de sus escritos, quemara en las llamas de una estufa una de las mejores novelas que se han escrito.

Elena, víctima de violencia física y emocional, frente a su pareja-verdugo que tanta lástima le causaba, obedeció la orden. Se acercó a la estufa y estuvimos a punto de perder entre las llamas la más espectacular historia de Ixtepec. Para nuestra fortuna, de las y los lectores de todo el mundo y los tiempos, la hija de Elena, la heroína Elena P. Garro, salvó el manuscrito de ese infierno; lo escondió y puso a salvo diez años hasta que éste pudo ver la luz. El resultado fue una obra original que fue plagiada e imitada por autores que no concibieron no intentar crear su propio Ixtepec. El caso más conocido es el de Gabriel García Márquez con su novela Cien años de Soledad que se publicó en 1967. Pero no hay nada como el original.

Elena Garro es una escritora espectacular. No hay un párrafo o línea descolocado. Recuerdos del porvenir es una narración culta, envolvente, mágica, realista, dolorosa, humana, histórica y mucho, muchísimo más. Jamás me había detenido a disfrutar tanto una narración; fue una tortura ver adelgazar, con el paso de las páginas, el lado derecho de este libro. Sencillamente no quieres dejar de leer.

Tuve la fortuna de leer la mayor parte de este libro en la tierra que vio nacer a Garro, su Puebla de los Ángeles. Estaba en una feria del libro, en el centro, y en mi imaginación mientras leía, cada calle y detalle que veía era un poco de Ixtepec. Una novela narrada por la voz del lugar donde suceden todas las historias que se cuentan. Un lugar-madre, lugar-cuna, lugar-cárcel, lugar-infierno donde nadie se salva de ser parte de una guerra civil. El testimonio de un poder crecido por sus peones-habitantes. Amores fatuos y entregas en alma y cuerpo que sobrepasaron el enamoramiento, lazos eternos e irrompibles, como una piedra.

Si pudiera exigirle algo al lector y lectora, le exigiría leerla para permitirse sentir tanto. Desde su título que nos invita a jugar con el tiempo y el sinsentido, hasta la crudeza llana de sus escenarios en donde nos hundimos, Recuerdos del porvenir es todo nuestro, desde su primera línea: “Aquí estoy, sentado sobre esta piedra aparente”.

¿Qué lugar hablaría de tu hazaña más heroica, de tu pérdida más profunda, de tu felicidad más confusa? Ixtepec nos cuenta su dolor y el de los suyos, y con sus secretos, lo habitamos para siempre.


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