Agua en el desierto y la gran Mariana Enriquez
Gabriel Duarte recomienda Nuestra parte de noche de Mariana Enriquez y apunta sobre un invento para obtener agua

Gabriel Duarte recomienda Nuestra parte de noche de Mariana Enriquez y apunta sobre un invento para obtener agua

Por Gabriel Duarte
Ciudad de México, 24 de mayo de 2026 (Neotraba)
Tiempo de lectura: 7 minutos
Insensatos lectores: resulta que hoy es jueves y llegó el día que no quería que llegara nunca: me vi obligado a ir al dentista.
No sé ustedes, pero a mí me vuelve loco el sonido que hacen los aparatos que se utilizan para arreglarnos la dentadura.
No me gusta el olor de los consultorios, ni la sensación de llegar a ver a un sujeto que me tiene a su merced durante una hora y, encima de todo, con el hocico abierto.
Desde luego que detesto los arreglos bucales, pero esta vez fue inevitable.
Podrán pensar tres cosas:
A) Que soy un mentiroso.
B) Que soy medio pendejo.
C) Querido Gabriel, ¿en dónde mierdas pides la comida que te llevan a tu casa?
Lo anterior lo digo por lo siguiente:
El martes pasado, mordiendo una pizza, le puse en su madre a una muela. Así como lo leyó, damita, caballero, una pinche pizza.
No piensen que era de carne de jabalí o que la pizza llevaba 6 meses en mi casa y estaba tan dura como la conciencia de la Sheinbaum. No, señor. Simplemente mordí una rebanada y le rompí su madre al molar.
La verdad es que ya necesitaba ir a checarme los dientes, lo que sucede es que había postergado la consulta todo cuanto me fue posible. Pero esta vez, no hubo escapatoria.
La buena noticia es que no tengo caries y lo que me tienen que hacer es relativamente sencillo. Sólo es un tanto engorroso y se llevará algunas cuantas sesiones.
La mala noticia es el costo. Cuando me dieron el presupuesto me sentí como si hubiera llevado a reparar un puto BMW desvielado. Qué caro es ir al dentista, pero ni modo. Todo sea con tal de sacarle ruido al chicharrón sin que me molesten los dientes.
En fin, ya les diré qué tal me va con ese asunto. Por ahora, quisiera arrancar esta disertación haciéndoles una ingenua e inútil pregunta: ¿nunca han pensado que nos falta poco para convertirnos en caníbales y que muy pronto no habrá carne ni agua suficiente para todos?
Con respecto al tema de la carne no sé bien qué deberíamos hacer. Pero si hablamos del agua, les tengo una gran noticia.
Seré muy honesto, en realidad no entendí ni madres de la nota que encontré en el periódico, pero sí entendí algo fundamental: al parecer el problema con el agua es probable que se encuentre resuelto.
Reforma. Sábado 16 de mayo.
“Combaten escasez de agua al extraerla del aire.
Nueva York. La gran caja metálica se encuentra en un estacionamiento del sur de California, con su apariencia común hasta que el agua comienza a fluir de una manguera conectada a ella. Sin embargo, al mirar dentro está casi vacía, salvo por algunos cables, tubos y un recipiente con un material color claro.
El agua no surge por arte de magia, sino gracias a los MOF, que son estructuras nanocristalinas diseñadas a nivel atómico para atraer moléculas específicas.
En este caso se trata de H2O y la máquina, fabricada por la startup Atoco recolecta moléculas del aire circundante y las almacena en las cavidades porosas del material, que funciona como depósitos de agua microscópicos.
El fundador de Atoco, Omar Yaghi, compartió el Premio Nobel de Química 2025, por su labor pionera en MOF, ofreció a Bloomerg News una demostración del prototipo comercial de su sistema de recolección de agua atmosférica.
La máquina, que es del tamaño de un contenedor de transporte, producirá 4 mil litros de agua al día. La producción de estas máquinas está prevista para finales de este año…”
Prefiero cerrar acá la nota, para serles franco es mucho más extensa, pero mucho más confusa. Al menos yo no entendí una pura chingada acerca del funcionamiento de la caja.
Lo importante es saber que se puede recolectar agua del medio ambiente. ¿No es una locura?
Me alegra el hecho de que poblaciones enteras podrían verse beneficiadas con este nuevo invento.
Aunque ya viéndolo bien no sé si vaya a servir de algo, pues al paso que vamos me parece que la IA terminará gobernándonos con o sin agua.
Pero por el momento habrá que estar felices aún a sabiendas de que nuestro júbilo tiene fecha de caducidad.
En otros temas: ¿alguna vez han escuchado hablar del término road movie? Según entiendo se le llama así a ese tipo de películas donde todo gira en torno a un viaje y los protagonistas se encuentran envueltos en él.
Pues yo no sé si existe el término road book, pero la gran Mariana Enriquez me trae pendejo con el libro que estoy leyendo.
Sin duda Nuestra parte de noche es una gran novela.
Llevo unas 200 páginas y la atmósfera que se va creando a través de la historia resulta adictiva.
Más que una historia de horror tradicional, el libro mezcla lo sobrenatural con el terror histórico latinoamericano: desapariciones, violencia estatal, desigualdad social y abuso de poder.
Enriquez utiliza el terror para hablar de la herencia familiar, el peso del dolor, el deseo, la muerte y la transmisión de la violencia entre generaciones.
La fuerza de la novela radica en la forma en la que convierte el horror político y social en una atmósfera casi mística, profundamente latinoamericana, donde el miedo no proviene de sólo de fantasmas o rituales, sino también de las estructuras reales del poder.
Y justo me acabo de enterar que muchos consideran este libro como una de las grandes novelas contemporáneas del gótico latinoamericano.
En fin, que si pueden no duden en rifarse Nuestra parte de noche de la talentosa Mariana Enriquez. Les aseguro que no se arrepentirán (si quieren comprar el libro en El Péndulo me avisan y les consigo un 15% de descuento).
Para concluir, les diré que el día de ayer me largué a hacer ejercicio y la verdad no sé de qué jungla salvaje sacaron al coach que nos dio la sesión.
Era un sujeto más alto que yo. No entiendo cómo es que entró por la puerta, estaba mamadísimo. Digamos que no es que fuera el David de Miguel Ángel, pero sin duda sí era el Goliat de la Colonia Roma.
No sé en qué campo militar entrenaron al profesor “termineitor”, pero sí sé que nos paró una putiza. Llegó un punto en que pensé que me había quedado sin brazos. Ya no los sentía. Hicimos chingos de lagartijas. Hoy me duele el pecho como si hubiera amamantado a un rinoceronte.
Lo confieso y no me da vergüenza: salí gateando.
Llevo casi un mes haciendo ejercicio y la verdad no sé si valga la pena tanta chinga, pero al menos sí puedo decirles que duermo como bebé de pecho.
Eso sí, despertar es un desmadre. Por las mañanas no puedo abrir los ojos. Aun no entiendo cómo logré ponerme de pie.
En fin, que ya me voy. Me merezco unos tacos de suadero con longaniza. Con unos 8 podremos decir: misión cumplida. Se me portan bien, no quiero quejas.
Cualquier duda o sugerencia con esta columna que ha encontrado agua en medio del desierto y que muy pronto le va a buscar ruido al chicharrón, favor de mandarnos sus comentarios, honorable damita, inmaculado caballero.

Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.
