Réquiem a los pájaros perdidos
Réquiem a los pájaros perdidos es un cuento del argentino Armando "Basko" Inchaurraga: movimientos estudiantiles del pasado para repensar nuestro presente

Réquiem a los pájaros perdidos es un cuento del argentino Armando "Basko" Inchaurraga: movimientos estudiantiles del pasado para repensar nuestro presente

Por Armando “Basko” Inchaurraga
Winifreda, La Pampa, República Argentina, 15 de septiembre de 2025 (Neotraba)
Si el destino del hombre del siglo XX es vivir con la muerte desde la adolescencia a la vejez prematura, entonces la única respuesta vital es aceptar los términos de la muerte, vivir con la muerte como un peligro inmediato…
Norman Mailer.
¿Sería lunes…? era lunes… adormilado sentí la máquina de afeitar casi moscardón… luego el cepillado enérgico, con esas gárgaras interminables como si fueran las últimas, el agua borboteando entre fauces de muy atrás estallando sobre el paladar, irrumpiendo con violencia en el lavatorio… una y dos veces más… la segunda el salpique hasta el techo, en cualquier momento se va quedar con la campanilla o las amígdalas en la mano… silencio de toalla y peine… largo… apertura del botiquín y la colonia, la II 475 invadiendo todo liquidando el olor pesado de la noche y el sueño… di vuelta y me tapé la cabeza, siete y cuarto, no era empezar la discusión, aparte la mano venía siempre así.
Che desgraciado, usame la colonia nomás…
¡Yoo nooo…! usé la mía…
Mentiroso… la tuya huele a perro… esa es la II 475
Lo que pasa que vos ni olfato tenés…
Y allí pasábamos a las medias sucias bajo la cama. Así se seguía con los libretos remanidos y hoy era lunes; las discusiones podían ser los martes y jueves que nos levantábamos a la misma hora, pero los lunes no… mi clase empezaba a las nueve, la de él a las ocho. Salió de zumbe tragándose todo y no volvió, como casi era su costumbre por un apunte o la regla de cálculo olvidados.
Me levanté despacio, el baño desocupado… el mentol del dentífrico terminó de despertarme… buscando mate me metí en la primera pieza: que pasaba en el Consejo Superior, el presupuesto, Arquitectura y sus concursos… Y si Chango, si cómo vas a entender la estructura del ribonucleico, si no tenés la más puta idea de química estructural, isometría y lo demás… si, esta noche a ver si lo vemos…
¿A qué hora van al Comedor Universitario? No sé cuándo terminará mi práctica, pero quizás nos encontremos en la cola… en la puerta, si allí…
¿Cómo andan las cucarachas?, creo que en cualquier momento nos desalojan… pronto vamos a tener que mandarnos alguna otra cacería.
Salí para la Facultad con las carpetas y el guardapolvo bajo el brazo deseando que no lloviera, tenía rota la suela de los zapatos. Me toqué la corbata… el nudito casi triángulo, había cátedras que no nos franqueaban el paso si el trapito no estaba en su lugar, siempre puteada suavecita pues sentía el formalismo tocándome la glotis.
Venía el micro. Las torres de la catedral de La Plata se veían espléndidas. Golondrinas y palomas en vuelo incesante.
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Viste Manuel, alguna vez te dije que los 60 eran una fiesta y vos mirabas de costado, diciendo cosas todas seguiditas seguiditas, casi letanía y yo te escuchaba poco y te contestaba menos porque no te quería discutir, y sí… ahora te digo que sí, tenías razón cuando me hacías ver, que la mayoría de nuestro pueblo estaba en la ilegalidad, que había brotes de resistencia y que desde el 55 los sufrimientos para la gente habían aumentado…
Muchos de nosotros mirábamos mucho para afuera y más de una vez eras vos quién nos volvía a colocar la pata en la tierra. Volábamos como locos y la épica de la Revolución Cubana nos envolvía haciendo estremecer todo, se cuestionaba y estallaban los partidos, los grupos y subgrupos, nuevas tesis revolucionarias se discutían en la Universidad y en las cocinas de las pensiones, había teatro y mucha música nuestra… las guitarras iban a clase, bajaban y subían de los micros y los Beatles atronaban en esta Argentina enferma de tanta solemnidad y acartonamiento…
¿Te acordás de los primeros hippies, melenudos, un poco disfrazados, preconizando la paz universal, tan ingenuamente como comprar un chupetín?
…Nunca más, Manuel, nunca más volvimos a tener esa Universidad de los Peco, Vucetich, Ringuelet y otros de tanto vuelo científico… en cada Facultad se libraba constantemente la lucha entre lo nuevo y lo viejo… ¡Qué isla abroquelada en una sociedad que se iba agrietando, era toda una irrealidad con sus Centros, Consejos, sus tumultuosas asambleas, ese Comedor Universitario de miles y el jugar con la caricatura de la libertad payasesca, ya sentada sobre las bayonetas!
¿Viste cómo fue llegando la realidad?
A la música nuestra, a los Beatles y a los hippies los lijaron bien, nada de protesta, sumergirse sin chistar en la costumbre y en el consumo adocenado: se llenaron de guita.
A la Universidad no le mandaron guita, le mandaron los Shermann, bastonazos tremendos, tachos de pintura solemne de la mano de los sicarios del virrey Onganía.
Se equivocaron en el blanco Manuel, se equivocaron… golpearon con saña a la “intelligentzia” provocando el éxodo doloroso de centenares de científicos e investigadores. Creyeron que arrasando la universidad, terminaban con el peligro del pensamiento. Desde el brutalismo se regalaron décadas de esfuerzos e inversión del conocimiento.
El Cordobazo del ‘68 fue el trágico espejo de su equivocación.
Pero los que venían después aprendieron y cómo…
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¡Levantate, carajo, vamos, a los techos!
Pero si recién son las 6, ¿estás en curda…? estoy recagado de sueño…
La Universidad está ocupada por los tanques de Magdalena, están levantando a las directivas de los Centros, escucha las sirenas, la gente se está rajando como puede.
Madrugada del 30 de julio. Todos en los techos viendo el rojo del levante, los centros de estudiantes ardían y los diez monos allá arriba, muertos de frío viendo el resplandor… cada uno con su inseguridad e impotencia… lloraba, pero no quería que se notara… estaba eso de: “los hombres no lloran…”, cuando sentí la voz tuya diciendo: Llora hermanito, no te aguantes, sentía que el fuego me quemaba las manos y para el disimule, le grité al gordo:
Gordo, al Manuel y al Peruco vamos a tener que fregarlos con lavandina para blanquearlos, en cuanto asomen la nariz no los vemos más… aquí no queda ni un loro y los negros menos.
Todo se cerró. Empezamos a deambular, esperando lo que ya sabíamos. La Universidad entre las rejas. Cátedras enteras desde el titular al último ayudante al exilio… (Siempre el exilio, desarraigo corte de raíces y la tragedia de los que se van y los que se quedan también rumbo a otro exilio, el interior y sin nueva geografía).
Mientras Latinoamérica y Europa iba recibiendo a los que llegaban, aquí se organizó un nuevo festín con la arrebatiña de los trepadores, los mediocres que no podían llegar y que sí tenían la estrella del “Opus Dei” en la frente, se sentaban en los decanatos por el brillo de los sables.
Volver fue la visita a las ruinas, la mole del Sherman observada de reojo, con la identificación en la mano y los perros de policía hasta los baños. Y vender la actitud de: soy un chico macanudo occidentalísimo que me gusta que todo esté bien blanqueado y desinfectado… pues así debe ser… todo ordenado y la paz de los mausoleos y la de la tela adhesiva y las jerarquías de arriba abajo… (Y que estos no existen, son sólo una alucinación y que tanto joder…)
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¿Negro, dónde habrá ido a parar esa foto del Shermann oscuro y enorme bajo el puente de la Facultad, con un tanquista asomado con casco requintado, rodeado de varios estudiantes con delantales blancos…? una escena del realismo italiano De Sicca, estudiantes apoyados sobre las orugas, leyendo y fumando, todo mezclado represores y reprimidos… y así pasa en este país siempre, la costumbre, la rutina, hacen que los hechos como ése pasen a la cotidianidad.
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Manuel, no te olvides de los documentos… ya no somos más lo que éramos. Esa es tu identidad… i-den-ti-dad, lo idéntico, vos sos ahora ese papelito roñoso… ya no interesa si amás los libros, los pájaros, si te esperan los niños.
…No, vos sos un numerito que tenés que mostrar cada vez que alguien se le ocurra, y… ahora se les está ocurriendo a cada rato. Olvídate de la regla de cálculo, pero no de la papeleta.
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Las mandarinas Manuel, las mandarinas… de morfi mate amargo, de postre ellas, hace diez días que las comemos y gracias por el ánimo que me das, siento el olor y doy un paso atrás… ¿Viste el comedor?… no, ya no existe, un solo bombazo y liquidaron sus sofisticadas cocinas, sus controles…, y vaya contradicción bien resuelta, allí donde trabajaban tantos dientes pasó a ser Facultad de Odontología… así de lineal Manuel.
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No me acuerdo cómo llegaste a calle 14. Siempre los nuevos venían de la mano de alguien, recuerdo que era de noche y vos estabas allí grande como un ropero, pasándote la mano por el pelo renegrido y sorbiéndote los mocos dos por tres y me dijeron… por unos días… hasta que consiga y fueron cuatro años largos.
Era el privilegiado que podía aguantar pieza solo… Pasaste y la fuiste recorriendo toda, cama, alfombrita… la biblioteca hecha en el marco de una puerta clausurada, la mesa de estudio, velador y radio, piso de pinotea bastante parecido a estar lustrado y sobre la pared, tapando la infaltable mancha de humedad y por muchos metros de estera de paja con reproducciones. O sea una miseria intelectualizada. Se compartía eso, no había otra cosa… quizás olvidé decir que tenía siete metros de altura y cohabitaba una familia de cucarachas… eso sí, eran rubias…
¿Y esos cuadros tan lindos en colores?
Tajante la respuesta, casi soberbia:
Es Paul Klee, pintor, ta, ta, ta.
¿Y esos bichitos y las rayas? Kandinsky y la verborragia, no vaya a ser que no se diera cuenta que uno era un tipo con una culturita prolija. Adelantándome le tiré: Aquel es un Van Gogh el que está arriba es un Picasso de la época…
Descubrió el Bram Metal con la jeta de oreja a oreja… voy a hacer unos mates.
Tomó de uno de sus bolsos una calabaza grande y lustrosa en forma de pera y por el agujerito empezó a echar la yerba despacito, arrojaba un poquito y miraba… no sé qué… y seguía… al fin y después de tanto acomodo, colocó la manzana tapando el agujero, dio vuelta la calabaza y empezó un frenético movimiento de batido… me vio la cara y dijo solamente, condescendiente: los palos… echó el agua tibiona y esperó, luego con gran cuidado y cierta cadencia acompañada con arrugue de jeta, introdujo la bombilla (pensé en Freud y fatto de las penetraciones) largó el cebe haciendo correr el agua sobre la bombilla, una parte de yerba tenía que quedar de reserva no podía mojarse, el primero lo tiraste, el segundo lo alcanzaste y el pacto quedó sellado tácito, encargado del mate del Barm Metal, del Kerosene, la yerba (y toda su intelectualización) y nunca más preparé un mate y mi modesto jarrito enlozado pampeano durmió el sueño de los justos.
Al tercer mate no hable más… no pude… Manuel hablaba y hablaba, toda Entre Ríos nos inundó, vehemente y rápido fue contando: los tiempos de la honda, escuelas amigos, familia y cuando llegábamos al silbo de los pájaros, me acordé de que faltaban cuatro horitas para enfrentarme con el cromatógrafo de masas… cundió la desesperación y mañana la seguimos.
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Los días se fueron desgranando rápidos, intensos, nos movíamos en un gran Guignol, donde íbamos aprendiendo entre dos aguas: el rigor científico de las carreras técnicas, mezclando con los Cocteau, Prevert, Sartre, la impronta latinoamericana de los Carpentier, Rulfo, Asturias, Arciniegas, el deslumbramiento de Cesare Pavese y sus Oficios… el amor por Rayuela… saltábamos de la abstracción química a lo ininteligible de Michaux o el Ulises de un Joyce desgajado…
Así marchábamos… ansiosos con esa desesperación diaria, esa urgencia de conocer para poder interpretar la realidad nuestra. No encajábamos con lo que nos enseñaron, esa historia liberal, portuaria, omnipotente, frívola en el manejo de cifras y fechas, con acontecimientos casi mágicos tan parcializados y al servicio de una sola idea y un solo interés de la historia.
Cuanta búsqueda Manuel, cuanta discusión… cuanta contradicción no bien resuelta entre una Argentina y otra… y nosotros tratando de separar la paja del trigo, más sentimentalistas que científicos, cada tanto corriendo con la montada fajándonos o empapelando la ciudad, vociferando en las asambleas o haciendo hablar a los tapiales.
Fuiste algo distinto… “Rara Avis” te decía el gordo… el peronismo era una sombra en la Universidad hegemonizada por el gorilismo radical, pero vos sentías un bombo y te transfigurabas, el parche bronco y visceral te transportaba a esa Argentina morocha, sufrida… Cuantas veces nos arrastraste a los festejos del 17 (si se le puede llamar así, andar rajando como conejos) y siempre te encontrabas con algún bombo… Te acordás cuando tuvimos que sacarte de una comisaría en Berisso, era tal el despelote que a dos cuadras se escuchaban… Llévenselo cuanto antes –dijo el comisario, previo dedos negros del pianito y una fajadura la noche antes… y te vimos aparecer con la jeta de oreja a oreja… el abogado y yo de punta en blanco y ese –¡Hermanito! –que vos sólo podías decir.
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El golpe del 66 nos dio fuerte… Trastabillamos. El más lúcido para enfocar el golpe fuiste vos, lo veías con la óptica del pueblo peronista, era una continuidad… se derrumbaba un orden cultural que no correspondía a una sociedad que avanzaba en su dependencia. Todo se achicó, menos de todo, fundamentalmente los alumnos, tan molestos… Reestructuración de carreras y centenares abandonaron presionados… pocos logramos saltar el cerco y recibirnos. El reino del silencio y la paz de las bayonetas… Mi inexorable partida con el final de un ciclo y la separación… no estuvimos juntos durante el cordobazo y los sucesos antidictatoriales que se fueron gestando.
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Mañana domingo me voy a ver al lobo… No contesté.
¿Cuándo viajás a La Pampa…? tragándome las palabras dije:
Después del examen.
¡Ahh!
¡Qué decís ahh! si ya sabías.
…Resignado cerré el libro. ¿Me querés decir qué carajo andás necesitando vos? ¿Precisas el bulín y querés que me raje?
No, hoy no… perá voy a hacer el mate…
Sin equivocarme pensé que la cosa iba para largo… Entró el Chango.
…Mmbss y préstame hilo azul… sin respuesta abrió el ropero y sacó la lata de té, enhebró y se sentó… Dijo todo seguidito, dirigiéndose a mí:
Negro, chamarritero y querendón, no sé cómo lo aguantás, aparte no es –como uno que también es negro, más clarón, de purísima sangre inca y no– guaraní-paragua-pariente-del-Stroesner y todas esas vainas… La risa sonó por toda la pensión en esa tarde de otoño.
La Pava empezó a chillar… Manuel hizo todas las manipulaciones y salió el primer mate… hubo un largo silencio… yo esperaba mientras el Chango afanoso cosía el “banlón”, el único que circulaba por todos lados… lo largaba uno y lo agarraba el de la pieza siguiente, según el compromiso que tuviera.
Decime che, ¿a vos qué historia te enseñaron en tu provincia?
De seguro la misma que a vos… Mitre digerido por los Astolfi, los Levene y algún otro y si le sumás el queso de los “profes” y su descompromiso, ahí tenés la oficial…
¿Y qué pensás de los héroes… existieron? Bueh, en este momento hay mucha gente… (no pude hablar más, fue como un río…).
Mirá, creo que si se levantaran algunos de los que ya no están, los historiadores van a la degollina, porque fíjate que todos ellos son estereotipos, seguimos viéndolos como en las figuritas del Billiken, peinaditos y con el bronce puesto… la cosa nunca pudo haber sido así… Un San Martín o Belgrano los identificaban con una visión falsa y mentirosa por los que escribieron la historia… maniqueísmo puro… Si no es así, explicame cómo formaron sus ejércitos, ofreciendo penurias y miles de kilómetros para dar la vida que era el único bien que poseían… Quiénes los iban a seguir si la identificación no hubiera sido total, ellos tuvieron las mismas aspiraciones, hablaban la misma lengua paisana y sufrieron lo mismo que todos… Ellos fueron pueblo, puro pueblo, pues únicamente así llegaron a hacer lo que hicieron… nuestra historia es un puro héroe y poco pueblo que quien escribe la historia… Los líderes, los caudillos siempre fueron silenciados, negados, mentidos en falsas identificaciones…
Saliste como una exhalación, Me asomé al corredor, viendo los primeros azules rojizos del atardecer.
De vez en cuando recibía noticias tuyas… muy espaciadas… nos encontramos meses antes del proceso, cuando toda la sociedad estaba transida de temor. Nunca supimos que el escenario de la crueldad ya nos envolvía. Habías cambiado, madurado, eras delegado-orgulloso de una metalúrgica y enfrentabas duramente a la burocracia. Ganabas bien y te habías casado. Nos llevamos el tiempo por delante, no alcanzó, sabíamos por lo que estábamos viviendo que iba a pasar mucho tiempo en volver a encontrarnos… nos abrazamos y tu: ¡Chau hermanito! Me quedé en el andén y me pareció que tenías los ojos velados… había mucho sol y cuando el tren empezó a moverse, te grité: Entrerriano jetón, malparido hijo de Urquiza… y tu risa explotó profunda por los andenes.
Nunca más te vi… (Y es una de las frases más odiadas y terribles que se pueden pronunciar).
¿Viste Manuel…? el país afianzó su tiempo de tragedia. Una farsa de apocalipsis sin grandeza. Los dueños del odio fueron los responsables de la matanza de la humanidad. Aquí también, pero se ocultaban las acciones hipócritas. La gente desaparecía sin responsables. Saquearon, torturaron y asesinaron. Robaron niños, vendieron la patria por baratijas.
No creo en los ingenuos políticos y en la complicidad del dejar hacer… Manuel… En el fresco del horror unos hicieron el trabajo sucio, otros delataron y colaboraron y millones se envilecieron en un consumismo y la frivolidad permisiva de: A mí no me va a tocar, no dándose cuenta de la pérdida de valores éticos que hacen a la condición humana.
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Domingo a la tarde en un Buenos Aires entristecido, no salimos de noche, fui al San Martín a ver “Fedra…” me encontré con gente amiga… La misma patronal… sacaron toda la interna gremial y especialmente a los delegados… siguen desaparecidos… Y la voz siguió y siguió… me fui… aturdido entré en un café y empecé a llorar despacito… la voz de nuevo… y al tiempo darme cuenta de que el anuncio era el mismo en todo el país… los demás podrían seguir con vida pero vos no. Negro, peronista y obrero, todas las condiciones para que te arrancaran.
Nunca más hablamos de la muerte Manuel, éramos demasiado jóvenes, la vida nos quemaba, la muerte era ajena, de los otros… hasta que fue llegando, luego más, hasta la cotidianidad… No hay pobreza mayor que ella, todo cambia y ese espejo que llevamos dentro se triza de tristeza y nostalgia, y cuando llega la melancolía ya no refleja más.
¡Cuántas preguntas sin contestar! Donde se habrá refugiado tu solidaridad, la transparencia del accionar derecho y sin dobleces… el amor a tu tierra y a tui gente… Cuáles habrán sido tus últimos pensamientos, cuando la vida se te escapaba y las primeras sombras llegaban en el aliento de las hienas. Tus manos hacedoras, constructoras febriles de ternura como se aquietaron ante la orden final.
Nunca supe por qué necesitamos identificarnos con alguien para llegar a la profundidad del sentimiento. Todos lloramos alguna vez por Ana Frank la niña judía de ojos oscuros, pero cuando la historia nos dice que el holocausto solo nos consternamos. La identificación Manuel, y todos los demás, las pieles próximas, que conocí y las fueron arrancando una a una llámese Jorge, Chufo, Gordo, Chango o Colorado*, y muchas más. Quién pudiera convertirlos e identificarlos en memoria colectiva… Todos ellos y los miles que nos están faltando, briznas de pueblo, héroes anónimos no consagrados… si hubo errores o no, los pagaron con la cifra más alta, el tormento y la vida. La intolerancia hecha espanto.
Y no estoy odiando Manuel, eso degrada y ensucia y relativiza la condición humana. Tengo una enorme tristeza, vergüenza y dolor y me sigo preguntando que dejé de hacer para que esto no sucediera… así de pueril.
Tu entrada en las sombras, igual que a la de otros miles, parió la nueva luz.
Ustedes aventaron algunos miedos y la locura de las fieras.
Hay una democracia débil en marcha. Tambaleante y con precipicios insondables, los victimarios circulan libremente, respiran el mismo aire, comen el mismo pan, pueden ser amantísimos padres que sonrientes, acompañan a sus hijos a la escuela.
¿Viste lo del viejo Norman? ¿Te acordás cuando lo leíamos “El sueño americano”, en la calle 14, vaticinando el infierno…? y eso que él nació en el hemisferio norte y ésta es Latinoamérica astrosa, saqueada una y mil veces, blanqueada por huesos fosforescentes a través de toda la Cordillera.
¿Cuál es la dimensión de tu sangre sacrificada en un chupadero, con aquellas otras derramadas en los socavones del Potosí o en los llanos de Maipú o Salta o Ayacucho? Es la misma Manuel, la misma… la sed de libertad está intacta.
También sé que en este preciso momento un muchachito moreno está ingresando en la casa de Joaquín V. González… los tilos y las diagonales lo saludan, con sus alforjas pobres viene lleno de sol, de cantos de pájaros y rumor de ríos profundos.
Por eso Manuel ya no puede haber más lágrimas, no sirven… no más… ni una más.
TIEMPOS DE ADVIENTO
Santa Rosa, octubre de 1985.
Santa Rosa, setiembre de 1999.
*Jorge Omar Vásquez (Jorge)
*Juan Manuel Villarreal (Chufo)
*Efraín Rubén Villa (Chango)
*Luis Fages Diehl (Gordo)
*Daniel Bertone (Colorado)
Este relato aparece en la obra “Los pequeños pueblos. Navegantes del silencio”, Basko Inchaurraga. Santa Rosa, La Pampa. Argentina. Edición 2000. Fondo Editorial Pampeano.
