Una ventana inmensa: Marcelo Rioseco
Poemas del autor de los libros: Olivia en los suburbios, Poesía Selecta, Midori & 18-O, Ceremonia de despedida, entre otros y que ahora se publican en la sección que coordina Manuel Parra Aguilar

Poemas del autor de los libros: Olivia en los suburbios, Poesía Selecta, Midori & 18-O, Ceremonia de despedida, entre otros y que ahora se publican en la sección que coordina Manuel Parra Aguilar

Por Marcelo Rioseco
Chile, 8 de enero de 2026 (Neotraba)
Tiempo de lectura: 4 minutos
Que alguien corte las flores y las ofrezca,
que otro actúe insolentemente y le aplaudan,
que las canciones viajen desnudas
y busquen refugio entre gente peligrosa.
Nuestra piel es joven y todavía se estremece.
Nada impedirá que el sol vuelva a ascender
y la luz resplandezca,
la poderosa convicción de los amantes no será derrotada.
Los jóvenes, los convocados por un fuego de ciega locura,
los jubilosos y los que escriben poemas y los lanzan al mar
todos volverán a cantar,
mientras el sol desciende y los sueños se apagan.
He visto hermosos leopardos retozar bajo el sol,
elegantes mujeres en posiciones obscenas,
a mis benefactores dilapidar dinero
y servirse de la caridad
para mejorar su imagen pública.
Otros dioses benefician esos espectáculos.
He hablado con poetas de asuntos misteriosos;
ninguno de ellos era objeto de interés nacional.
La poesía es
dar en el blanco arriba de un caballo en movimiento.
Más allá de esto, todo es perfección.
Contemplo con espanto la pulcritud de los cementerios.
En las calles las muchachas ríen
y sin pudor exhiben su atenta liviandad.
Nadie podría decir que el odio no ha nutrido mi corazón.
Prevé el destino que buscan darte tus asesores
y acuérdate de cómo las intrigas de Teodoto
asquearon al César.
¡Qué era eso de servir en una bandeja
la cabeza del respetable Pompeyo
como un cerdo!
Tantas delicadas y hermosas cosas
han sido arruinadas por almas torpes e insensatas.
Deja que los gestos más profundos perduren
y no se hundan para siempre en una innoble oscuridad.
Deja algo delicado y luego vete
como la música o el verso de los griegos.
No perturbes la serenidad de los que aman,
o de los que componen en silencio
delicados sonidos con la palabra.
En verdad, no pedimos demasiado
solo el verdadero amor puede decirnos
si las decisiones fueron correctas.
Bebe vino y serás atrevido e inmortal,
olvida tu casa y a todos los malos acreedores,
ante el vino los deleznables temores se desvanecen
y todos los talentos recobran su perdido temblor.
Acepta regalos y ríndete ante la belleza más improbable;
toda riqueza fue alguna vez propiedad de algún ladrón.
Vivir está bien, pero beber es mejor.
Bebe para que el viento nos envuelva
y cuando en el invierno de nuestros infortunios arribe,
la muerte nos halle con un secreto en los labios
y un deseo en el corazón.
Por supuesto que prefiero evitar la conversación;
toda idea sobre la poesía es falsa o aburre rápidamente.
Marcelo, no seas necio,
abandona todas esas ideas sobre métrica y música perfecta.
‘La verdadera poesía es una naturaleza
difícil de presentar sin errores.’
Acéptalo de una vez, la perfección también es fastidiosa.
Ve y corre si quieres. Ejercítate en el ritmo, acude a los clásicos.
Ya lo sabemos. Lo que es exacto se ajusta a una regla rigurosa,
pero hasta el verso más logrado es insuficiente.
Por eso, yo, recostado en los mullidos sillones de Teofrasto,
me embriago con licores traídos de las viñas de su mujer.
Los criados nos cuentan chismes y los escándalos nos entretienen.
Ninguna teoría puede ser más importante que esta acabada frivolidad.
*Los poemas aquí presentados pertenecen al libro Espejo de enemigos (2011)

Marcelo Rioseco. Poeta chileno. Su obra ha sido reconocida con el Premio de poesía «Revista de libros» del diario El Mercurio y el «Premio Academia» otorgado por la Academia Chilena de la Lengua. Libros: Ludovicos o la aristocracia del universo, Espejo de enemigos, 2323 Stratford Ave., La vida doméstica, Olivia en los suburbios, Poesía Selecta, Midori & 18-O y Ceremonia de despedida.
