¿Te gustó? ¡Comparte!

Cleveland, Estados Unidos, 10 de octubre de 2025 (Neotraba)

No soy la Mistral montándose en un barco
que va con rumbo a México. No soy
la que escribe con una tablilla sobre la falda
mientras toma el sol de California
que aún no se convierte en esta cosa
de escándalo e incienso. No soy
la que escribe repecho para hablar
de aquellos montes que busco pese a todo.
Una mosca apegada a la miel tiene problemas
para volar. En la disco tocaban canciones
que a la salida nadie recuerda. Y una flor
adorna la infamia de tu pecho. No soy
la que espolvorea lugares de descanso
porque si uno está hecho al libro de su aldea
no encuentra la oración que corresponde.
Los que se duermen afuera de los bares.
Pero también los que se duermen adentro.
Saben que no soy la Mistral cantando
debajo de un árbol que no quiere darle sombra
ni tampoco la escuchaba porque ella prefiere
cantar debajo de un árbol sin saber
que está cantando debajo de un árbol,
la pista por ahora nos pertenece y las luces
estroboscópicas giran porque nosotros
estamos girando, ya nos bajaron la cortina
para quedarnos afuera para quedarnos adentro.
Se pegue la miel a la mosca, o la mosca se pegue a la miel.
Ninguna de las dos emprende el vuelo.
LA TOTALIDAD EXPLICADA A LOS NIÑOS
Antes de tomar el mundo por asalto, había
que comprenderlo. Había que comprender
el mundo antes de tomarlo por asalto. Ojo
con que las horas delante del computador
no sean las mismas arrojando piedras dela
nte de una barricada, ojo con las horas que
no vuelven mientras estabas durmiendo, la
pregunta por la naturaleza y su valor de uso
es la misma que nos hacemos cuando arran
camos las moras entremedio de las espinas
y ese gesto tiene consecuencias inevitables,
tazas humeando delante de nosotros mient
ras a poyamos la barbilla en el mentón y sin
embargo todo sigue igual. O casi. Apoyada
en el mentón nuestra barbilla hemos llegad
o a ciertas conclusiones que de otro modo
aún seguirían dando vueltas en el aire como
el humo que no es humo saliendo de esa ta
za. Había que comprender la naturaleza de
ciertas palabras antes de ir arrojándolas a d
iestra y siniestra por las murallas que todav
ía estuvieran disponibles (por eso no rayam
os las murallas ni tampoco nos tatuamos nu
estra piel), había que vomitarlo todo encima
de una página para que todo quedara claro,
para que nadie dudara de nosotros en las of
icinas del comité invisible, para no aparecer
en esas listas de las que pronto seríamos bo
rrados. Para que esto, para que cuando, para.

A Joshua Clover

Las marquesinas anuncian una película
que absolutamente nadie quiere ver
Cuando el sonido de la ambulancia
se confunda con las rondas infantiles.
Cuando termine de pagar mi tarjeta de crédito.
Cuando los extraterrestres finalmente se aparezcan
ante los ojos alborozados de los que salieron a recibirlos
en las montañas que coronan los valles interiores.
Cuando un día despierte y vea que Carlos
está listo para partir a la universidad y aunque
sea el invierno de mil novecientos ochenta y seis
todo esté en orden, todo esté en calma, todo
esté como debe ser. Cuando Zinoviev y Kamenev
alcancen a darse cuenta del error que están cometiendo
y la marea devuelva los cadáveres de los que a pesar
de todo aprendieron a flotar en el Pacífico,
las gaviotas ya no se arrojarán en picada
para disputar su alimento con los pescadores artesanales
y convertidos en reliquias los diccionarios serán indesmentibles
la prueba de que todas las manzanas podrían llamarse
de otro modo y tomar un río por una novela
no ser un error, sino el anhelo de estimar
la repetición por definitiva y aunque las balas
no abandonen los orificios que hicieron
en los muros de la Historia, delante
de un auditorio todavía joven
el llamado a convertir en fuego
lo que antes fuera una playa sin bañistas
se escuche en aquellos oídos como un llamado,
como un susurro, como una confesión:
a tomar las armas antes de que sea demasiado tarde.
A tendernos bajo el sol antes de que sea demasiado tarde.
A traspasar el umbral del cabaret, y sentarnos
en las piernas de esas mujeres, en lugar
de que ellas se sienten en las nuestras, pedirles
que por cinco lucas nos dejen llevarlas al cielo,
por cinco luquitas mi amor te hago tocar las nubes
porque en la casa se acabó la leche en polvo
y los papelillos ya no me los regalan
porque anda tú a saber, amorcita mía,
cuánto falta para que se acabe esta larga noche
y los bolcheviques vuelvan a los palacios de invierno:
cuándo y no cómo, qué día y no por qué.
Respóndeme, oráculo o sabelotodo,
Marisabidilla o profesor sin público,
avísame si al salir del huerto
donde el gallo a medianoche estaba

erguido:


tienes, finalmente, la respuesta.
Retorno de Martha Kuhn-Weber
Como si estuviéramos destinados a una exposición universal
de las desgracias en medio de la capital de la luz
y el método de composición fuera esencialmente la basura,
el orgullo indesmentible de los pedazos, la falta de tela
y las costuras, hemos venido a España con tal de salir
del salir del subdesarrollo, hemos venido a España para
exponer en público el marasmo actual que la persigue
desde hace más de ochenta años, los historiadores coincidirán
conmigo y si no lo hacen allá ellos en la ingenuidad de dar
por superados los conflictos de clase que no se resolvieron
durante la Guerra Mundial que se peleó a punta de vaquillas
y crucifijos en estas tierras, todavía no hemos desenterrado
a todos los que cayeron de espaldas como héroes y sin embargo
las celebraciones no han dejado de producirse producto sobre todo
de la mala memoria que nos persigue: si en algunos pueblos
el diablo salta por encima de los recién nacidos para perdonarles
la vida, en otros se suelta por las calles a los toros para que termine
con las mismas, se reúnen en recintos deportivos las multitudes
que corean el nombre del jefe de gobierno como una forma vicaria
de protesta y en la televisión las animadoras se confunden
con las siglas que anuncian nuevamente la muerte de Jesucristo:
no es la pobreza la que nos viste con harapos sino el deseo
de arrancarnos los ojos cuando nos sentamos en las plazas
mayores de estos pueblos donde hoy en día no se sacrifica a nadie
salvo a esos últimos moros que continúan combatiendo la reconquista:
las muñecas nos recuerdan que el aceite de olvida no es la panacea
que nos librará para siempre del cáncer y el desempleo, las victorias
logradas a punta de sudor e incontables despachos periodísticos
capaces de reemplazar la educación de nuestros párvulos
leer y escribir en estos días es más bien un asunto de franquistas
cayeron como anillo al dedo de la administración de las cortes
del bufón que ocupa el sillón del primer ministro las muñecas
desearían revestirlo de fragmentos, rescatar del subconsciente
que lo rodea lo más recóndito de su infancia católica y proselitista
pero vamos: ya sabemos que los hijos del juez nacieron con esa inmunidad
de la que gozan por derecho propio nuestros parlamentarios, yo mismo
lo he visto cada vez que me tratan de sudaca los pintores exiliados
en el exilio, los muertos de hambre que hemos recibido con los brazos
abiertos porque antes nos recibieron con los ídem, llegamos (me han
visto) harapiento como estudiantes con una beca y así me las bato
hasta lograr ese documento nacional de identidad que no me impide
tomar mis medicamentos cada día, el chaval que me los vende
se aparece también con su pelo de lana y los ojos cuentas extraídas
de un abrigo que ya nadie usa en este hogar, una residencia
donde todos los que hablamos otro idioma hacemos lo imposible
por comunicarnos en uno solo, practicamos con nuestros labios
zurcidos y decimos bocata cultureta a que te den por culo canta mañanas
leímos cuarenta años atrás a esos jóvenes sacrificados bajo el rótulo
de novísimos, ritual que se ha seguido repitiendo con católica obscenidad
bajo el sol que nos alumbra, ojalá que hubiera empezado la composición
de estas muñecas recogiendo en los mercados de las pulgas los jirones
recogidos de los cementerios donde los cuerpos son cremados
a vista y paciencia de las víctimas, los hospitales nos proveen
de todo lo necesario para calcular el sueldo mínimo, las comisarías
con todo lo que haga falta para llegar a fin de mes, oh España
a qué no te atreves a criticarme por lo lírico que resulta ese oh España
te da miedo que las buenas conciencias se salgan de madre tal como
lo hicieron tus hijos más preciados desde que alguien te nombrara:
falta averiguar si estos engendros de seda corroída alcanzarán
a circular por los museos donde los escaparates se abarrotan
de la misma memorabilia que a los príncipes les encanta inaugurar
la prole al menos ya parece haber sido asegurada y los ayuntamientos
desde ya se encargan de reclutar a los aedas que cantarán por un módico
emolumento la continuidad de las huestes del Cid, los infantes de Carrión
todavía intentan explicarse cómo es que los leones no lo atacaron
cómo llegaron a cruzar en semejantes embarcaciones los hijos
ilegítimos de Jorge Manrique desde aquellos continentes
donde aún se procrean las muchachas de rosa y azucena,
salid sin duelo lágrimas corriendo y en lo posible apreten cachete
rajen de aquí porque los policías de uno y otro bando pronto
se harán presentes de manera por supuesto sutil y almibarada
nos acompañarán del brazo hacia una salida que todos buscan
para este país y a la larga humillaremos la testuz porque los banderilleros
se asemejan a esos mediocampistas de contención encargados de realizar
el trabajo sucio para que los centro delanteros desde las portadas
de las revistas del corazón nos enseñen como debemos ser
verdaderamente hombres, no estos muñecos pegoteados
con brazos alicaídos y alambres en lugar de nuestras piernas
no es casualidad que los niños no quieran jugar con nosotros
y en cambio busquen refugio como nosotros también lo buscáramos
debajo de las faldas nuestras madres y después de las de nuestras
esposas, hemos conseguido demorar por algunos segundos
la llegada de aquellos sacerdotes que cancelan nuestros sueldos
pero aun así tenemos las manos estiradas, los diagramas de flujo
que nos ubican en algún lugar de la jerarquía esconden nuestro
anhelo de ir de un cubículo hasta el otro como los ratones
detrás del queso en la escalera infinita de los antropólogos sociales,
las filas de desempleados que dan vuelta a la manzana en las boleterías
del Santiago Bernabeu son el mejor ejemplo de las secuelas de aquella
empresa colonial que no rindió los frutos esperados, tendrían que haber
existido otras formas de transmitir el mensaje que no estuviesen limitadas
a leer los edictos de la corona a los que no hablaban una coma de español
por lo mismo la publicación de las memorias de tus antiguos gobernantes,
oh España, es un deber que los monjes de clausura deberían cumplir
sin decir como no dicen una palabra, la confesión de nuestros pecados
no depende del diván en que nos acostemos, tampoco del agotamiento
que la jornada laboral infrinja en nuestros cuerpos preparados con horas
y horas de gimnasio, el cilicio podría ser la solución, por lo menos
tuvo resultados esperables entre los animales analizados en laboratorio,
la maternidad que se adjudica desde la infancia la obligación de amamantar
a los niños es lo mismo cargar sobre los hombros a la virgen, es lo mismo
que atribuirle a una película el sentido más profundo de la patria.
El caudillo camina impasible entre tus calles, los muertos
tienen voz y voto en cada una de tus elecciones pero tú has
optado por no darte cuenta, tú has optado por abandonar
las dos orillas del Ebro como si la culpa fuera del agua
y no de sus enemigos.

Cristián Gómez Oivares (Santiago de Chile, 1971). Poeta y traductor. Fue miembro del International Writing Program, de la Universidad de Iowa, y Writer in Residence en el Banff Center for the Arts, en Alberta, Canada. Es profesor de literatura latinoamericana en Case Western Reserve University, en Cleveland, EE.UU., donde también reside. Co-dirige la editorial de poesía en traducción 51GLO V51NT1Dó5, de México. Es Associate Editor de Cardboard House Press. Libros: Alfabeto para nadie; La casa de Trotsky; La nieve es nuestra; El hombre de acero; El libro rojo; Yo, Norma Desmond; El incendio del Reichstag/Burning of Reichstag.


¿Te gustó? ¡Comparte!