¿Te gustó? ¡Comparte!

Ciudad de México, 16 de junio de 2025 (Neotraba)

Puedo escribir los versos más tristes esta noche

Pablo Neruda

Puedo pautar la noche con versos tan absurdos
como el mástil de un barco
que vela las palabras que ya no se dirán.

Escribir, verbigracia,
sobre la inmortalidad de los gendarmes
que atracan y se van,
no vuelven nunca más,
y no hay ninguna ley,
alguna confesión,
un juez neutral que los detenga.

Los gendarmes atracan y se van
y una noche reciben
homenaje en especie:
se acuestan
con algún clon de Niurka
en el techo de un bar.

Oh, letrina de escombros,
atroz cueva de narcos,
furia de crudo ciego,
luna de calendario
agregando misterios
al cordón del rosario.

Puedo cantar la noche con versos tan absurdos
como icono chimuelo de 'el sol de la canción'.
Escribir, por ejemplo, la Chule está estrellada
porque no ha recibido pensión de Luis Miguel.

A lo lejos canta Arjona una rola sangrona,
Maluma suspicaz duerme la mona
y Bad Bunny vomita un reguetón.

Puedo escribir la noche en metrónomo kurdo
–que pendula hacia atrás–
con un alejandrino que fructifique en curva
como screwball del zurdo
Fernando Valenzuela.

Estoy desamorado y entrando a Venezuela,
maduro de tan guango / patriotero sin madre,
sudando pus de Ortega: el dueño de un país,
sin un maldito perro
sarnoso que me ladre.

Pero yo,
oh correligionarios,
me amo en plan de varios cual si tuviera ovarios.

Mi voz me grita fuerte pero nunca me encuentra.
Estoy tan solitario que ahora no doy conmigo,
quizá porque estoy sordo o no quiero escuchar.

El claxon metafórico
de un armatoste eufórico
rotundo silabea mentadas en el aire.

Se me está derramando por el ombligo el alma.

Me pierdo en la luz tímida de un antro, allá a lo lejos,
barajando presagios, accediendo a lo tántrico
a través de esa puerta que azotan los demás.

Así es como Neruda de pronto resucita,
callado, casi ausente, prendido de una cita,
aunque al final resulte que aquellos versos tristes
son motivo de agobio o inútil cantaleta
–como en esta ocasión–
porque los marineros han cambiado la brisa
del océano abstruso
por una bicicleta con pedales de risa.

Los poemas "se adelgazan a veces"
y se vuelven veletas que no encuentran su ruta.

Es cuando mi Neruda se vuelve Neftalí
–Reyes Basoalto de gorda añadidura–,

y brotan carcajadas soeces de su canto.

¿Te gustó? ¡Comparte!