Cantar contra la soledad: Entrevista con Neyen Morra
El sábado 26 de julio la cantautora argentina brindará un concierto en Puebla. Mario Bravo charló con ella y reflexionaron sobre la música como vía para vencer la timidez

El sábado 26 de julio la cantautora argentina brindará un concierto en Puebla. Mario Bravo charló con ella y reflexionaron sobre la música como vía para vencer la timidez

Por Mario Bravo Soria
Todas las fotografías aparecen por cortesía de Neyen Morra
Ciudad de México, 24 de julio de 2025 (Neotraba)
[El próximo sábado 26 de julio, la cantautora, intérprete y guitarrista argentina brindará un concierto en Puebla, dentro del espacio Demiurgo-Foro Cultural; asimismo, su gira mexicana contó con una fecha en Ciudad de México, pues el 5 de julio estuvo frente al público capitalino en el Teatro Lola Cueto, ubicado en el barrio de Coyoacán. El resto de presentaciones incluyó a Pachuca, Querétaro y Cuautla, así como una aparición en la centenaria Radio Educación, radiodifusora que es parte de los medios públicos de nuestro país…]
“A la hora de crear algo o durante un concierto, deseo que, quien me escuche, vuelva a su casa con una reflexión o una sensación agradable en el cuerpo; no debe quedarse solamente en que el público se tome un vinito y ya. Pienso mucho en el mensaje de las canciones y me interesa devolver algo. En agosto volveré a Argentina, y está agendada una pequeña gira con un escritor muy talentoso, amigo mío: Juan Solá. Eso buscamos en nuestros recitales, es decir, que la gente se vaya con una reflexión”, comparte Neyen Morra (Resistencia, 1992) en charla con Neotraba. Con respecto a dicho espectáculo creado junto al narrador publicado por el sello editorial Sudestada, en YouTube se aloja un botón de muestra del talento de ambos artistas. Para consultar tal material en el cual participan Neyen Morra y el ya mencionado Juan Solá, basta con ingresar al enlace web:
–A sabiendas de que su padre es músico, ¿cuál fue la banda sonora en ese hogar de su infancia que usted habitó en Resistencia, capital de la provincia del Chaco, en Argentina?
–De todo un poco. Sonaba la música de Silvio Rodríguez, que me atrapó en mi adolescencia; aunque también lo hizo el rock argentino, el cual escuché en casetes. También, en mi casa siempre hubo mucho folclore argentino: sambas, chacareras y un estilo bastante amplio.
Argentina es muy ancha, muy larga, y dentro de ese mismo país existen muchos ritmos: en Buenos Aires encuentras el tango; más al norte, una música litoraleña, y más al sur hallarás una música como el loncomeo y el kaani. Mi papá cantaba bastantes ritmos del sur, tanto así que mi nombre proviene del lenguaje mapuche: significa brisa suave.
–Sergio Morra, su padre, ha sido una figura muy notoria en diversos ámbitos de su vida, entre ellos, el artístico; pero, dentro del campo de su infancia y de su vida adulta, ¿qué papel ha desempeñado Mirtha, su madre?
–Uno muy importante. Siempre ha sido una persona fuerte, presente y compañera. Es una mujer de palabras justas. El camino de la música trae muchas inconstancias. Me fui del norte de Argentina al centro del país, y para lograrlo hubo mucho apoyo y charla familiar.
Las palabras de mi madre son ese lugar a donde siempre he vuelto –responde esta joven intérprete que, en su ya extensa trayectoria profesional, ha compartido el escenario con figuras como su compatriota Víctor Heredia y el madrileño Ismael Serrano. En diciembre de 2010, en su natal Resistencia, la también profesora de canto cumplió un sueño: participó de un concierto en el cual León Gieco fue el artista protagónico de dicho evento.

Se dice que todo artista es un niño asustado, y al subirse al escenario con eso arrincona en una esquina a ciertos monstruos y dragones que datan de tiempos remotísimos. Nuestra entrevistada comparte que fue bastante tímida e introvertida en su infancia, lo cual incluso le causaba no salir al recreo en la escuela, pues ese retraimiento era un obstáculo para convivir, en algunas ocasiones, con el resto de sus compañeros de colegio. ¿Cómo transformó esos rasgos en voz, canto y expresión ante el público?
–No sé de dónde viene esa timidez; pero sí coincido en que, para mí, cantar siempre ha sido una salvación. En la pandemia, mientras no podíamos presentarnos públicamente en ningún recital o concierto, hablaba con una amiga y me di cuenta de que todo me sensibilizaba, todo me daba unas ganas tremendas de llorar.

Esa amiga, en un momento, me dijo: “Necesitas expresarte frente a un público porque el escenario es tu lugar para canalizar las cosas”. En Rosario, ciudad donde vivo, habito en un departamentito chiquito y mi modo de expresión artística puede molestar a los vecinos… Así como el pintor necesita papel y explayarse completamente, también el músico requiere de ese lugar de liberación para cantar. La música es un lugar donde siento que puedo ser libre, pues a través de la voz y la guitarra digo lo que pienso. Es mi forma de decir las cosas.

–Usted tiene influencias del cubano Silvio Rodríguez y del uruguayo Fernando Cabrera, entre tantos otros cantautores; sin embargo, ¿cuáles son sus referencias musicales provenientes de su natal Argentina?
–Vengo del folclor argentino. En mi niñez y en la adolescencia estuvo muy presente la música de Soledad Pastorutti, así como los casetes de Tamara Castro; aunque también escuchaba rock argentino: Charly García, Sui Generis y Pastoral, estas últimas bandas más de la década de los setenta… Eso me marcó mucho por la forma de componer y la musicalidad. Asimismo, la trova rosarina fue un gran descubrimiento para mí… tanto que, sin conocer geográficamente la ciudad de Rosario, elegí tal lugar para vivir.
–A sus 18 años de edad, en 2010, usted migró desde la ciudad de Resistencia hacia Rosario, en Argentina. Permítame que le pregunte por su esencia o estructura como ser humano, tanto desde la infancia como hasta los momentos previos a dicho viaje.
–Hay algo que me identifica mucho: la hipersensibilidad. Hace poco tiempo, en una librería, hallé un título que decía La sensibilidad es la nueva fuerza, y me llevé ese libro porque me sentí muy identificada. Siempre me caracterizó eso, pues la sensibilidad es parte de mi manera de entender la vida, el mundo y la gente.
Al madurar, aprendí a crear cierta fortaleza que me permite plantarme frente a situaciones de la vida, las cuales antes me descolocaban, me inhibían y yo corría en dirección opuesta. Sigo siendo bastante tímida; pero es algo que, poco a poco, voy venciendo porque, de lo contrario, hoy no podría venir de gira, con mi guitarra, a Puebla o Ciudad de México.

–Si uno la escucha en distintos videos que circulan en YouTube, se percibe una marca de agua o sello en su voz: suena muy aguerrida y combativa. ¿Se identifica con ambos conceptos al momento de interpretar canciones?
–Sí, totalmente. Al ser introvertida, en ocasiones no puedo decir ciertas cosas con palabras; pero, es algo que sí puedo hacer a través de la música y de mi voz. Cuando me presento en un recital, me atraviesan muchas realidades: injusticias o luchas sociales que, allí están, a la hora en que elijo mi repertorio musical.
Desde el escenario también se lucha, se denuncia, se combate y, desde ahí, puedo expresarlo todo. A la hora de cantar, es como si yo cobrara una fuerza para denunciar sufrimientos, aunque también se canta al amor. Noto algo: puedo cantar con toda mi fuerza posible; pero, al concluir el tema, vuelvo a mi voz tranquila, con un tono más bajito. Esa fuerza me brota.
Desde niña canté con la misma intensidad; aunque, quizás con el tiempo, aprendí a interpretar ciertas canciones con más ternura y dulzura. Eso ha sido una búsqueda. Lo que tengo claro es que, desde la música y mi voz, siempre he vivido el canto desde algo más cercano a una explosión de emociones.

–Con respecto a la guitarra, ¿busca el virtuosismo en la ejecución de una partitura o pretende dar un golpe contundente en lo emotivo, y que el público se sienta convocado a través de esa fuerza y pasión de sus manos en las cuerdas del instrumento? Quizás, ¿se plantea habitar ambas dimensiones?
–Por suerte, aprendí a tocar la guitarra a mis 8 o 9 años de edad. Ese instrumento se hallaba en mi casa y mi papá me enseñó algunas melodías; con el tiempo, me llevaron a una academia en Resistencia, mi ciudad natal. Al paso de los años, la guitarra se convirtió en una compañera. Agradezco haber aprendido a tocarla desde niña, pues eso te da libertad a la hora de hacer música.

Me interesa mucho el mensaje que daré en una canción, eso lo tengo claro: no me gusta hacer un concierto con letras que no las sienta plenamente. No soy una persona que hable del amor romántico; sí canto al amor, pero en un plano general: amor a la vida, a la tierra, a la familia y los amigos. Trato de estar muy comprometida con eso, incluso desde mi papel de docente en canto, pues cuando llegan alumnos, les digo que la idea es lograr un repertorio personal, con gustos de cada uno; pero, mi mensaje hacia los estudiantes es que tengan un compromiso con esa canción… ¡y que no canten por cantar!
“Esto significa buscar quién escribió dicha letra, quién hizo la música, por qué fue hecha esa canción, por qué el alumno la elige, qué le dice, qué representa para ella o él. A veces, pasa que encuentras una canción y te impresiona cómo alguien escribió eso mismo que tú sientes ahora. Eso es parte de sentirse en comunidad y de saber que no estás solo. Me gusta ir a la profundidad del tema, que siempre exista un significado de lo que cantamos”.

–Usted, al ser cantautora, intérprete y guitarrista, ¿de qué otras expresiones culturales y artísticas se alimenta?
–Intento ir al teatro. Y, sobre todo, me gusta mucho escuchar filosofía. Hoy en día, en Argentina, existe un filósofo llamado Darío Sztajnszrajber: él, en su momento, tuvo una presentación en la cual vinculó filosofía y música: Salir de la Caverna. Es muy interesante. Él filosofaba y Lucrecia Pinto cantaba. Ese material se encuentra en Spotify. Salgo enriquecida de ese tipo de encuentros.
También me inscribo a talleres, por ejemplo: hace tiempo, en Rosario, durante una semana se hacía algo llamado El Encuentro, y venían músicos de todo el país para dar talleres de lutería, canto e instrumentos. Cada noche, el evento concluía con un recital de distintos músicos. Eso habrá sucedido durante 20 años…
“Tras la pandemia, me agarró un temor fuerte a subirme nuevamente a un escenario. Me sentía perdida. Y eso me afectó en la voz: sin motivo médico alguno, me quedaba sin voz tras cantar dos o tres temas. Entonces, se realizó El Encuentro, me inscribí a un taller impartido por Nadia Larcher, música argentina que admiro mucho. Allí, durante tres días, hablamos no sólo de la parte linda de esta profesión, sino también de los miedos que nos habitan: a ella le sucedió lo mismo que a mí al quedarse sin voz, inexplicablemente, y nos platicó cómo salió adelante. En ese taller se me caían las lágrimas de tanta emoción. A partir de todo eso, encuentro inspiración: vuelvo a casa con mucha información y ganas de escribir. Eso lo disfruto mucho”.

–Imaginando que usted pudiera reencontrarse con aquella niña tímida, la cual no salía al recreo a causa de ser introvertida… ¿qué canción le presentaría, misma que usted haya conocido durante sus 33 años de vida?
–¡Qué difícil! Serían dos canciones: la primera es un mensaje muy hermoso sobre la vida, la interpreta Piero y se titula “Soy pan, soy paz, soy más”. En su estribillo dice: “Contame, decime lo que te está pasando ahora. Hay que sacarlo todo afuera para que adentro nazcan cosas nuevas”. Eso me parece un mensaje fundamental de vida.
El segundo tema sería mío. Tengo pocas canciones propias que se escuchen en lo público, se titula “Canto” y dice: “Refugiarse. Cantar para resistir. Para seguir siendo voz”. Se la regalaría a esa Neyen niña, sobre todo para que recuerde esto: cantar es una muy buena manera de sobrevivir y de poder decirlo todo.
–Usted afirma que el canto siempre fue una salvación… ¿de qué la rescata el acto de cantar?
–Me salva de la soledad. La música nos ayuda a resistir y nos acompaña en las luchas. Pensemos en esto: el canto existió hasta en los momentos más difíciles de la humanidad. En la época de la esclavitud, por ejemplo, se sabe que hombres negros, con el ruido de las propias cadenas y de sus cuerpos, trataban de cantar plegarias. Hasta en el momento más terrible de tu vida, te das cuenta de que tienes tu voz y tu cuerpo, tanto para refugiarte como para resistir esta vida que nos ha tocado.
Neyen Morra, en su tema musical ya referido, expresa:
Canto para resistir en este abismo.
Canto reinventando cada verso mío.
Canto para seguir siendo voz
y que mi voz llegue hasta vos…
Y así, la timidez es derrotada en nombre de una niña sin recreo; pero con una guitarra que le espera en casa. “El arte salva”, afirma la artista argentina al final de esta entrevista.
