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Monterrey, Nuevo León, 1 de abril de 2025 (Neotraba)

Zangolotea sus nalgas frente al espejo, le rebotan, y sus enormes pechos se balancean de un lado a otro. Chicle tiene ya treinta y cinco años, dos hijos, es madre soltera, y parece que no han pasado más de quince años a la espera de ver a Los Concorde en su ciudad.

Al encargo de las criaturas, su día de descanso se acomodó con la fecha anunciada de la banda, se alistó, encendió sus audífonos, caminó hasta la avenida, y se dispuso a la espera de la ruta que le acercará al centro de Monterrey.

La cancelación de ruido, con el volumen para reventar el tímpano, le da la sensación de experimentar una explosión sónica desde la ruta 209. Las farolas y las luces neón de la ciudad a su paso producen un efecto de barrido que hipnotiza.

A lo lejos un camión urbano arde en llamas. La ciudad ofrece cada día postales más apocalípticas y terroríficas. El fuego es devastador, el humo se levanta por encima del paso elevado y el caer de la noche le da un toque todavía más siniestro. El esqueleto de una ruta consumida por las llamas en intentos sobrehumanos por amainar el incendio. Se despliegan a lo largo del recorrido ambulancias, camiones de bomberos y patrullas. La ciudad es la verdadera bomba de tiempo.

No recibe pensión, tiene tres trabajos, ha colmado el refrigerador de la canasta básica y uno que otro gustito, ha dejado en orden el pago de los servicios esenciales y otros tantos como el internet, el gym, las cuentas de streaming y el spotify. Ha apartado buena parte de su varo por un par de semanas pa darse el lujo de chelear, cenar y volver a casa en uber.

A su hijo mayor le puso Leonardo, porque de morrita tuvo un crush con Leonardo de Lozanne. No hubo conciertos de sus otros proyectos al que Chicle no fuera. Hotel al que Chicle no cayera a buscar a Leo por una foto, un autógrafo o nomás verlo de lejitos e imaginarse en el reflejo de sus ojos color verde esmeralda. De su habitación adolescente quedaron sobre la pared rastros de papel adherido con pegamento de los posters de Leonardo que se vio obligada a arrancar por exigencia de su exnovio y reemplazarlos por una foto de ellos dos juntos.

De los discos empolvados y roídos se deshizo en una mala racha económica y los tuvo que malbaratar al primer postor. Ya no usa playeritas grabadas con los logos de las bandas ni mucho menos. Aunque ha modificado bastante su alternativa y sensual forma de vestir, usando menos escotes y ocultando sus grotescas piernas largas, decidió salir con una falda muy corta, pegadita, dejando al descubierto sus nalgas y un top que le cubre y aprieta los pechos, luciendo su abdomen y cintura pronunciada.

A la entrada del Café Iguana le revisan el bolso, al mirar el paquete de cigarrillos le indican que sólo puede fumar en la terraza o sobre la banqueta de enfrente del Café. El guardia hace como que le escarba más adentro para poder echar buen taco de ojo a sus pechos bien firmes y voluptuosos. Chicle le sonríe y se abre paso a la noche.

La fila es enorme, más de cien o doscientos asistentes, llega hasta el segundo piso del Café, se han acomodado a lo largo de las escaleras. ¿De dónde salió toda esta generación? Chicle aborrece la espera. Le da igual que entren antes, ella se las ingenia bien para escurrirse hasta el frente. Retorna a la entrada y decide volver más tarde mientras busca uno de esos nuevos bistros sobre Padre Mier con pinta elegante para beber un Gin Tonic.

Al intercambio de miradas con el bartender, el precopeo culmina en un trago por su cuenta y dos por cuenta de la casa. Para las diez y treinta ya se ha acomodado adelante, un poco por debajo del escenario. Le echaron varias jetas quienes esperaron desde el acceso por casi dos horas para que la banda apareciera bajo los reflectores.

Ya con chela en mano, mira como surgen de la oscuridad Jonaz, Leonardo de Lozanne, Poncho Toledo y Mauricio Clavería. Qué tal si nos desvestimos para la ocasión. No usemos ropa hoy. Quitémonos complejos y el pudor. Donde a cada acorde le da por alterar su bien ejecutada conducta de señora respetable, ama de casa y santurrona a la que se ha sometido los últimos años. I say yeah. Love is a bitch and it will come around. Everywhere so be sure. That I will hunt you down. Porque de grupi, inmadura y obsesionada no la bajó el papá de sus hijos. Actúa y vístete como la señora que eres. Esos trapos son de una mujer cualquiera y barata. Esos pinches grupitos no valen madre, ya quítate de esas mamaditas, le decía.

Mientras mira a Leonardo tan de cerca, no puede dejar de sentir algo parecido a la nostalgia, abochornada por su obsesión adolescente con esa figura alta, de seductora voz y mirada estridente que le alborotaba apenas la hormona. No se imaginó a ella misma, con ese cuerpo deslumbrante, alguna vez, escuchando a Los Concorde en vivo. A tan pocos metros, con la misma esencia que por años ha caracterizado su interpretación, con esa soltura tan fresca de cada integrante, o al menos es eso, lo que recuerda de videos de YouTube que adoraba mirar por las noches desde una vieja computadora.

Este proyecto va mucho más allá de ser una banda, se trata de colaboración, de respeto, de la libertad, de la independencia, de la amistad, del cariño. Comparte Leonardo de Lozanne con su público. Es verdad que esa condición tan auténtica que portan les ha permitido trascender y regresar a los escenarios tras una larga y triunfal espera. Todas las canciones de Los Concorde, nuevas y clásicas, poseen bien marcadas referencias de cada uno de sus integrantes. Se percibe esa verdadera libertad a la hora de compartir y crear.

Chicle se aprendió bien los tres recientes sencillos de lo que será el nuevo material discográfico de la banda. Aunque el amor a “Rompecabezas”, “Love Is a Bitch”, “Dramaddict” o “Eso sí dolió” es inconmensurable. Compartir cada una de esas canciones colmó a Chicle de diferentes etapas y experiencias a lo largo de su vida. Tuvo buenas y malas amistades, varios buenos y malos amantes. Las lleva tatuadas más allá de la piel. ¿Qué fue de ti mi corazón? ¿En qué momento vino el viento que todo se llevó? Yo no sé qué pasó. La llama se apagó. ¿Qué fue de ti mi único amor?

“Prueba y error” la sumerge en un viaje al ciberespacio. A la implícita codependencia a la tecnología y su nula capacidad del entendimiento del dolor y el horror de ser humano. Su enajenado baile le hace derramar la cerveza sobre sí misma. Poco le importa empapar su melena y sus pechos. Se aprendió de memoria la letra de camino al concierto. Ante una ciudad que colapsa, se quema, se hunde, y poco promete para la supervivencia. Se pregunta si tal vez dentro de quince años, exista una mínima posibilidad de volver al éxtasis de la noche de hoy, donde por una hora y media, pareciera que ha viajado en el tiempo, y es la adolescente con futuro brillante que se encargará de construir un mejor lugar para sus hijos y próximas generaciones condenadas a la decadencia inminente. ¡Ay corazón! No hables de amor. Si no has vivido una decepción. Y con razón tu abrazo es digital. No es suficiente. Yo soy análogo. El futuro nos alcanzó y esto no es el fin, cachorros del rock.


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