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Puebla, México, 29 de julio de 2025 (Neotraba)

Durante la redacción de la reseña, me enteré de una musicalización del poema en una bellísima ópera de Edward Elgar. Sobra decir que al igual que el libro, la recomiendo ampliamente. Cerrada esta breve nota, entremos de lleno.

Visión de Geroncio de John Henry Newman publicado por la Editorial UPAEP
Visión de Geroncio de John Henry Newman publicado por la Editorial UPAEP

The dream of Gerontius, por su nombre original en inglés, fue obra del obispo, teólogo y escritor inglés, John Henry Newman. Nacido en 1801 en Londres, fue en un principio presbítero de la iglesia anglicana hasta el año de 1845, donde se convirtió al catolicismo y comenzó la etapa de su vida más prolífica –hablando de su obra escrita. Aquí se sitúa el libro del que hablaremos hoy.

Visión de Geroncio, en su primera edición del año 2025, bajo el sello de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, en la traducción de Javier Taboada –quién también es el director editorial. Perteneciente a la colección “Epifanías”. Con la portada más icónica –en mi consideración– de los libros de la colección. La solemnidad del gris oscuro y el espíritu evocador del rojo nos acompañaran en esta ocasión. No puedo sino agradecer a los diseñadores de la edición por tan buen trabajo.

Líbralo, Señor (Fase I)

Antes de confrontar al denso cifrado del contenido, vale la pena analizar la forma en que se nos presenta el poema. Siendo lo primero que notamos; la división de fases a lo largo del libro.

En la relectura previa a la reseña, acompañado con información sobre el autor y habiendo revisado materiales similares, no me sorprende que se haya optado por esta forma de seccionar el contenido del poema. En palabras del propio John Newman, el poema debió haber sido escrito de forma caótica entre enero y febrero de 1865, y aunque todo el poema tiene coherencia y un hilo conductor claro, cada una de las fases atiende a un aspecto diferente de la misma pregunta: ¿Qué es de nosotros al morir?

Así empieza Visión de Geroncio; un hombre yace esperando la muerte, la extrema unción de su alma –o quizá el último umbral de vida– abre su pensamiento a la súplica. “Jesús, María, estoy por irme. / Ustedes me llaman. / Lo sé”. Toda la Fase I será eso, una súplica por piedad, una oración inmensa llena de temor y resignación hacia la muerte, pero también de plena confianza. En ese primer fragmento, la atmósfera ya apunta a un hombre que no pretende negociar su muerte, no desea postergarlo. La presencia de más personas en la sala en que Geroncio muere, hacen parecer que son cómplices de este deseo por volver a Dios. Es curioso pensar que, el aspecto de esta fase es la única visión de lo terrenal, y que eso sea lo que refleja; el abandono humano ante la voluntad de Dios.

Entre líneas, el poema hará uso de fórmulas latinas para la extrema unción. Pero interrumpidas. Por las mismas personas que hacen uso de estos ritos. Quizá se deba a la formación teológica del autor, y al hecho de que hacer uso de una fórmula así en contextos profanos, se considera pecado. Pero prefiero pensar en que estas interrupciones, se deben a una intención de mimesis del ser humano ante la muerte. Que sin importar la solemnidad del rito, debajo hay carne humana que reconoce su mortalidad: Sanctus fortis, Sanctus Deus, / da profundis oro te, / miserere, Judex meus, / parce mihi, Domine. / Firme y cierto profeso: / Dios es trino. Dios es uno”. Ese fragmento me parece, dice mucho del cómo es nuestro sujeto poético; un hombre que se halla entre el rito de la muerte y la confirmación de su vida. El hombre que, ante la fe, se abandona.

Cada intervención de los “Asistentes”, “Geroncio” y el “Sacerdote”, irán cargados de referencias bíblicas. Y lejos de ser un distractor, las menciones pueden tomarse de dos formas; la primera es como parte del contexto, completan la imagen del rito mortuorio que yace sobre el poema; la segunda es mediante una lectura contextualizada. En algún punto, los “Asistentes” evocarán a diversos personajes bíblicos como ejemplo del cómo Dios debe perdonar a Geroncio.

Las menciones, claro, tienen a los grandes patriarcas y profetas de las religiones judeo-cristianas, pero reluce el hecho de que dentro de la súplica, se hace mención de personajes que dentro de su historia, terminaron enemistados con Dios antes de ser absueltos: “[…] A Daniel del cubil de los leones voraces. […] / A David de Goliat, y la rabia de Saúl. […]” o también personajes que vienen directamente del pecado[1], como lo sería un habitante de Sodoma; “[…] A Lot de Sodoma en su día de quema […]”. Por lo que si bien, el rito es delineado por la imagen de santidad que evocan, también es definido por una profunda comprensión del pecado como algo humano.

Hacia el final de la fase, la vuelta de tuerca viene en la voz del sacerdote. “¡Sigue tu camino alma cristiana! […]”. Lo que pudimos pensar al principio como una desesperada llamada de auxilio, se confirma ante nosotros como lo que mencionamos al principio; una resignación a la muerte. Que podemos imaginar, es lo último que escucha Geroncio antes de fallecer. El deseo del sacerdote y de los asistentes porque su alma encuentre el descanso. El abandono total de su cuerpo, ya sin miedo y en plena confianza de Dios.

Dormí. Estoy renovado (Fases II-V)

La experiencia popular dicta que, cerca de la muerte, uno ve una luz blanca, un inmenso túnel. Geroncio sufre una metamorfosis y desde ahora sólo será referido como “Alma”, para dejar en claro que su cuerpo mortal yace en un dominio distinto. Leemos los primeros pasos del alma en una dimensión desconocida pero no carente de razón, al contrario, Geroncio se pregunta por primera vez: “¿Dónde es esto? / ¿Qué es esta ruptura? […] … ¿acaso este atajo final / se forja en la extensión gradual del espacio, / multiplicada por la velocidad / y por mí?”. Hasta ser interrumpido por la figura de su ángel de la guarda. Que se figura ante nosotros como un trabajador al fin de su jornada, uno que entrega lo que se la ha encomendado, y se halla satisfecho con su trabajo.

Aquí vale la pena detenernos. Es indudable que leer Visión de Geroncio tiene el gran obstáculo cognitivo de contar con un referente anterior y global del espacio que describe. La divina comedia tan vieja y masiva como es, mantiene paralelos con este poemario. Y puede resultar estridente las notables diferencias entre el Purgatorio de Dante y el Purgatorio que nos describe Newman. Salvo este detalle, y cuya solución es tan simple como rechazar la conexión temática entre las dos obras, el planteamiento de Newman goza de una inmaterialidad hermosa.

Las fases II, III, IV y V, mostrarán el viaje de Geroncio en el Purgatorio, hacia su juicio final en manos de Dios. La conversación de Geroncio y su ángel guardián sobre qué es lo que ven, qué es lo que hay en este plano, de la naturaleza de Dios, y la naturaleza de su creación.

Es importante atender la forma en que esta conversación se desarrolla; cuando pensamos en un ángel, pensamos en una entidad ajena al ser humano, que no puede tener alguna empatía humana porque aquello no es necesario para cumplir su labor. Aquí el ángel custodio se muestra como una figura comprensiva, dispuesta a explicarle su situación a Geroncio y atender su miedo e inquietud durante su viaje. El ángel se despoja de su lejanía ontológica. Geroncio es acompañado por un amigo.

En la fase IV hay un encuentro fascinante. Un coro de demonios cuya condena es observar a las almas que sí pueden ascender al paraíso. En retrospectiva y alejándome de mí, era esperable que algo así me pareciera interesante. Pero aquí, además de una variación en el formato del poema, los demonios parecen combatir su aflicción con la burla de las almas en tránsito. Y ríen, y cantan. Pero creo, juegan con muchos roles en ese espacio del poema. El de verdugos, pues no dejan de atormentar a las almas en pecado; el de enemigos, pues el ángel custodio los desprecia; el de lazo, pues hacen referencia a la forma en que los pecadores se aseguran un lugar con ellos.

La fase V, es la confirmación de Geroncio por aceptar su juicio. Ahora sin miedo, acepta y espera ser juzgado por Dios. Y si en la fase anterior escuchamos el coro de demonios, ahora encontramos multitudes de ángeles que alaban a Dios. Al canto de “Gloria. Santísimo en lo alto”. Geroncio atraviesa su última metamorfosis; del cuerpo al alma, del alma a la exaltación divina. Y de su éxtasis religioso obtenemos su confesión: “No temo. / Lo digo con todo mi ser. / En sus manos mi dicha o derrumbe…” y la última escalera se revela al alma.

Acabará pronto tu noche de prueba (Fases VI-VII)

El cierre del libro retrata a Geroncio frente al último pasaje antes de ser juzgado por Dios. Y ambas fases son breves porque no hay otra pregunta ni miedo qué resolver. Es Geroncio que plenamente ha aceptado ser objeto de escrutinio, y que desea separarse de todo lo demás. El último aliento terrenal. En que Geroncio escucha a la gente que reza por él en la tierra. Y que ve al Ángel de la Agonía, cuya descripción del ángel custodio es la siguiente; “Enfrente del Trono / se alza inmenso […] / quién lo consoló / a la sombra del huerto, / arrodillado, tinto en sangre. / […] Es el intercesor más poderoso ante Dios / por toda alma atormentada, / los moribundos y los muertos”. La mención de esta figura no me parece azarosa. Confirma el tono en que leemos el resto del libro. Uno empático con el dolor y el miedo humano ante la muerte. Y que sea revelado ante Geroncio el ángel que acompaña a Jesús en su momento de duda –el más humano en mi opinión–, sólo es un soporte del mensaje planteado; el abandono del ser ante la voluntad de Dios, pero desde la sumisión, sino desde la calidad empática del juez que, en vez de castigar, admira su obra.

Lo último que leemos, es el coro de almas –doce voces– que dentro del purgatorio alaban a Dios por permitir su ascenso al paraíso. Y al ángel custodio que le da un último giro a la apertura de la fase II. “Acabará pronto tu noche de prueba […]” lo que nos indica que, aunque Geroncio cree que despertar como alma incorpórea fue el despertar pleno, es sólo otra ilusión mortal de la realidad. Y que incluso la visión que tiene Geroncio es sólo parte de la prueba de Dios antes de ser juzgado.

Pero es que además la línea final remata esta concepción: “De mañana vendré a visitarte”. porque el ángel tiene plena confianza en que, después del juicio, Geroncio despertará verdaderamente en el paraíso. Incluso el ángel, que no tiene la necesidad de abandonarse a ninguna respuesta o revelación como lo ha hecho Geroncio, se abandona en la plena confianza de encontrar a Geroncio en el paraíso.


[1] Hablar del “pecado” en el contexto judeo-cristiano ya es de por sí complicado. Entiéndase “venir del pecado” como “ser testigo o parte de una acción contraria a la ley de Dios”, como lo describe Santo Tomás de Aquino.


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