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Puebla, México, 19 de septiembre de 2025 (Neotraba)

También fui la fosa común de mi materia es el libro más reciente de Alejandro Paniagua Anguiano. Este libro se publica después de una serie de libros de narrativa en donde su autor abordó temáticas de terror, de narco y apariciones. No desconoce la poesía pues entre sus libros se encuentra Tatuajes de un mexicano herido. Les invitamos a echarse 10 taquitos con salsa de tomatillo que cocina su Moncha.

1. Después de varios libros de narrativa regresas a la poesía con También fui la fosa común de mi materia, ¿por qué decidiste realizar un cambio de un género a otro?

Amo la poesía, empecé mi carrera como poeta. Durante años pensé que había perdido las ganas de escribirla. Pero ahí está, ahí sigue, me es inseparable, como mi alma, como la epilepsia, como las ganas de ser feliz y las ganas de morirme. La respuesta acertada es que más bien era poeta, me cambié a la narrativa y, por momentos, regreso al origen.

2. ¿Qué es más difícil, aprender a leer el Tarot o a interpretar un poema?

El Tarot, porque estás especulando, adivinando acerca de la vida presente y futura de un ser humano, porque la respuesta se convertirá en acciones o pensamientos, en obsesiones o desapegos de alguien de carne y hueso. La responsabilidad es muy grande al leer el Tarot.

La maravilla de interpretar un poema es que puedes ser tan cruel, desacertado, errático o demente como quieras.

3. ¿Alguna vez has visto a un fantasma?, ¿cómo fue?

Tengo flotadores en los ojos, residuos de mí mismo que andan volando en el humor vítreo y no dejo nunca de observarlos. Últimamente cuando los veo pasar de reojo, pienso que son fantasmas, de mi madre, de mi abuela, de mi maestro budista, de mi maestro de dramaturgia, de mis anhelos imposibles. Sé que no lo son; pero, al menos por un segundo, estoy seguro de que ahí están esos espectros.

Alejandro Paniagua Anguiano. Foto por cortesía del autor
Alejandro Paniagua Anguiano. Foto por cortesía del autor

4. Si no fueras escritor, ¿a qué te hubiera gustado dedicarte?

Ha sido tan difícil el sendero de la escritura que sigo pensando a qué otra cosa me gustaría dedicarme. La respuesta mamadora es que me hubiera gustado ser rockero o monje budista, un adepto de Hayagriva. Pero la respuesta realista, y que aún podría ocurrir, es que me gustaría dedicarme a restaurar y vender juguetes antiguos.

5. ¿Cuáles son los mejores tacos del lugar donde vives?

Los que sean, pero que lleven la salsa de tomatillo que prepara mi esposa.

Tacos con salsa de tomatillo
Tacos con salsa de tomatillo

6. ¿Te pegaron alguna vez con la chancla cuando eras pequeño?

Un chingo de veces, y con el puño, y con el cinturón, y con un chango de peluche, y con un control de Nintendo, y con un diccionario, y con un control remoto Hitachi, y con una figura del diablo del nacimiento, los golpes eran comunes en mi vida.

7. ¿Cuál ha sido la mejor montaña rusa a la que te has subido?

Medusa Steel Coaster, en Six Flags México. De niño amaba las montañas rusas, un día me subí diecisiete veces seguidas a una. Pero como se agravaron mis problemas mentales y físicos, abandoné la afición por más de veinte años. Hace unos meses retomé el gusto y la primera montaña cabrona que probé fue esa. Es la mejor porque me hizo recuperar aquel amor perdido.

8. Cuéntanos una travesura de tu niñez.

Una vez fuimos a rayar obscenidades en las paredes de mi secundaria, yo dibujé un pito gigante, el tronco abarcaba toda la puerta metálica de la entrada, por supuesto que le pinté sus huevos, pelos y hasta mecos. Me cacharon, pero desde entonces, siempre dibujo ñongas en todos lados.

9. Si te encontraras con un extraterrestre, ¿qué le dirías?

Mi abuela decía que hablaba con un extraterrestre que la visitaba todos los días. Alguna vez incluso la vi platicando frente a la ventana con aquel ser –invisible, por supuesto, para mí. En su funeral, varios de los asistentes observamos ovnis. Así que le preguntaría si sabe algo de mi abuela y si realmente tenían contacto con ella.

10. ¿Qué fue lo último que soñaste?

Este mes he soñado mucho que tengo una espada flamígera con la que corto de todo: mi cama, a mi ex, mi Nintendo Switch 2, mi mano izquierda, mi nuevo libro, a mi madre, a una deidad encadenada y hasta mis ataques epilépticos.


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