¿Te gustó? ¡Comparte!

Monterrey, Nuevo León, 1 de octubre de 2025 (Neotraba)

“No se fracasa si existe un comienzo. Ser transparente te transporta ileso”

“Ileso” – Control Machete

¡Puto el que se quite! Exclaman en tono de burla, enardecidos, desde la zona general, a la afición que se encuentra frente a ellos. A las primeras filas del otro extremo. Aunque divididos por zonas, comparten la embriaguez del alcohol y la adrenalina a tope. Les recorre cada una de sus arterias de forma vertiginosa. Sometidos al mismo estado de histeria y frenesí. Con hambre de sangre y carne rota al ver que, entre la segunda y tercera cuerda, Pagano se prepara para lanzarse. Lleva un bonche de tubos de luz en manos, directo a reventarlos contra Amnesia. Le aguarda ensangrentado y desorientado.

En medio de sillas plegables bastante deterioradas –en acomodo previo como improvisado graderío–, que ahora yacen sobre el terregal y la muchedumbre expectante. De inmediato se abren paso al vuelo violento y estruendoso. Culmina en un ensordecedor alarido, que se desplaza con rabia a kilómetros, colándose por entre los cadáveres de todo tipo de vehículos destartalados, esparcidos a lo largo y ancho del deshuesadero.

¡Mátalo al hijo de la verga, no vale nada ese perro, pinche maricón de mierda!, ¡Échenle cal, ya está muerto!, ¡Cyber el 4×4 por 16 veces pendejo! o ¡Chingas a tu madre Mimoso! son algunos de los exabruptos que braman extasiados. Además del icónico grito de guerra: ¡Lucha extrema!

En las caras de la afición se dibujan la fascinación y el miedo. Sangre, sudor y asombro se entrelazan en cada mirada. Ojos desorbitados, respiraciones entrecortadas y la incredulidad grabada en los rostros que atestiguan cada encontronazo.

La jugada puerca: “El Puerco” o… ¿Puerca?

¡Que Dios o el diablo nos socorra!, te dijiste al salir con un retraso de hora y media, en un autobús barato, el viernes casi a medianoche, de Monterrey rumbo a la Ciudad de México. Habían anunciado el evento apenas unas semanas previas a la fecha programada. Tienes que ir. Te convenciste de ello.

Disfrazados de impulso e intuición, más bien fueron tus demonios, tus sombras, que no consiguen apaciguarse tan fácil, los que te movieron. De lo contrario se enquistan, silenciosos y peligrosos, dentro de ti. Pensaste que, algún día, cuando alguien te pregunte: ¿Cómo comenzaste a escribir ficciones de lucha extrema?, responderías dos cosas. La primera: por un instinto desconocido y salvaje que irrumpió, cuando al borde del cuadrilátero, tomabas fotos en cuclillas durante una función ya para finalizar la lucha estelar. La sangre de uno de los luchadores te salpicó tan de cerca, aún tibia, que manchó tu rostro. Con ese aroma característico, ferroso y penetrante, unido al fulgor de su color escarlata. Te provocó una súbita hipersalivación ante el estímulo olfativo y visual. Y la segunda: por las puertas cerradas y las gatadas por lo bajo.

Fue un putazo directo, luego de que apenas unos días antes de emprender el viaje, un personaje, seguramente ficticio, te escribió a WhatsApp para proponerte trabajo y una salida para terminar cogiendo. Sus palabras exactas fueron: ¿Eres la chavita de las fotos de luchas? Soy fulanito de tal. Te escribo por dos cosas, soy directo: la primera es porque vi tus fotos y son muy buenas, me gustaría saber cuánto me cobras por viajar a Saltillo, Durango, Zacatecas y San Luis Potosí a unos eventos de lucha que haremos a inicios de 2026 y la segunda es porque te vi a ti y, con todo respeto, estás mejor que en tus fotos. Estaré en Monterrey el fin de semana y quiero invitarte a salir, con toda la intención de acabar cogiendo.

Le seguiste el cuento con la chamba, nunca trabajarías con un personaje tan cínico y puerco, mucho menos ante una propuesta violenta y riesgosa. Querías calar si soltaba prenda. Eso de que te subestimen te provoca placer. No hay nada mejor, cuando alguien no te conoce, que te tomen por ignorante y para colmo pendeja. Le dejaste claro que no te interesaba la propuesta absurda de coger, pero quizá podían llegar a un acuerdo en cuanto a los honorarios y viáticos. Insistió: Lo de coger es totalmente fuera del tema laboral. Es porque me gustaste y se me antojó. Queda totalmente claro: el querer tener relaciones sexuales contigo es ajeno a la propuesta laboral. Le diste avión, le pediste la información de los supuestos eventos y preguntaste quién le había rolado tu número. Una conocida de las luchas, te respondió. Te encabronaste. ¿Qué chingaderas son esas?, vociferaste.

Ante la repulsión que te da imaginar en que alguien se tomó el tiempo de conseguir un chip foráneo, encontrar una fotografía de perfil falsa o seguramente generada por IA, con un celular que mantiene apagado durante días para luego volver a contactarte una semana después, decidiste mantener la calma. Hasta para eso son patéticos y predecibles. Así son los tontos. Te hicieron el favor de indagar, entre promotores, al supuesto hombre de negocios, y nadie sabe de él. Volvió a escribir tal como lo imaginaste. Me alegra que hayas escrito. Estás equivocado si piensas que soy una persona ingenua. Subestimarme fue tu error. No voy a tolerar propuestas que mezclan trabajo con coerción o insinuaciones sexuales. Lo que haces es enfermizo y trastornado. No seguiré indagando más de ti, tus motivos, intenciones o quién está detrás de esto. Te sugiero que, en adelante, si decides joder a alguien, procures que comparta el mismo nivel que tú: bajo y deleznable. Seas hombre, mujer o puerco. Enfócate en trabajar, no todos somos como tú. Le escribiste y luego lo bloqueaste. Te creyeron tan desesperada por figurar que se les hizo fácil. Sin saber que se toparon con el pinche diablo. Yo no tengo prisa y eso me convierte en un peligro, te dijiste. Arma blanca y afilada. No vas a soltar lo que te apasiona por una acalambradita barata de esas. ¡Aguántese!

Te provocó la náusea, sí. También te tambaleaste. Elige tus batallas, te dijo un bato, no te dejes llevar por el orgullo de hembra embravecida. Y como casi todo consejo, solicitado o no, lo echaste al saco roto. Ya estabas más pa allá que pa acá.

La confirmación de tus infames desgracias apareció. Un aroma repugnante te llegó hondo y te diste cuenta de que el pantalón se te había llenado de mierda de perro, que alguien más había dejado en el taxi que tomaste rumbo a la central. No te quedó de otra que inaugurar el baño del autobús con vómito y lágrimas, volver a tu asiento y llorar en silencio. No sé si todo esto valdrá la pena, pensaste. Buscaste entre tus cosas, rociaste media botella con tu Fraiche de imitación Tom Ford alrededor, empastillada, caíste rendida.

Menú a tres tiempos | Entrada: “Atáscate que hay lodo”

“Hay hombres que una vez que conocen la derrota, saben que no hay motivo alguno para retroceder, sea cual sea la circunstancia”

Adrián Román

Yo pensé que ya no ibas a llegar, te dice Abel, sentado a la orilla de un trascabo desvencijado con chela en mano, mientras supervisa y le chinga en el montaje previo al evento.

Tuvimos contratiempos, le respondiste. No te daba la gana de ahondar en tragedias. Además, no querías arruinar esa calidez, esa impresión que tuviste de conocerlo desde siempre. Dejaste a un lado la odisea del tráfico, el estómago vacío, las piernas hinchadas, y lo pinche complicado que es comprar una tarjeta para el tren suburbano del Edomex una tarde en pleno sábado. Como si fuera poco, avanza lento, sin aire acondicionado, y nos hace desprender las notas aromáticas más profundas de nuestra humanidad.

Entre maleza, aceite de motor impregnado por doquier, llantas inservibles, basura y escombro –que crujen a tu paso–, una grúa retira sin esfuerzo lo que queda de una estrellada cabina de tráiler color azul intenso. Acariciada por los últimos rayos de luz de la tarde, resplandece y te encandila. El metal retorcido rechina, deja escapar destellos de óxido, levanta el polvo y el agua encharcada. Se desprende un olor punzante a combustible y metal. Abre paso a lo que mañana será la antesala de la agonía anunciada. Un terreno de dolor.

Además de ser el promotor de Zona 23, la promotora más extrema de todo México y el mundo, –como él mismo la define con orgullo, en sus propias palabras– Abel Guerrero tiene un taller de hojalatería en el municipio de Tultitlán. Abre otra lata de cerveza y se dispone a charlar frente a la cámara. De fondo, más tráileres en ruinas, contenedores rebosantes de botellas de aceite vacías, y a lo lejos, casitas amontonadas y ensimismadas en lo alto, contrastan con la atmósfera desesperanzadora de carrocerías aplastadas y cabinas retorcidas, que delatan accidentes violentos. Esqueletos metálicos. Vestigios de caminos truncados por la desgracia.

Zona 23 surge de la inconformidad como aficionado, por la voracidad, al no satisfacer en ningún otro lugar su pasión por la lucha extrema. Innovar y crear algo diferente. Pasar de ser una porra a una promotora extrema. Todo desde un deshuesadero, en las entrañas del municipio de Tultitlán. El camino ha sido difícil pero grato, te cuenta. Igual, por estar a cargo, ya no disfruto las funciones como antes, pero yo quería hacerlo así, en un deshuesadero, con amigos. Empezamos en una arena, pero buscaba algo diferente, algo que nadie pudiera hacer. Fuimos de los primeros en meter artefactos como el cofre o el parabrisas de un carro, y ahora me da gusto ver que algunas, o casi todas, las promotoras de lucha extrema ya adoptan las innovaciones que nosotros, en su momento, hace como doce años, hicimos.

Toma un trago hondo de su cerveza. Hemos logrado que muchos aficionados que no eran acordes a nuestro estilo ahora lo sean. Les hicimos ver que todos los luchadores de la lucha extrema vienen de la lucha libre, muy completos, a mi ver –te dice. Así como aportar algo a la cultura de la lucha mexicana, es que somos unos guerreros, guerreros mexicanos, capaces de hacer este tipo de combates. Me gusta que digan que somos marginales porque me gusta contestarles. Nuestros precios no son populares y viene la gente que menos piensas. Damos un espectáculo para todo tipo de gente o estatus social. Somos más completos que la lucha libre. Y tienen razón cuando dicen que no es lucha libre, es lucha extrema, más completa y más universal. No sé si me van a crucificar por lo que voy a decir, pero la lucha extrema no es circo, maroma y teatro como se ha considerado la lucha libre. Me atreví a hacer lucha extrema porque a mi padre no le gustaba la lucha libre. Me decía que en la lucha libre nunca se pegaban, que mejor viera otros deportes como el box. Pero yo fui de las personas que dijo: voy a hacer algo diferente para que vean que aquí sí se pegan. Aquí es un combate, aquí sí es lucha, y eso se lo puedo probar a cualquier persona de cualquier parte del mundo. Todos los que conozcan Zona 23 van a ver que es un tipo de lucha diferente, que somos mexicanos y que podemos tener un estilo único. Yo siempre he dicho que nosotros no somos lucha extrema: somos Zona 23.

El homenaje a Pagano es darle reconocimiento a una persona que conocí en sus inicios. Lo conocí en su primera visita de Ciudad Juárez al municipio de Tlalnepantla, del cual soy oriundo. Hubo una conexión, me gustó la forma en que se desempeñó y la manera en que veía la lucha extrema. Fuimos una porra que lo apoyó cada vez que venía, y mira lo que son las cosas: al día de hoy es el luchador extremo mexicano que llegó a la empresa más importante de todo el mundo, y Zona 23 –que era una porra– ahora es la promotora más importante de lucha extrema en México. Fue la inspiración para seguir yendo a la lucha extrema. Siempre ha sido, desde que lo conocí, una persona directa y sencilla. Eso me motivó para seguir en este ámbito y, mira, nos encontramos ambos en la cúspide de cada uno en su ramo: él como luchador y nosotros como promotora. Es una forma de decirle al mundo que sí lo logras. Trabajando con honestidad y con humildad puedes llegar a cumplir tus sueños.

¿Qué hay de mañana? le preguntas. Para mañana recomiendo, primero que nada, que se vayan a checar con un cardiólogo. Lo que van a vivir mañana y siempre lo he prometido: el día que yo vea que la gente salga a disgusto, que no fue una función extrema, ese día dejo de hacer funciones. Porque yo siempre he dicho que las mejores funciones de lucha extrema son en Zona 23. El día que ellos vean que no fue realmente así, ese día dejo de hacer funciones.

Termina la cerveza y sonríe. La identidad de Zona 23 siempre nos hace dar sorpresas. Para el cartel me baso en lo que yo fui, un aficionado, miro lo que le gusta a la gente. Todos los que tengo son grandes, todos los que ves en el cartel están en Zona 23 por algo, y no cualquiera llega aquí.

¿Piensas en la sangre derramada y que, aunque con previa y extenuante planeación, podrían surgir accidentes de todo tipo, tanto de luchadores como de la afición, quienes viven tan de cerca el espectáculo?

Quiero que esto lo manejes en letras mayúsculas: SOMOS LA ÚNICA PROMOTORA EN MÉXICO Y TAL VEZ EN EL MUNDO QUE TIENE EL MAYOR EQUIPO DE PARAMÉDICOS: MÁS DE 15 PARAMÉDICOS POR FUNCIÓN, AMBULANCIA, DOS DOCTORES EN CADA FUNCIÓN.

¿Y la gente que dice que no es apto para niños? Hay más violencia en la televisión o en los videojuegos que lo que ven en Zona 23 y todo lo nuestro está trabajado para que lo disfruten. La violencia está arriba del ring, no abajo del ring –dice.

Define en una frase la lucha extrema, le solicitas. Zona 23. Responde sin titubeos.

Menú a tres tiempos | Plato fuerte: “Vísceras”

De repente un matracazo. Se le deschavetó la matraca a un bato a dos asientos a tu derecha y te dio un buen golpe. No la armas de pedo. Quieres conservar intactas tus pocas energías. Ha sido un camino tedioso desde que llegaste. La fila para ingresar era bastante larga. Te arden los ojos de la desvelada en conjunto con la contaminación y el exceso de polvo. Vas retratando los rostros de la afición que se ha tomado el tiempo de maquillarse. Las porras, los niños, los vendedores de pósters y merch. Sigue y sigue llegando gente, la fila se extiende.

Al ingresar todavía hay quien va a taquilla por su boleto general. Te preparaste con tiempo y compraste el boleto en primera fila. Lo aseguraste antes de siquiera saber si podrías ir. Y sobre todo tener con quién ir. Al final caíste con tu compa Vinnie, terminaste intercambiando los asientos de primera fila para estar más cerca de la esquina, que sirve como pasarela y entrada de los luchadores. El espacio es reducido e incómodo. Lo más cercano a tener acceso para hacer fotos. Entre la zona general se acomodan encima de grúas, coches, camiones o montacargas, dentro y fuera de las cabinas de los tráileres. Con cerveza y botana en mano. Traen todo tipo de artefactos para lanzar al cuadrilátero listos para usarse. No te sorprende que la cerveza se venda en botella de vidrio, muy a tono con la ocasión. Desde una patineta con un alambre de púas alrededor, ralladores metálicos, guitarras de juguete, eléctricas y de madera, hasta un elote con palos encajados debidamente afilados en cada punta.

Desde el primer encuentro, Zigma se enfrentó a Skullface en una lucha que ya presagiaba la intensidad de la noche. Se incrementó la tensión con la irrupción inesperada de León Rojo Jr. quien no había sido anunciado en el cartel. Tres morros extremos que dieron inicio al gran homenaje de forma magistral. A lo que iban. Directo y sin escalas. Skullface apenas se regodeaba en su aparición triunfal, con el fervor del público, en el brindis etílico, cuando Zigma voló con arrebato desde el cuadrilátero hasta él sin advertencia. Soltó golpes recios a la cara y reventó varias latas de cerveza en su cabeza. La locura se apoderó del lugar, entre la afición, lejos del cuadrilátero. Desde las alturas de un montacargas, a lo lejos, Skullface se lanzó sobre una auténtica trampa mortal. Una cama de cuatro sillas y el cofre de un auto donde Zigma y León Rojo Jr., derribados y adoloridos, son atravesados de lado a lado, por lámparas de neón sobre sus torsos, dispuestos a recibir el brutal impacto aéreo que, con fuerza incisiva, terminará por desgarrar sus cuerpos lacerados. Un estruendo seco y potente estalló en el recinto, arrancando un silencio absoluto, de un momento a otro, se vio interrumpido, ante el torrente de gritos desbordados de la afición.

El ritual continuó con Valak, Brole y Tláloc frente a Periko, León Rojo y Super Porro; luego, Los Porros NG midieron fuerzas con Centurión, Jitsu y Fly Star en donde los ánimos se encendieron y una mujer del público intervino con determinación ante la desventaja por el montón de luchadores que arremetió contra su pareja. Una escena que se viralizó con inmediatez creando todo tipo de controversias en redes sociales y páginas de aficionados. Desató un torbellino de debates y polémicas. Acá no hay reglas y se percibe en la atmósfera. No apto para todo público, mucho menos para quienes critican la lucha extrema, sin antes desmenuzar su esencia desde la entraña.

La violencia y acidez del espectáculo escaló con El Macuarro y La Brava Rebel frente a Tesorito y Licenciado Cantinas. Con una porra bastante estrafalaria y el cariño del público. Apareció Macuarro entre una afición leal que grita su nombre con devoción ¡Macuarro! ¡Macuarro! ¡Macuarro! lleva su respectivo gorrito de albañil, una playera tuneada del Cruz Azul con su nombre impreso en letras grandes, su mochila con martillos y cucharas, con dos jovencitas detrás suyo que sostienen una lona con la leyenda “Macuarro Hardcore”. ¡Pinche viejo guango! le gritan al Licenciado Cantinas TX8 mientras hace su aparición con la canción más rancia para la ocasión: “Perfume de Gardenias”. La melodía de La Sonora Santanera, con esas trompetas dulzonas y el ritmo romántico y melancólico, suena completamente fuera de lugar en medio del exceso y la hostilidad de la lucha extrema. Cada nota parece flotar ridículamente sobre el caos de los golpes, las caídas y los objetos que vuelan por el cuadrilátero. Como si el viejo TX8 estuviera paseando por un salón de baile en lugar de adentrarse en un espectáculo, donde la sangre y el desenfreno, son los protagonistas. La combinación resulta absurda, casi cómica. Un himno al romance del pasado convirtiéndose en banda sonora de la destrucción del presente. Porta un traje de vestir raído, corbata al cuello, sin camisa debajo y una botella de Tonayán en mano a la que le da un buche entre cada insulto. ¡Yo por un Tonayán sí me doy en la madre! grita el TX8 y prosiguen a darse en la madre, mientras el Macuarro le clava la punta afilada de su cuchara de albañil en la frente. Más tarde, Paymon y Leviathan retaron a Mr. Cóndor y El Gallego. Osiris se batió contra Venganza, alborotando aún más al gentío.

Todo palidece frente a la lucha estelar. La espera llega a su punto máximo. Entre el cansancio, los golpes y la emoción acumulada. Una multitud que ha permanecido por horas al calor de cada combate, por el enfrentamiento prometido. La rola “Gotta Go” de Agnostic Front irrumpe: From the East Coast to the West Coast. Gotta, gotta, gotta go, y la energía se dispara. Entre las masas se abren paso Pagano y Sick Boy, acompañados de un jovencito personificado como pachuco, de traje y sombrero rojo, con la cara pintada como su ídolo de la lucha extrema. Base blanca, nariz roja, ojos contorneados de negro, con una sonrisa de dientes afilados, casi demoníaca. Pagano y Sick Boy llevan trajes blancos tipo hazmat, que algunos fans pudieron firmar con marcadores, en donde grabaron líneas de cariño para Pagano. Avanzan entre las gradas, patean sillas, las levantan y las arrojan, dejan un rastro de caos a su paso, mientras los fans gritan, aplauden y empujan al límite del salvajismo. Pagano y Sick Boy toman el centro del cuadrilátero ante Amnesia y Cyber 4×4, listos para desatar la furia que definirá la noche. La agonía está por comenzar, y nadie puede escapar de la brutalidad que sólo Pagano es capaz de imponer ante su público y cada adversario.

La multitud se agolpa al ras del cuadrilátero. El careo previo, los insultos y las mentadas de madre generan una agitación que reverbera entre los presentes. ¡Mátalo, Pagano, mátalo! gritan. Comienzan los vuelos, los lamparazos, los cristales salen disparados. ¡Cámara pinche Pagano, aquí no estamos en WWE, aquí en Zona 23 también habemos cabrones como tú, perro!, le escupe Amnesia a la cara mientras lo castiga. Un tenedor que emerge desde la bota de Pagano y levanta con cólera entre sus dedos ensangrentados para hundir sobre la frente de su rival. Amnesia toma a Sick Boy por el cuello y lo arrastra hacia el otro extremo, donde los tráileres en ruinas imploran por aniquilación y sangre sin límites. Cyber y Pagano se trepan sobre otro cadáver de metal. La afición se abre paso entre empujones, graban con sus celulares cada castigo con una cercanía casi intolerable, testigos directos de la ferocidad de cada golpe. ¡Esto es lucha! ¡Lucha extrema! o ¡Zona 23! fungen como estandarte de una porra que al ver tendido sobre la lona a Pagano comienzan a clamar su nombre ¡Pagano! ¡Pagano! ¡Pagano! que al ponerse de pie se consagra como ganador tras someter a Amnesia a un implacable Emerald Flowsion.

¡Y sin Zona 23 no hay fiesta! Grita al micrófono y se despide ante el público, su público. Recibe un reconocimiento en nombre de su porra, de la afición de Zona 23, de las manos de Abel, orgulloso y entusiasmado tras la gran noche.

Y se los digo así, si me mandan a chingar mi madre por venir a hacer mis pendejadas, ustedes me van a recibir, remata Pagano.

Menú a tres tiempos | Y de postre…

No hay rival pequeño. En la vida no existen problemas pequeños, todos los problemas son grandes en su momento y tienes que enfrentarlos. Nadie te enseñó cómo hacerlo, en ese instante debes hacerte fuerte y valiente, porque es el momento, y si no lo haces, nadie lo hará por ti. No hay enemigo pequeño.

Emilio Carrasco A.K.A. El Macuarro, el artesano de la lucha extrema.

Pagano. Foto por Clars
Pagano. Foto por Clars

¿Te gustó? ¡Comparte!