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Monclova, Coahuila, 19 de junio de 2025 (Neotraba)

Una hechicera adentro del incendio
Una mujer de entreverados cabellos y mirada densa. Se quedó a espantar el fuego que corroe el bosque de la montaña. Ese fuego que ha desplazado a comunidades. Sólo ella se atreve. Permanece. Es una bruja, una hechicera o eso dicen en el pueblo, y no de las buenas. Hace hechizos negros.
Allí está en batalla, contra el fuego, echando cuando puede agua, regando, manteniendo hidratado su territorio; todo para que no llegue a su casa. Y el fuego con sus lenguas rodeándola. El fuego debajo, intentando entrar, porque es una fuerza tan natural que es sobrenatural y busca las hebras, las lenguas de los sotoles, las raíces largas de otros pinos que ardieron ya, para avanzar con el ardor todavía recorriendo la tierra oculta.
Pero ella conoce quizá la manera en la que opera el fuego, o quizá porque mirando a los ojos del fuego mismo comprende cosas que para nosotros están vedadas y las suma a su fuerza. Ella no se espanta. O no lo dice. Humo negro entrando a sus pulmones. Allí está hasta que todo amaina. Permanece. Pasan los días y la gente regresa a sus casas, los pobladores vuelven.
Y saben que ella nunca se fue. Ahora ¿le tendrán más temor? ¿Pensarán que tiene más elementos para blandir hechizos como espadas en contra de cualquiera que intente hacerle daño?
Lo seguro es que es una mujer más de cuidado. Importante dirigirse a ella en el lenguaje que le agrade. No vaya a ser. Una palabra mal puesta. Un gesto equivocado, que la haga sentir herida o lastimada. No vaya a ser.
¿Qué es ser una hechicera? ¿Qué es ser una bruja? ¿Conocer las hierbas y sus usos? ¿Usar la energía que hay en el ambiente y tomarla mientras se dicen palabras y saber el peso real de esas palabras? ¿Plantarse frente a elementos naturales como el fuego y resistir? ¿O ser, como se dice en el pueblo, una mujer a la que no hay que hacer enojar? No, no vaya a ser que les haga un embrujo, que ahora se le ocurra jugar con geometrías mientras tira algunos huesos en la tierra quemada.
¡Ahora que está todo el suelo negro luego del incendio, irá de acuerdo con la magia negra que dicen, solicita o practica? El bosque negro la resguarda. Allá se ve una luz. Allá en su casa. Amorosas, las flores amarillas crecen en su territorio, indiferentes a lo que llamamos bien o mal.
¿Los pinos quemados se habrán vuelto sus vigías? O no, ¿será que el fuego entró a su corazón y quemó también todo? ¿Ya no tendrá mal talante? ¿Transmutaría? ¿No ocurrirá que será una mujer distinta? Porque el fuego trae mensajes. ¿Qué leyó en el fuego mientras resistía para no irse de su casa? ¿Cuánto perdió y cuánto ganó con el incendio?
La palabra fuego proviene del latín focus, que designa a un lugar en donde la lumbre permite cocinar los alimentos, iluminar y calentar el hogar. Aquí estoy en el bosque, con el aliento de un nuevo incendio que ayer avanzaba con su denso manto gris azulado por los cañones. Aquí, con el fuego en la estufa, escribiendo todo esto. A pocos metros de la casa de la mujer.
Sobre la belleza

1

Óxidos. Ángulos ascendentes. La piel es la que oculta. Algo de la luz del interior emerge a través del gesto que le muestra vivo.

2

Imperio de la nariz. Fuste embebido. Desde allí aspira y vive. ¿Acaso llevar un ramo de violetas?

3

La sonrisa es el velo [más oculta]. Allí el pliegue de la boca. Mundo adentro, pálidos abalorios se suman a un líquido paraíso.

4

Frutos interiores. Caldos. Ligamentos que asisten movimientos. Algo de sueño entre las terminales nerviosas. Músculos que sostienen el rostro.

5

Pende Helios con tal fuerza en el cielo. Escultura de intenciones [Habría. Acudiera. Si acaso].

6

Abre los ojos a un mundo donde los signos tienen por costumbre la alegría. Luego duerme [inconnu]. Mientras, los signos deambulan entre libros y sangre vegetal. Esperan por él.

7

Desmenuzar los movimientos. Ángulos de elevación de la quijada si la mirada áurea inquiere. Inclinación del rostro en el agotamiento. [Tomar notas]. Se han estimado los hábitos de esa ánima.

8

Él avanza. A su paso se repliega el fuego.
La mascarilla y las pinzas

1

Las pinzas habían sacado algo de sangre. Perlas rojas caían en el lavabo frente al espejo. No lograba desprender la mascarilla de protección; por más intentos que hiciera de destejer hilos y bordes con cuidado primero, con angustia después. Inicialmente la mascarilla se había adherido a la carne de una forma segura que le permitía respirar, luego, como una capa avanzaba entre los pómulos y la frente con sus tejidos dorados. Sí, el hermoso bordado de flores que eligiera para decorar la mascarilla se extendía por su rostro afianzando sus tejidos por nariz, boca y pómulos.

2

Una yema encendida asoma por la montaña y se desborda. Es la Luna que deja caer su lava fría sobre el bosque con gotas de una lluvia luminosa. Se extienden sus dominios suaves. Las hierbas y las raíces beben de su luz. Así inicia su imperio, de noche. El bosque, los desiertos, el manglar, las dunas o las copas más altas de le selva la reciben por igual. Ella se ha negado a ser el territorio que fraccionen para dividir su cuerpo, así que prefiere caer sobre las entidades vivas de la Tierra. A quienes mirábamos asombrados, nos dejó caer puntuales colirios en las pupilas. Y el mundo es de sedante hermosura incluso hoy, que la luz del Sol llega con ferocidad. Algunos han comenzado a darse cuenta que, al mirar al cielo, no hay más Luna.

3

El árbol daba esferas verdes que amarilleaban. Crecieron más de lo habitual, así que doblan las ramas. Por las noches se puede escuchar una queja en forma de crujidos suaves que aumenta con el viento. Falta poco para que el color amarillo cubra las esferas que crecen. Al tacto son pesadas. Anoche sus dedos pudieron sentir otro estremecimiento, ese que las ayuda a crecer.

4

Recordaba cómo su padre se lavaba el torso y la cabeza contra el lavabo, sentado en la silla de ruedas, en aquellos días de metálico verano. Ella le ayudaba con la jícara de agua. No sabe por qué esa imagen ha vuelto ahora. Regresa con el sonido del agua y con esa voz que le indicaba por dónde dejar caer más. Transcurrido más de un año de su partida, la camisa limpia que le perteneciera a él desprende su aroma. ¿Por qué hoy es más intenso?


Claudia Luna Fuentes (Monclova, Coahuila. 1969). Es miembro del Sistema Nacional de Creadores. Ha sido becaria del FONCA como joven creadora y del FECA como creadora con trayectoria. Fue la invitada de honor del Festival Internacional Tánger 2013 en Marruecos, en donde se leyó su poesía traducida al árabe y a la Universidad de Varsovia. Parte de su trabajo ha sido traducido al polaco, inglés, alemán, portugués y francés. Es doctora en Ciencias y Humanidades para el Desarrollo Interdisciplinario. Libros: Casa de sol; Ruido de hormigas; Carne para las flores, antología personal; Donde la piel, entre otros.


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