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Huejotzingo, Puebla, México, 10 de marzo de 2026 (Neotraba)

Tiempo de lectura: 5 minutos

LA CIUDAD ES UN REVÓLVER
Todas las mañanas
las calles se llenan de idiotas
que te saludan cortésmente
con su mal aliento.

Tú, como siempre,
vas tarde y sin desayunar.
La costumbre hace lo suyo
y te remolca
con su inevitable furia
hasta la oficina.

Son más de ocho horas
sin oponer resistencia.
Enquistar el culo en una silla
frente a una pantalla atascada de números
y respondiendo llamadas de gente
que nunca conocerás en persona.

La ciudad es un revolver apuntando al azar.

Qué hacer cuando ya no sirve de nada
tu voz y tampoco buscas el silencio.
Cuando sabes que la tempestad
ya no se origina en tu esqueleto.

Y ya ni te destruyes ni deseas escapar.
Ni te importa, ni les importas.
Ni pides, ni das.
Ni sirves, ni estorbas.

Cuando tu nombre es una palabra vacía
que sólo usarán para identificar
tu lápida en un cementerio.

Qué hacer si apenas son las dos de la tarde,
y al día le quedan demasiadas horas,
y a la vida demasiada ausencia,
y a ti seguir porque la gente te observa
y ya tienes bastante con tu propia mierda.

Qué harás cuando el reloj no te perdone
que no te hayas ido a tiempo
y sigas aquí, jugando a la vida sin miedo,
a la sonrisa que no sientes,
a la soledad por no entrar
en la superficialidad del momento.

Cuando tu declaración de guerra haya caducado.

Porque también quisiste hacerlo distinto
y terminaste siendo uno más
que les contará a sus hijos cómo lo intentamos,
pero teníamos hambre
y no nacimos con un buen apellido.

Y que conociste a otros
que sólo tuvieron niños
para seguir levantándose
cada mañana
sin pegarse un tiro.

No hay ciudad que no esté fundada
sobre cadáveres.

Habitadas por larvas repugnantes
que avanzan y lo devoran todo
con la ilusoria pero firme certeza
de una estúpida sensación de superioridad.

Personas que piensan que sus anhelos
justifican cualquier patética existencia,
pero ignoran que su vida sólo significa
la muerte de alguien más.

Aquí no hay espacio
para un idiota cuya angustia
no encaja con la vanidad del progreso.
Pídele perdón a la historia
y lleva tu cuerpo con el resto,
pero sin llorar, no vaya a ser
que los demás también se depriman
y se vayan al demonio
y nos tengamos que quedar horas extra
por falta de personal.

Nadie te quiere feliz, sólo productivo.

Porque ser feliz es fácil,
cualquiera puede serlo;
lo jodido es estar consciente
de toda esta mierda que nos rodea,
y a pesar de ello, seguir sonriendo.
VIVA LA GENTE COMÚN Y VIVAN LOS LUGARES COMUNES
Un poema que dure un día
para sostenerme de algo
que inicie con mi propia voz mental
y resistir el agobio con mínima cordura.

Un poema que llueva,
que me inunde y sea catástrofe,
pero que por fuera no duela
y al finalizar termine oliendo a mar.

Un poema que hable de la derrota,
de la mía,
de la ciudad con su rutina.

Un poema que diga:
viva la gente común
y vivan los lugares comunes.
Para darles un lugar entre el olvido
a los que doblegaron su vida en trabajos miserables.
No todos podemos zafar de la agonía de la época.

Un poema donde quepan
todas las personas ordinarias
que sostienen al mundo.

Un poema para poder mirarnos
directo a los ojos
y no sólo, como en el metro,
por el reflejo de las ventanillas.

Un poema que hable de todos
los que buscamos asilo en la memoria,
de todos los que fueron alcanzados
por una bala perdida del sistema.

Un poema para tener un sitio donde regresar.

Un poema que sea mejor
que sentirse nada.
EL RUIDO INÚTIL DE LOS DÍAS

No es fácil arañar la piel de cielo,

no es fácil desafiar a los infiernos,

ponerle una sonrisa al gesto duro de los

días y empaparse la corriente de la vida.

-Rafael Mendoza

El ruido inútil de los días.
Los horarios.
Las rutinas.
Las notas rojas de los periódicos.
El miedo.
La derecha.
La violencia.
Las distancias.
La extinción.
Un recuerdo en Facebook
de tu primer amor.
La soledad.
La apatía.
El sistema.
La maquinaria del mundo.

La realidad, en suma
nos declaró la guerra.

Y le respondimos con sexo,
besos
que iniciaron en otros cuerpos,
lentas despedidas
que nos formaron
hasta reconocernos.

Porque después de tanta ruina,
tú y yo bailamos
bajo la tormenta.

No es fácil arañar la piel del cielo
cuando nos forjaron en este infierno,
pero supimos ponerle una sonrisa
al gesto duro de los días,
empaparnos en la corriente de la vida.

Con dos tragos y un blues como trinchera,
éramos revolución y no lo sabía.

Dice Silvio que la cobardía
es asunto de los hombres,
no de los amantes.

Y en eso radica esta insurgencia:

Lo nuestro no era amor,
era resistencia.

Marco Pérez. Huejotzingo, Puebla. 1988. Publicó los libros de poemas La Fortuna de las Moscas (2021), y El Ruido Inútil de los Días (2023) en la editorial independiente El viaje y el camino. Poemas suyos también han sido publicados en Sputnik Fanzine, Cósmica Fanzine, Periódico Poético, Aleteo Poético, entre otros.


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